Mercado Laboral underground en Cuba ¿cuánto se paga por un empleo? 

Origen: Pagar por trabajar: ¿cuánto cuesta un empleo en Cuba? CubanetCubanet

LA HABANA, Cuba.- Armando, un joven de 30 años, está buscando trabajo en el sector estatal pero apenas ha logrado reunir la cantidad necesaria para obtener la plaza que busca. Ha ido a ver a un prestamista y hasta ha colocado en venta algunos adornos y muebles de su casa para llegar a los 600 dólares que le piden en la empresa Cubataxi por un empleo de chofer.

Si no paga esa cantidad, me dice el propio Armando, le dirán que todos los puestos de trabajo están ocupados, aunque él sabe que siempre existe al menos un par de lugares “fantasmas” en la nómina de la empresa, a la espera del mejor postor.

El mercado clandestino de empleos en las empresas estatales de la isla no es un fenómeno surgido en la coyuntura económica actual. Desde los años 80 se escucha hablar de personas que han debido pagar por ocupar un puesto de trabajo, sobre todo en el turismo, incluso por acceder a estudios de nivel medio o universitario.

La agudización de la crisis económica, la inestabilidad legal del sector privado y el constante acoso al cuentapropismo por parte del gobierno, entre otras causas, han favorecido el enraizamiento de este tipo de contrabando e incluso su penetración en espacios bajo el dominio directo de los militares, como han sido los casos de empresas como SASA, dedicadas a la comercialización de recambios para autos o Rent-a-car de Gaviota, de alquiler de vehículos para el turismo, donde las plazas pueden alcanzar valores entre los 5 mil y 10 mil dólares.

María Elena Verdecia fue trabajadora de uno de estos puestos de renta ubicado en el aeropuerto José Martí, de La Habana, y nos comenta sobre los mecanismos de contrabandeo laboral:

“(…) el total de las plazas han sido compradas o han sido ocupadas por personas que tienen algún tipo de relación familiar o de amistad con funcionarios de la empresa”, asegura Verdecia, y continúa: “El Rent-a-car del aeropuerto es uno de los más codiciados, esa plaza cuesta 5 mil dólares, porque se sabe que ese dinero se puede recuperar en un par de meses. (…) Pero después que pagas los 5 mil, todos los meses tienes que mantener contento a los jefes, al de Personal de la empresa, a los inspectores pero aun así es una plaza muy codiciada, aunque peligrosa, por eso me tuve que ir de allí, sabía que en cualquier momento podía caer presa. (…) En ningún Rent-a-car entra nadie a trabajar porque ha caído bien o porque ha tenido suerte, es un negocio donde está enredado todo el mundo”.

Por otra parte, Juan Carlos, responsable de ventas de un puesto de renta de autos para el turismo, afirma que en el año 2001 debió pagar unos 2 mil dólares por su empleo:

“Tuve que pedir prestado el dinero a una tía de mi esposa que vive en los Estados Unidos (…), después se lo pagué en tres meses. (…) Pero en el 2001 no había tanto turismo como ahora, por eso los que entran tienen que pagar 3 mil, 4 mil y hasta tengo amigos que han pagado 6 mil porque se sabe que se le saca ese dinero fácil en unos meses (…). Yo no tengo miedo porque esto lo sabe todo el mundo, las plazas en turismo casi todas se venden, pregúntale a cualquiera por ahí”, dice Juan Carlos.

No solo obtener un empleo en el turismo supone un acto de compra-venta o de soborno, también en el “naciente” sector cooperativo se han replicado estos fenómenos, como ha sido el caso de los taxis ruteros, donde el costo de la plaza de chofer oscila entre los 100 y los 500 dólares.

Manuel, chofer de un microbús perteneciente a una de las cooperativas de La Habana, pagó en febrero de 2016 unos 200 dólares por su puesto de trabajo:

“Fueron 200 pesos (dólares) y entré a trabajar ese mismo día. La primera vez que fui a pedir un trabajo, yo que soy chofer desde hace 20 años, me dijeron que no había plazas (…), fui a ver a un vecino que trabaja en los ruteros y él me dijo cómo había que entrarle a la cosa. (…) Como a los dos días fui con el tipo del que me hablaron y, como te digo, empecé a trabajar al momento. (…) Ahora sé de gente que ha pagado hasta 500 pesos, cuando son los microbuses, porque para los carros (autos de 4 plazas) nadie paga más de 100 pesos”, asegura Manuel.

Comprar un empleo es algo común para los cubanos, tanto es así que aquellas personas de bajos recursos y para los que resulta extremadamente difícil conseguir el auxilio de un prestamista, ni siquiera se acercan a las empresas estatales a solicitar empleo.

Aunque Javier Echemendía, de 53 años, ha trabajado en la Empresa de Ómnibus Urbanos de La Habana desde finales de los años 80, asegura que, a pesar de haberlo intentado, jamás ha podido contratarse como chofer en empresas como Transgaviota o Transtur.

“Dondequiera te piden dinero por una plaza, así a lo descarado te dicen que si no pagas no entras, ¿y a dónde uno puede ir a quejarse si siempre son familia de tal o más cual dirigente o todo está arreglado por ahí para arriba? (…) Yo he visto que han aceptado a chiquitos con menos experiencia que yo, que en treinta años jamás he tenido un accidente, y es porque pagan la plaza. (…) Incluso para entrar como segundo jinete (plaza compartida por dos choferes) en Cubataxi hay que pagar. Esto no es para gente pobre”, dice Javier.

Para complicar la situación, empresas como Cubataxi han creado la figura del chofer secundario o “segundo jinete”, que es un chofer subcontratado por el chofer principal que actúa como dueño del auto estatal, un experimento que emula el escenario, en fase de eliminación, de los llamados “boteros” del sector cuentapropista y que convierte al Estado en un beneficiario indirecto de la explotación laboral.

El segundo jinete, prácticamente sin derechos laborales elementales, debe pagar al primero una suma diaria acordada, además del pago inicial por ocupar el puesto.

Con respecto a esto, Marcos, un chofer subcontratado, nos explica:

“Es un taxi estatal pero el chofer lo usa como si fuera un almendrón. Supuestamente yo debería ser su ayudante o copiloto en viajes largos, o cubrirle las vacaciones, cosas así, pero en realidad él lo que hace es sentarse en su casa mientras yo manejo más de diez horas al día para poder pagarle el dinero. (…) Yo por esa plaza pagué 300 dólares, más tengo que darle 30 dólares diarios, pero yo con eso estoy reuniendo para conseguir una plaza de chofer principal o comprar un Cocotaxi que también da su dinero y con menos problemas”, afirma Marcos.

Entre los trabajos más codiciados y por los cuales es preciso pagar, a modo de soborno, sumas de dinero que doblan en decenas y hasta en un centenar de veces el salario anual promedio de los cubanos, se encuentran aquellos vinculados al turismo y al acarreo de mercancías entre almacenes y grandes empresas, también aquellas dedicadas a la importación y exportación de productos, en especial los alimentos y las piezas de recambios para autos, de modo que empleos como el de un valet parking en un hotel o jefe de almacén, incluso de ayudante de almacenero o estibador, en cualquier empresa estatal, por ejemplo, están valorados por encima de los mil dólares.

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¿Por qué no funciona el Capitalismo Militar Totalitario de Estado en Cuba?

Origen: ¿Por qué no funciona el capitalismo militar de Estado? | Diario de Cuba

Circula por Internet una divertida parodia de Despacito, la exitosa canción de Luis Fonsi, ridículamente bailada por Raúl Castro, su hijo Alejandro, coronel formado en Moscú en las escuelas de inteligencia del KGB, y el nieto y guardaespaldas del general-presidente, Raúl Guillermo, apodado “El Cangrejo”.

Es la familia imperial cubana. Los tres, como toda la población, perciben que el país se hunde en la miseria, pero están paralizados por el terror a perder el poder. A estas alturas, Raúl Castro no tiene la menor duda de que el capitalismo militar de Estado no funciona, y sabe que sus reformas, los “lineamientos”, han fracasado, pero insiste en marchar hacia el abismo “sin prisa, pero sin pausa”.

El capitalismo militar de Estado es el modelo económico puesto en marcha por Fidel Castro desde los años 90, orgullosamente diferente al chino y al vietnamita. ¿Por qué no funciona?

Esencialmente, por dos razones vinculadas a la naturaleza humana: primero, porque no está basado en incentivos sino en el temor a los castigos. Si algo aprendimos con toda certeza del conductismo es que los refuerzos positivos tienden a reproducirse mientras los negativos producen el efecto contrario. En segundo lugar, el capitalismo militar de Estado prohíbe y reprime el ímpetu de los emprendedores, que es el principal motor del desarrollo y progreso de cualquier sociedad.

Grosso modo, el capitalismo militar de Estado se basa en la idea de que las principales fuentes de riqueza de Cuba están en las 2.500 empresas medianas y grandes del país, todas resguardadas en el ámbito estatal, preferentemente dirigidas por militares, mientras las actividades menores de servicio (restaurantes, pequeñas pensiones, payasos de fiestas particulares y un sinfín de minucias) le darían trabajo al grueso de una población cuidadosamente vigilada para que no acumule capital y así privarla de su potencial poderío político.

Objetivamente, estamos frente a un modelo de organización económica centralizado y planificado, sustentado en el mecanismo escolástico clásico: todas las verdades ya han sido descubiertas por los padres de la patria, y lo único que le queda a la sociedad es verificar constantemente la sabiduría de los próceres.

De esa estupidez se deriva otra: ya han sido formulados los 500 proyectos que aguardan en Cuba a los capitalistas extranjeros que quieran invertir y beneficiarse de la mano de obra dócil y barata que abunda en el país. Los economistas del régimen los han detallado minuciosamente. La planificación centralizada es eso: todo ha sido pensado y elaborado. No hay espacio para la improvisación y la creatividad. Tampoco para el mercado ni la competencia, esos inventos diabólicos del neoliberalismo.

No sé si Raúl Castro y sus consejeros han examinado el perfil de las naciones modernas exitosas, pero todas están sujetas al crecimiento mediante lo que Hayek llamaba el “orden espontáneo”. La economía crece en ellas libremente, sujeta al mecanismo de tanteo y error, guiada por el impulso de los emprendedores con sus esfuerzos espasmódicos, en las que unas veces “ganan” y otras “pierden”, porque si algo es seguro en un régimen de libertad económica, es que no existe la menor seguridad. Los consumidores son los que deciden y estos son impredecibles.

¿Y quiénes son esos emprendedores que asumen todos los riesgos? No se sabe con certeza. El economista Wilfredo Pareto, en otro contexto, lanzó la hipótesis del 80-20, y es probable que la proporción sea, más o menos, la que se presenta en todas las sociedades. El 20% persigue sueños, trabaja incansablemente, se esfuerza con denuedo, inventa, innova, fracasa y se vuelve a levantar, y tira hacia delante del 80% restante.

Es cierto que una reducida parte de ese 20% alcanza un éxito económico tremendo, pero perseguirlos en nombre de la igualdad, más que un crimen es una absurda injusticia. Si Jeff Bezos hoy es el hombre más rico del planeta porque ha revolucionado la venta directa por medio de Amazon, o si Amancio Ortega es el más poderoso de España debido a las tiendas Zara, es algo admirable que solo condenan unos descerebrados de esa izquierda reaccionaria y mercantilista que continúa sin entender cómo se crea, esparce o destruye la riqueza.

A Raúl Castro y a su familia no les debía ser tan difícil entender este fenómeno. A principios del siglo XX regresó a Cuba un gallego muy pobre y semianalfabeto que pocos años antes había ido a pelear a la Isla por cuenta de su derrotada España. Lo repatriaron, pero volvió. Tenía el fuego del emprendedor y advirtió que Cuba era una tierra de oportunidades.

Cuando murió, medio siglo más tarde, dejó una fortuna de unos siete millones de dólares (hoy serían 100), varias docenas de trabajadores, una finca azucarera grande en la que funcionaban un cine, una estafeta de correo y una escuela. Se llamaba Ángel Castro, era el padre de Fidel, Raúl y otra decena de hijos. Murió antes de que sus descendientes inventaran el nefasto capitalismo militar de Estado.

‘¿Delegado yo?’ | ¿Delegado Tú? Cuba 

Origen: ‘¿Delegado yo?’ | Diario de Cuba

“Barrios en transformación”, así llama el Gobierno a las comunidades habaneras más pobres, habitadas mayoritariamente por población de raza negra y que son las más golpeadas por los bajos salarios, el deterioro del fondo habitacional y las infraestructuras, entre otros problemas, como reflejan las propias estadísticas oficiales.

Barrios marginales” los llaman sus propios habitantes, quienes ante la pregunta de si estarían dispuestos a ser delegados del Poder Popular en su circunscripción para intentar cambiar las condiciones de la comunidad responden con escepticismo, aunque algunos se muestran dispuestos.

“¿Delegada yo? Qué va, eso es de politiquería, mijo”, dice Hortensia, residente en la barriada El Moro.

“Para eso tienes que ser del Partido o de la Juventud y aquí hace falta gente común que viva como nosotros porque así los problemas no hay que planteárselos, reconocen cuáles son. Por eso yo digo que en estos suburbios nada cambiará nunca mientras la política esté de por medio”.

En La Cuevita todo el mundo conoce a Julito Prado por dos condiciones: ser devoto de Changó y por “calentar con la verdad y sin pelos en la lengua” cualquier reunión en su barrio. Cuando se le pregunta si quisiera ser delegado de su circunscripción, responde que sí.

“Pero cuando todo eso deje de ser política”, matiza de inmediato. “Porque el racismo, la marginación y las malas condiciones de nuestras casas no se resuelven con Lineamientos. La Timba, Indalla, La Jata, Miraflores, Cayo Hueso, El Canal, La Guarapeta, Lawton, Jesús María, Pogolotti, todos estos barrios y muchísimos otros llevan años en las mismas condiciones, desahuciados, y ninguno de esos delegados resuelven ni transforman nada”.

Natividad Gómez también quisiera ser delegada de su circunscripción en Atarés, pero alega no estar “integrada” al Partido Comunista y otras organizaciones del Gobierno.

“Si yo fuese delegada, acabaría con el trapicheo de materiales de construcción para que la gente pudiese arreglar sus casas como Dios manda”, sueña en voz alta. “También alegraría el barrio reparando sus calles, sus escuelas, sus parques y todo eso con menos reuniones y con menos pipas de sirope de refresco”.

En opinión de Reynaldo Falcón, de la barriada Altahabana, la cuestión es para qué un cubano de a pie quiere ser delegado de su circunscripción. “La única vez que fui a votar fue hace más de 15 años, cuando en el barrio se postuló un amigo mío, Denis Frank”, recuerda.

“Se presentó como independiente, pero no estaba afiliado a ninguna organización disidente. Logró llegar a delegado por encima de cinco miembros del Partido. Sin embargo, le hicieron la vida un yogurt y hasta lo acusaron de aprovecharse del cargo para beneficio propio. No duró ni un año como delegado”.

Los más jóvenes

Las generaciones más jóvenes, esas que a criterio de la realizadora audiovisual Yaíma Pardo “fueron desterradas de toda la épica de la Revolución”, también asumen al delegado de la circunscripción como una herramienta política, “como un policía más que te vigila”.

“En estos barrios muchos jóvenes somos mal mirados por la simple razón de que no tenemos buenos estudios o porque no pertenecemos a las organizaciones de masas”, apunta Raúl Daniel, de La Güinera, quien asegura manejar “los dos idiomas de la vida: el del barrio y el decente”.

“Sé manejarme con todas las personas, por eso me cuentan sus problemas, lo reales, los que duelen, y porque de corazón y desde mis posibilidades intento ayudar aunque sea aconsejando. Eso no lo hace ningún delegado que yo haya conocido en mis 30 años, ni con su carné del Partido, ni con sus muelas sobre el imperialismo y el bloqueo. Yo no creo que hagan falta delegados, sino gente con deseos de cambiar las cosas de verdad”.

En cambio, Yadiris Susana, joven de 25 años y vecina de El Canal, cree que los delegados son necesarios.

“Pero tiene que ser un tipo que de verdad represente los problemas del barrio y no que solo lo veas en las reuniones del Comité (de Defensa de la Revolución), cacareando las necesidades de la Revolución o culpando a la gente por las montañas de basura, los robos o los incumplimientos con las tareas ‘cederistas’. Como delegada me importaría que las mujeres jóvenes tuviesen círculo infantil para sus hijos, y acabar con la violencia que tenemos dentro por vivir apiñados”.

“Yo quisiera ser delegado para que el pasado no nos persiga como el jefe de sector” de la Policía, dice Rubencito, del reparto Juanelo.

“Uno se portó mal en el pasado, pero también la gente cambia. Muchos jóvenes en estos barrios nos convertimos en promotores naturales de la comunidad haciendo acciones culturales y la propia gente nos agradece y hasta nos admira por eso. Somos más populares que cualquier delegado, porque saneamos el barrio sin que nadie nos mande ni porque queramos cumplir con el Comité ni con nadie”, añade.

“Lo hacemos por el barrio. ¿Un delegado puede hacer eso?”.

Cuba. La disidencia socialista alza su voz (Democracia contra Stalinismo, el escenario cubano)

Origen: La disidencia socialista se rebela contra los extremistas

Cuba. La disidencia socialista alza su voz (democracia contra stalinismo, el escenario cubano)

 Miami | Agosto 02, 2017
El bloguero Iroel Sánchez (izquierda) es una de las figuras más visibles de los extremistas que acusan a la disidencia socialista de "estar trabajando para el imperialismo y la restauración capitalista". (Captura)
El bloguero Iroel Sánchez (izquierda) es una de las figuras más visibles de los extremistas que acusan a la disidencia socialista de “estar trabajando para el imperialismo y la restauración capitalista”. (Captura)

Los ataques del extremismo dogmático encabezado por Iroel Sánchez y Enrique Ubieta contra un grupo de instituciones e intelectuales del oficialismo o cercano a él que lindan con la disidencia socialista han provocado una especie de rebelión en la granja.

Nadie puede aceptar que lo acusen de supuesto “centrista que en realidad estaría trabajando para el imperialismo y la restauración capitalista”. Callarse hubiera sido aceptar. Los acostumbrados a denigrar y descalificar a la oposición indefensa cometieron el grave error de subestimar la capacidad de respuesta que ha mostrado este sector de la intelectualidad cubana que históricamente ha apoyado el “socialismo”, pero con matices críticos.

Las víctimas incluyen a la prestigiosa Revista Temas, Cuba Posible, Cartas desde Cuba, OnCuba, La Joven Cuba, Periodismo de Barrio, El Estornudo, entre otros. Y entre los intelectuales que se han sentido aludidos directa o indirectamente y han salido a defenderse están Silvio Rodríguez, Aurelio Alonso, Carlos Alzugaray, Julio Carranza, Víctor Casaus, Vicente Feliú, Pedro Monreal, Arturo López Levy, Francisco Rodríguez, Félix Sautié, Jorge Gómez Barata, Israel Rojas, Humberto Pérez, Julio César Guanche, Jesús Arboleya, y el periodista uruguayo-cubano Fernando Ravsberg, entre otros. Hay muchos más que no han respondido, pero igualmente deben sentirse aludidos.

Todos saben que detrás de los burdos ataques está la mano del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y del aparato de contrainteligencia ideológica de la Seguridad del Estado, lo cual es muy fácil de identificar porque “casualmente” las diatribas salen en Granma, Cubadebate y la blogosfera auspiciada desde el oficialismo dogmático.

Silvio Rodríguez expone en su blog Segunda Cita que esto se relaciona con la idea sobre la pertinencia o no de buenas relaciones con EE UU. En buena medida tiene razón.

Los partidarios de mantener pleno distanciamiento de EE UU, en el fondo desearían que continuara el bloqueo-embargo en la forma más feroz posible y que siga la tensión permanente con el vecino del Norte para tratar de continuar justificando la máxima centralización y estatalización del poder económico sin importar las consecuencias y evitando cualquier avance en la democratización defendida por los “centristas”.

Se trata de un diverso pensamiento de izquierda, nacionalista, proveniente del mismo seno “revolucionario”, pero de tendencia democrática, plural en lo político y lo económico, antidictatorial; siempre presente pero ninguneado, maniatado y acallado por el aparato burocrático, que ha logrado sobrevivir a base de malabares y equilibrios que le han impedido, hasta ahora, convertirse en una alternativa al estatalismo.

Durante el IV Congreso del PCC en 1990-91, coincidiendo con la debacle de la URSS y el “campo socialista”, florecían en Cuba las ideas cercanas a la perestroika y la glásnost de Gorbachov. Desde la contrainteligencia militar se desató el Plan Alejandro, una gigantesca caza “secreta” de “perestroikos” dentro de las FAR, el MININT, el PCC y el MINREX, utilizando como pretexto las Causas No.1 y No.2 de 1989 contra los Generales Ochoa y Abrantes.

Miles de funcionarios de nivel alto y medio fueron enviados a “cumplir otras misiones”, jubilados o simplemente cesanteados. En ese mismo marco, pocos años después fue desactivado el Centro de Estudios de América (CEA), un centro de investigación de Ciencias Sociales adjunto al Departamento América del CC donde un grupo de estudiosos empezaron a abordar la realidad cubana desde una perspectiva diferente a la fidelista.

Haroldo Dillas, uno de los miembros del Consejo de Dirección del CEA, hoy exiliado escribía en un artículo en 2011: “El día 27 de marzo de 1996, sin previo aviso, Raúl Castro, en su rol habitual de dóberman del sistema, leyó por televisión un informe del V Pleno del CC del PCC en que se calificaba al CEA de quinta columna del imperialismo al servicio de la CIA”.

La acusación a los actuales “centristas” es del mismo tipo.

La diferencia con aquellos años la marcan la desaparición física del icono principal -inspirador del centralismo y el autoritarismo que aplastaba con su sola presencia cualquier simple disidencia- y el crecimiento del acceso a internet que ha posibilitado la extensión de este pensamiento y su penetración en todos los estratos de la sociedad cubana, a tal punto que podría afirmarse que va predominando en las capas medias y bajas, en el propio seno de la intelectualidad tradicionalmente oficialista.

Ahora, en Cuba, crece el sentimiento de que son imprescindibles verdaderos cambios democráticos, y sus promotores no se encuentran en la Asamblea Nacional o en el aparato burocrático machadista del PCC, pero pululan en los centros de investigación oficiales, en las universidades y en los propios aparatos del Estado donde el pensamiento de los intelectuales juega un papel fundamental, y en la oposición, desde luego. El espíritu de la renovación no lo han podido matar.

Ya no puede ocultarse el desastre del modelo estatal asalariado de matriz estalinista y no hay manera de justificar su continuidad, al tiempo que la pantalla del estatal-socialismo perdió todo su espejismo y la oposición en general va creciendo en todos los sectores.

Para que este amplio pensamiento democrático, que incluye socialistas, pueda convertirse en una eventual alternativa al estatalismo, deberá establecer con toda claridad sus diferencias con el mismo, poner la lucha por la democracia en primer plano y reevaluar sus posiciones sobre la oposición pacífica tradicional.

La otra deuda de los asaltantes al Moncada. Me ha quedado muy clara #Cuba  

Origen: La otra deuda de los asaltantes al Moncada CubanetCubanet

La otra deuda de los asaltantes al Moncada

Hoy los castristas aplican a sus opositores medidas de sujeción y vigilancia como no le fueron aplicadas a ellos

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De izquierda a derecha,
Ramiro Valdés Menéndez, José Ramón Machado Ventura y Raúl Castro Ruz (Foto: radiorebelde.cu)

LAS TUNAS, Cuba.- “¿El Movimiento 26 de Julio pudo convertirse en partido político después de la amnistía de 1955 y ganar las elecciones con Fidel al frente…?”, preguntó una ex estudiante de bibliotecología.

Moviendo la cabeza en gesto negativo, como diciéndome: “¡Te lo advertí, metiste la pata!”, un amigo y viejo archivero me miró, haciéndome responder: “Bueno, sí, y esa es la otra deuda que tienen los asaltantes del Moncada, y en este caso no con los familiares de los militares muertos, sino con el sistema judicial de la ‘pseudorepública y la dictadura batistiana’ pero, que yo sepa… Fidel Castro no consiguió en su época de estudiante hacerse elegir ni para presidente de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria), ¿no?

Estábamos mirando el Noticiero de la Televisión cubana (NTV) el pasado viernes. Delante teníamos guerrilleros colombianos de las FARC, mostrando visible regocijo tras la amnistía concedida por el gobierno del presidente Santos.

Las imágenes de los ex sublevados colombianos, disponiéndose a integrar un partido político para conseguir con votos el poder que no pudieron tomar con las armas, habían hecho formular la interrogante a la ex estudiante de bibliotecología, y, a la vez, inducido nuevas críticas del viejo archivero.

Procurando concisión en “La deuda de los asaltantes al Moncada”, publicado en CubaNet, sólo mencioné la cifra monetaria como responsabilidad civil de los asaltantes, sin mencionar las sanciones accesorias, haciendo que el viejo archivero, luego de leer el artículo, en aquella oportunidad me advirtiera: “Pecaste por omisión. Cuando Fidel Castro leyó la sentencia por el asalto al Moncada, más que la sanción principal de cárcel, o la de pagar unos miles de pesos por daños y perjuicios, debió molestarle las sanciones accesorias; pero a no dudarlo, sentiría alivio cuando se vio amnistiado y no indultado. Debiste mencionar eso”.

Los asaltantes del Cuartel Moncada habían sido sancionados a privación de derechos al sufragio, a la suspensión de los derechos paterno-filiales y de tutela, al ejercicio de profesiones independientes y para ocupar cargos públicos, así como a la sujeción y vigilancia de las autoridades, y recordando la amonestación del archivero, dije a la ex estudiante de bibliotecología: “El problema es que Fidel Castro, no ya como abogado, sino incluso como padre, no podía representar ni a su hijo; y por supuesto, ni él ni los demás asaltantes condenados podían elegir ni ser elegidos, si en lugar de salir de la cárcel por una amnistía, hubieran recobrado la libertad por un indulto”.

Por el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, el ya difunto Fidel Castro Ruz fue condenado a “quince años de reclusión”; trece años de reclusión debía cumplir su hermano Raúl, hoy general de ejército, presidente del Consejo de Estado y de Ministros, y diez años el ahora comandante de la revolución Ramiro Valdés Menéndez. En el caso de las sanciones accesorias, las sentencias condenatorias especificaban: “Interdicción (prohibición) para el derecho al sufragio activo y pasivo, para el desempeño de todo cargo público, para el ejercicio de profesiones liberales (medicina, abogacía, periodismo…) y para completar civilmente la personalidad de los menores o de incapacitados mientras se cumpla la sanción principal.

En cuanto a desplazamientos, en caso de que hubieran cumplido la sanción de privación de libertad, limitaba el movimiento de los asaltantes “por un período igual al impuesto en la sanción, y sujeción a la vigilancia de la autoridad por igual período a la sanción principal, debiendo presentarse cada treinta días ante el jefe de Policía del lugar de su residencia, sin que pueda variar de domicilio sin la autorización previa y por escrito de aquel”.

Así, el difunto Fidel Castro hubiera estado sujeto a vigilancia policial, sin poder cambiar de domicilio sin autorización previa hasta 1983; su hermano Raúl hubiera tenido que reportarse, como hoy hace con sus prisioneros, hasta 1979; y Ramiro Valdés, en lugar de perseguidor y supremo carcelero, habría estado bajo los ojos de los policías hasta 1973.

Pero la Ley de Amnistía No. 2 del 6 de mayo de 1955, haría que los asaltantes al cuartel Moncada fueran liberados cuando aún no habían cumplido dos años de prisión, extinguiendo la sanción principal de cada uno de los inculpados, y lo más importante, restituyéndoles todos sus derechos civiles y políticos.

Contrariamente al indulto, que sólo extingue la sanción principal y nunca las accesorias, ni se extiende a la cancelación de los antecedentes penales, la amnistía extingue la sanción principal y todos sus efectos secundarios, menos los de responsabilidad civil, en caso de no disponer otra cosa.

¿Qué hubiera sido de los asaltantes del Moncada, si a ellos hubieran aplicado en 1955 las medidas de castigo que ellos comenzaron a ejecutar desde que tomaron el poder en 1959 y que no han dejado de aplicar hasta el día de hoy…?

Los asaltantes al Moncada nunca hubieran podido ir a México. Pero incluso llegando a ese país, y habiendo sido capturados, como de hecho fueron detenidos por la policía mexicana, el mero aviso de INTERPOL como sujetos de búsqueda, les hubiera impedido abordar el yate Granma para venir a guerrear a Cuba.

Hoy los castristas aplican a sus opositores políticos medidas de sujeción y vigilancia como no le fueron aplicadas a ellos una vez amnistiados.

Salvo la obligación de pagar poco más de 55 mil pesos por concepto de responsabilidad civil por daños y perjuicios, la amnistía liberaba a los asaltantes, como ya en el poder los asaltantes no han liberado a ningún prisionero, contrayendo así, con la Historia de Cuba y con la nación cubana toda, una deuda moral que ya jamás podrá ser honrada.

Fidel Castro nunca tuvo Amigos #Cuba 

Origen: Los pactos políticos del M-26-7 CubanetCubanet

Los pactos políticos del M-26-7

¿Con quién era el principal compromiso de Fidel Castro?

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Fidel Castro durante un acto por el 26 de Julio (Periódico Vanguardia)

LA HABANA, Cuba.- En 1957, cuando Fulgencio Batista decidió convocar elecciones generales ante miles de sus partidarios, donde él no sería candidato, Cuba gozaba de una economía floreciente, gracias sobre todo a la escasez de remolacha en los campos europeos; y Fidel Castro, con su fusil de mirilla telescópica a cuestas en lo más intrincado de la Sierra Maestra, continuaba empeñado en llegar al poder.

Había formado parte de varios pactos, todos a nombre del Movimiento 26 de Julio, con los cuales no se sentía conforme. Era lógico que luego tuviera que compartir la victoria con otras organizaciones.

Así, rechazó unos y aceptó otros a regañadientes. El Pacto Diálogo Cívico lo rechazó de plano en marzo de 1956. En cambio, el Pacto de México, con José A. Echeverría, se vio obligado a aceptarlo.

El 12 de julio de 1957 firmó El Pacto de la Sierra, junto a dos figuras claves de la época: Raúl Chibás, uno de los más queridos dirigentes ortodoxos, y Felipe Pazos, destacado economista cubano, célebre en el campo de las finanzas.

En el bohío de Fidel discutieron aquellos tres hombrees durante días. Querían lograr un urgente llamado a todos los partidos políticos de la oposición, con el fin de derrocar a Batista lo más pronto posible.

Fidel había escrito la parte económica del Pacto, donde menciona el incremento de la industrialización para una Cuba libre, pero no las nacionalizaciones empresariales, ni la colectivización de las tierras. Era evidente que resultaba menos radical que sus declaraciones anteriores y mucho menos que La historia me absolverá.

Aceptar aquel Pacto no sólo representaba lograr el cese del envío de armas a la dictadura, sino poner fin al derramamiento de sangre mediante la celebración de elecciones libres y, además, obtener un gobierno democrático, libertad de prensa, el respeto a los derechos humanos y autonomía de los sindicatos.

También se rechazaba la sustitución de Batista por una junta militar y sí se aceptaba un presidente provisional, no político, para celebrar elecciones al año siguiente, según la Constitución de 1940.

Aun así, fracasó.

Según señala muy escuetamente la enciclopedia cubana Ecured, autorizada por la dictadura castrista, el fracaso del Pacto se debió a que “como los opositores a Batista preferían moverse dentro del marco de la legalidad, no se adhirieron a sus cláusulas de declaración de guerra”.

El Che Guevara, un poco después, argumentó que el Pacto de la Sierra no había satisfecho las expectativas del Movimiento 26 de Julio y lo consideró “un programa mínimo, que no serviría más allá del momento”.

Se refirió a “los propósitos macabros de una burguesía importada, vinculada a los amos imperialistas”, olvidando que había sido precisamente esa burguesía autóctona de Cuba la que ayudaba con grandes cantidades de dinero a las guerrillas de Fidel.

El Che no habló claro. En realidad, si Fidel estuvo de acuerdo en firmar aquel Pacto, fue porque estaba consciente de que aún el pueblo no tenía confianza en el triunfo de su lucha armada.

La prueba más objetiva era el fracaso de las dos huelgas generales que convocó, en las que las masas no tuvieron ninguna participación. La primera en julio de 1957 y la segunda el 9 de abril del siguiente año.

“Sabíamos que no era posible realizar nuestra voluntad desde la Sierra Maestra y por eso teníamos que contar con una serie de ‘amigos’, que utilizaban nuestra fuerza militar para sus propósitos”, dijo al respecto el Che.

Quiso decir el argentino guerrillero que aquel Pacto había sido aceptado de forma hipócrita, puesto que aseguró que “se trataba sólo de un pequeño alto en el camino”.

A Fidel lo que le importaba era derrocar a Batista para convertirse en el jefe máximo del país. Las alianzas que pactara con líderes revolucionarios podrían disolverse, sobre todo si éstos le hacían sombra. Apartarlos del camino sería fácil, por mucha trayectoria y carisma que tuvieran. Morirían o escaparían al exilio, lejos del paredón.

En definitiva, su principal pacto había sido con Lucifer.

Periodista Sol García Basulto | En arresto domiciliario por violar la Censura Castrista 

Origen: La SIP rechaza el arresto domiciliario de la periodista Sol García Basulto | Diario de Cuba

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) expresó este martes su rechazo al arresto domiciliario de la periodista camagüeyana Sol García Basulto por desempeñar la profesión y lamentó una acusación similar contra el comunicador Henry Constantín Ferreiro, reporta EFE.

La SIP repudió que los periodistas en Cuba estén expuestos al arresto por “ejercer su derecho a recopilar información y difundirla a través de un medio de comunicación, un derecho humano amparado por numerosos tratados internacionales”.

Los colegas cubanos “siguen padeciendo las nefastas consecuencias de lo que implica una sociedad regulada”, expresó en un comunicado Roberto Rock, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP.

García Basulto, de la revista La Hora de Cuba, está desde este lunes en prisión domiciliaria.

La periodista fue citada el lunes por la policía para informar “novedades” relacionadas a su acusación por presunta “usurpación de la capacidad legal”, impuesta en marzo pasado por “hacer entrevistas en la vía pública y publicarlas en la revista”, precisó la SIP.

La organización, con sede en Miami, señaló que Ferreiro, vicepresidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP para Cuba, fue acusado por el mismo delito, que es penalizado con una multa o la privación de libertad por entre tres meses y un año.

La SIP reiteró su oposición al carácter “obligatorio de la colegiación y al requerimiento de título universitario para poder ejercer el periodismo”.

“Soy inocente. Siempre he ejercido mi libertad de expresión, palabra y prensa registradas en la Constitución de la República y en la Declaración Internacional de los Derechos Humanos”, denunció García Basulto a DIARIO DE CUBA.

Asimismo, explicó que su caso ahora está siendo llevado por la policía política, por el oficial Yusniel Pérez Estrada, primer teniente de Operaciones Territoriales.

García Basulto pidió a la prensa extranjera y a la opinión internacional que contactaran a este oficial: “Para más información llamen al primer teniente Yusniel, este es el número de su oficina: 5332278268. Se los agradecería mucho por este apoyo”.

En los últimos meses el régimen le ha impedido a García Basulto llegar a La Habana y viajar a Panamá, la detuvo en noviembre y le ha prohibido ejercer el periodismo.

En mayo, en entrevista con este diario, la joven (madre soltera que tiene un niño de tres años) afirmó que los agentes de la Seguridad del Estado no la dejaban “llevar una vida normal” y que “interrumpían en cualquier momento”.

“Muchas personas intentan persuadirme de los riesgos que tiene esta carrera (el periodismo) y me dicen que lo deje por mi hijo. No saben que funciona a la inversa: lo hago por mi hijo, porque no soporto la idea de llevarlo a una escuela donde lo obligarán a repetir consignas mediocres que hablan de muerte y de ser como asesinos. Tampoco voy a separarlo de su familia sacándolo del país, porque él no solo me tiene a mí, también tiene padre, abuelos, tíos, una familia que lo ama y el derecho de estar con ellos. Lo correcto es estar aquí y señalar lo que no está bien”, concluyó García Basulto.

 

 

El Bloqueo que Necesita Maduro para pasar a ser “Victima” como castro en #Cuba #Venezuela

Origen: Así podría salvar Trump a Maduro | Opinión | EL PAÍS

 

El presidente Donald Trump y su equipo están considerando la posibilidad de prohibir la importación de petróleo venezolano a Estados Unidos. El cálculo de la Casa Blanca y otros en el Congreso es que esta sanción asfixiaría la economía venezolana y conduciría a la caída del régimen de Nicolás Maduro. Yo no estoy tan seguro. Veo la posibilidad de que esta medida más bien termine fortaleciendo al Gobierno de Caracas, debilitando a la oposición y agravando la crisis humanitaria que está devastando a los venezolanos.

Trump ha anunciado que impondría severas sanciones económicas a Venezuela si Maduro lleva adelante su intención de convocar comicios para una Asamblea Constituyente. Los más de 500 diputados que saldrían elegidos, en un proceso tutelado y trampeado por el régimen, tendrían la misión de reescribir la Constitución. La fundada preocupación es que la intención de Maduro y sus socios cubanos es la de usar esta nueva Constitución —cuya redacción y aprobación controlarían— para imponer instituciones y políticas económicas como las que imperan en Cuba.

Por otro lado, más de siete millones de venezolanos que participaron en una consulta organizada por la oposición manifestaron su repudio a esta Constituyente. Diversos presidentes y expresidentes de América Latina y Europa, el secretario general de la Organización de Estados Americanos y múltiples organizaciones internacionales han exhortado al Gobierno de Caracas a que suspenda esta iniciativa. Pero Maduro y los suyos reiteran que el proceso es imparable.

De resultar esto cierto, Trump ha prometido sanciones más severas de las que ya hay. El enfoque adoptado por Barack Obama y continuado por Trump ha sido el de identificar con nombre y apellido a corruptos, narcotraficantes, violadores de derechos humanos y otros criminales que ocupan altos cargos en el Gobierno de Venezuela y en sus fuerzas armadas e imponerles fuertes sanciones personales. Pero en ciertos círculos de Washington y de la oposición venezolana estas sanciones son percibidas como insuficientes, y de ahí la propuesta de prohibir la importación de petróleo venezolano a Estados Unidos.

Ni los más fanáticos pueden defender ya la revolución bolivariana sin hacer el ridículo

Hay tres razones por las cuales esta es una mala idea. La primera es que la experiencia histórica en materia de sanciones demuestra que los bloqueos o embargos económicos generales casi nunca logran su objetivo. Hacen sufrir más a la población pero no afectan a los gobiernos y a las élites que lo apoyan.

El caso de Cuba es el mejor ejemplo. En 1962, Estados Unidos le impuso un embargo comercial en respuesta a las confiscaciones de bienes de ciudadanos y empresas norteamericanos. Lejos de desgastar al régimen, su único efecto ha sido el darle una excusa para justificar la crónica catástrofe económica que sufre la isla.

Y hay más ejemplos. Lo que llevó al Gobierno de Irán a la mesa de negociación que culminó en el acuerdo que frenó su programa nuclear no fueron las sanciones económicas que pesan sobre el país desde hace décadas, sino nuevas y muy sofisticadas medidas de castigo dirigidas a altos funcionarios, a sus socios y a su sistema financiero. Vladímir Putin se queja de las sanciones generales que hay contra Rusia, pero mucho más de las que afectan específicamente a las finanzas de sus más cercanos colaboradores y oligarcas amigos.

La segunda razón es que el bloqueo petrolero es innecesario. Sus terribles efectos ya los ha creado Nicolás Maduro. La economía venezolana ha colapsado y desgraciadamente sigue en caída libre. Las reservas en el Banco Central están por debajo de 10.000 millones de dólares, una fracción de lo que deberían ser. La mayor parte de los alimentos, los insumos para producirlos o las medicinas hay que importarlos pagándolos al contado en moneda dura, ya que nadie le da crédito al Gobierno. La trágica realidad es que ya no hay suficientes dólares para importar lo que hace falta para nutrir y medicar adecuadamente a todos los venezolanos. Y esta tragedia la crearon Chávez, Maduro y sus aliados cubanos… solitos. Sin ayuda de Washington.

Y esta es la tercera razón. La tragedia venezolana tiene responsables muy claros. El mundo ya ha entendido que los venezolanos sufren por culpa de la oligarquía chavista que ha gobernado al país durante 18 años bajo la tutela de La Habana. Ahora ni siquiera los simpatizantes más fanáticos pueden defender los resultados de esa revolución bolivariana sin hacer el ridículo. Un bloqueo petrolero impuesto por Donald Trump sería una maravillosa y oportuna tabla de salvación política para Maduro. Trump sería presentado como el responsable del hambre de los venezolanos. Maduro ha venido denunciando la “guerra económica declarada por el imperio del norte contra Venezuela” como la causa de los males del país. El bloqueo petrolero le daría la coartada perfecta.

No lo haga, presidente Trump.

@MoisesNaim

Recortes en la Orden 18 sin avisar. ¿Cuando el Estado no es serio qué se espera de los ciudadanos?

Origen: Recortes en la Orden 18 sin avisar a los interesados | Diario de Cuba

Recortes en la Orden 18 sin avisar a los interesados

Jóvenes que terminan el Servicio Militar Obligatorio. (JUVENTUD REBELDE)

Desde hace tres años la Orden 18 del ministro de las FAR ha sido modificada. El único pronunciamiento oficial al respecto proviene del coronel Elson Labrada Cruz, especialista de la Dirección de Organización y Personal del MINFAR, en entrevista concedida a la revista Verde Olivo. Sin embargo, los problemas que ocasiona la modificación fueron totalmente omitidos en dicha entrevista.

La Orden 18 ofrece una continuidad de estudios para los reclutas del Servicio Militar Activo. Sus beneficiarios son enviados a una escuela preparatoria, con el fin de estudiar para las pruebas de ingreso a la Universidad. Anteriormente, se les liberaba de sus obligaciones militares seis meses antes de lo correspondiente. Desde la modificación sufrida son liberados solo después de que concluyen el tiempo de servicio en el ejército.

La mayoría de los jóvenes que pasan el servicio militar, obligatorio en Cuba, deben hacerlo por un período de dos años. Solo aquellos que adquirieron una carrera universitaria durante el preuniversitario pasan un año.

Las peticiones para acogerse a la Orden 18 han descendido abruptamente y, salvo unos pocos jóvenes verdaderamente interesados en estudiar en la Universidad, nadie la pide, según confirma un trabajador de la Oficina de Organización y Personal de la Región Militar Habana.

Jóvenes entrevistados para este reportaje señalan que les era muy difícil ir a la Universidad después de pasar dos años desconectados de cualquier tipo de estudio civil. También insisten en la necesidad de conseguir un trabajo para mantenerse después de dos años con un salario de 45 CUP mensuales. Aquellos que aún así deciden acogerse a la Orden 18, declaran que la pérdida de tiempo les dificulta reinsertarse en el sistema educativo.

Mario, joven de 20 años, dice: “Imagínate, después de dos años cortando marabú, me dieron la dichosa orden, pero como terminaba en enero solo me quedaban un par de meses para presentarme a las pruebas de ingreso. Al final lo logré de puro milagro, pero me pusieron a sudar frío”.

Hasta el momento no se ha ofrecido ninguna explicación oficial sobre los motivos que llevaron al cambio en los estatutos de la Orden 18.

Entre las causas más probables pueden estar las altas cifras de abandono de las carreras. Un número bastante alto de los seleccionados, una vez terminaban los meses de preparación para las pruebas de ingreso, preferían no presentarse a la Universidad. La gran mayoría simplemente la utilizaba como medio para salir cuanto antes del Servicio Militar.

Alfredo, joven de 25 años, comenta: “El problema es que en la escuela preparatoria te toman asistencia. Así que, si faltabas mucho y se ponían para ti, podían mandarte de nuevo para tu unidad. Pero una vez te daban la carrera ya estabas totalmente libre y eso era lo que tú querías en realidad. Irte tranquilo para tu casa”.

El cambio en la Orden 18 se ha realizado con una discreción bastante notable. Algunos oficiales de las FAR entrevistados para este reportaje aseguran que es una manera de mantener el poder sobre los reclutas en las unidades.

Un teniente dice: “Cuando entran están demasiado rebeldes, así que tienes una carta bajo la manga y les dices que tienen que portarse bien, que los estás observando, y que si les dan la Orden 18 pueden irse seis meses antes. Ya después se enteran de la verdad, pero tú estás a punto de quitártelos de arriba”.

Para acceder a la Orden 18 deben de cumplirse una serie de requisitos, entre los cuales se encuentran tener el doceno grado aprobado, ser considerado un soldado y revolucionario ejemplar, ser avalado por oficiales y reclutas, y cumplir con las tareas asignadas.

La desinformación existente en Cuba alrededor del Servicio Militar hace que muchas familias solo puedan conocer acerca del fenómeno a través de la vivencia de sus propios hijos. Aunque se supone que los Comités Militares brinden orientación sobre el proceso, en la práctica suelen mantener algunos de los cambios y leyes extraoficialmente para garantizar las cuotas de reclutamiento.

María, madre de un joven en el Servicio, cuenta: “En el Comité Militar que reclutó a mi hijo nos dijeron a los padres que teníamos que hablar con ellos para que se alistaran sin problemas. Que eso después los beneficiaba porque podían pedir baja por estímulo y, los que tuvieran doceno grado, la Orden 18. Al final, me pasé un año diciéndole a mi hijo que se portara bien, que bajara la cabeza para que le dieran la Orden 18 y pudiera salir antes. Entonces salieron con eso de que habían cambiado la orden hace tiempo. Me engañaron”.

Ana, madre de otro joven recluta, dice: “Nunca nos dijeron nada de la modificación. En la unidad de mi hijo hicieron el otorgamiento en el tiempo establecido. Después le decían todos los meses que estaban esperando que les avisaran para sacarlo de allí y mandarlo para la escuela. Lo trajinaron a la cara”.

El Gran Error de Juan Manuel Santos con Castro en Cuba respecto a Venezuela

Origen: La última partida de póker de Juan Manuel Santos | Diario de Cuba

Leo en La Patilla, una vibrante web venezolana, que Nicolás Maduro llamó “traidor” a Juan Manuel Santos por haber ido a Cuba a reclutar a Raúl Castro para ponerle fin a la Constituyente que se propone convocar el 30 de julio.

Me parece excesivo. Si lo hubiera calificado de “tonto” o de “ingenuo” hubiese resultado más razonable. Nicolás Maduro es hechura de Raúl Castro. Él y Fidel lo eligieron como virrey para la riquísima colonia sudamericana, se lo “vendieron” a un moribundo Hugo Chávez con la ayuda de Lula da Silva,  y lo sostendrán hasta el último venezolano. La gestión de Santos era ridícula.

Santos (y con él muchos mandatarios hispanoamericanos) no acaba de entender que Raúl Castro, como lo era Fidel, es un tirano comunista, serio y comprometido, que posee un claro sentido de sus lealtades. Raúl no sirvió de puente para salvar de la violencia a los colombianos, algo que probablemente lo complace, sino para rescatar a las FARC en su peor momento, tras las muertes sucesivas de Raúl Reyes, “Mono Jojoy” y Alfonso Cano. En la etapa de los bombardeos aéreos quirúrgicos y los mortíferos drones era una cuestión de tiempo que toda la dirigencia fuera exterminada.

Raúl puede ser una persona amable y risueña con sus interlocutores, pero eso no significa nada. Con esa misma actitud, de la mano de Fidel, su hermano y padre emocional,  mandó fusilar a sus amigos el general Arnaldo Ochoa y el coronel Tony de la Guardia. Su prioridad es “la revolución”, lo que le exige mantenerse en el poder a cualquier costo y tratar de sostener a los proveedores más obsequiosos, como Maduro, el primero de todos.

Recuerdo, con cierto estupor, una reunión que tuve con el presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari en su oficina de Los Pinos. Me acompañaba Juan Suárez-Rivas, entonces vicepresidente de la Unión Liberal Cubana. Junto al gobernante se sentaba su asesor José de Córdoba Montoya. Salinas nos contó que hacía pocas fechas había juntado en el Caribe mexicano a Fidel Castro con los presidentes César Gaviria (Colombia), y Carlos Andrés Pérez (Venezuela), para tratar de ayudar al dictador cubano en su peor momento económico y social, tras la desaparición de la URSS, de los subsidios que recibía y del enterramiento simbólico del marxismo-leninismo.

Fidel Castro, para sorpresa de Salinas, que es un economista educado y racional, los acusó de prestarse al juego desalentador de la CIA, cuando lo que realmente estaba a punto de ocurrir era el colapso del mundo capitalista occidental. El cubano, en su fiera militancia comunista, resultaba indiferente a la realidad. Como lo es Raúl, aunque sepa, desde hace mucho tiempo, que el sistema es un completo desastre. Las anteojeras ideológicas son eso: una exoneración del sentido común y de la necesidad de actuar coherentemente.

Pero lo más interesante es que ninguno de ellos —ni Salinas, ni Gaviria, ni Carlos Andrés Pérez— percibía al comandante como lo que era objetivamente: un aventurero comunista decidido a implantar a tiros el régimen en el que creía. Un enemigo de las ideas republicanas con que se habían forjado las naciones latinoamericanas, que no había vacilado en alentar la creación de movimientos guerrilleros en medio planeta, pero especialmente en Colombia y Venezuela, sin olvidar las guerras africanas de Angola y Etiopía, conflictos bélicos por los que pasaron medio millón de soldados cubanos a lo largo de los 15 años que duraron las batallas y la ocupación.

Juan Manuel Santos es solo el último de los presidentes latinoamericanos que han caído en la trampa de creer que los mandatarios cubanos  —incluido el comandante muerto en noviembre pasado—  eran sus amigos. Raúl Castro lo escuchó e inmediatamente le ordenó a su discípulo Maduro que resistiera rodilla en tierra.

El gran error de cualquier estadista es no saber identificar a sus verdaderos enemigos. Santos lo ha cometido. (No lo cometieron, por cierto, Rómulo Betancourt, Luis Alberto Lacalle, Washington Beltrán y otros pocos gobernantes bien preparados.) Dicen que Santos es un gran jugador de póker. No lo parece. Raúl y Maduro le han ganado la partida. Al menos por ahora.