Padura se “escapa” a España y lo entrevistan

“Me gustaría que Cuba se convirtiera en un país normal”

Leonardo Padura (Mantilla, Cuba, 1955) está en Madrid. En su Feria del Libro ha presentado su última obra, El viaje más largo, editado por Ediciones NED / Futuro Anterior; es un conjunto de sus reportajes publicados en los años ochenta en distintos medios cubanos. El autor deEl hombre que amaba los perros (Tusquets, como casi todos sus libros) explica aquí cómo el periodismo influyó en su literatura y qué visión tiene hoy de su país, qué futuro querría para él.

  1. Hay muchos personajes en sus novelas, y hay personas concretas, Hemingway, Trotsky, Mercader, José María Heredia, Stalin… ¿Le ha ayudado el periodismo a tener esa relación con la realidad desde la ficción?

Soy un escritor-periodista, o un periodista-escritor, mi carrera ha sido paralela. La creación periodística ha sido una escuela. En El viaje más largo, hay una serie de reportajes en los que se construyen personajes reales porque es periodismo, pero están concebidos de forma literaria. El personaje histórico tiene, sin embargo, un problema muy grave para el escritor de ficciones. Y es que la vida no siempre es dramática en el sentido literario. [El protagonista de La novela de mi vida], Heredia, por ejemplo. Su vida fue trágica, pero si la cuentas de la forma en que ocurrió no funciona en la literatura de manera dramática, tienes que intervenir y hacer las adecuaciones necesarias.

  1. Todas sus novelas le sirven para hablar muy en primera persona de su país y sobre todo de La Habana.

Toda mi literatura está escrita en función de lo que ha sido y es Cuba, esto también es parte del periodismo. Este libro de reportajes de los años ochenta y en toda una serie de trabajos que se remiten al siglo XVIII y XIX son una especie de búsqueda de los orígenes de lo cubano. Ese sentido de pertenencia a Cuba, a La Habana, a un barrio de La Habana que se llama Mantilla, es como una obsesión, es mi signo de identidad literario. He tratado de reflejar la vida de los cubanos, y sobre todo la vida de La Habana. Es una ciudad que me habla, que se comunica conmigo, en la que conozco cómo reaccionan las personas, cómo viven, cuáles son sus aspiraciones y frustraciones.

  1. Ha dicho que la contemplación de los personajes reales o ficticios que crea le ha ayudado a interpretar por qué esa isla es como es. ¿Cómo es?

Cuba es un país desproporcionado, ha tenido una proyección universal mucho mayor que sus dimensiones geográficas. Desde el siglo XIX, cuando ya comienza a ser una nación con características independientes, empieza a tener una proyección hacia fuera y una creación interior muy importante. Primero está la parte económica, en el XIX se convierte en un país riquísimo. Es el momento en que empieza a producirse una creación literaria y cultural que desborda los márgenes cubanos. Heredia es el primer caso, pero en el siglo XIX, entre los siete u ocho poetas más importantes de la lengua hay tres cubanos, Heredia, Martí y Julián del Casal. En el XX Cuba da autores como Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Guillermo Cabrera Infante, de una gran proyección. Alicia Alonso que es una de las grandes bailarinas del siglo; hay un campeón mundial de ajedrez, José Raúl Capablanca, y eso hace que se vea una isla desproporcionada. Se produce una revolución y Cuba se convierte en un referente para la izquierda universal, sobre todo para la latinoamericana y ha estado en el centro de la atención. Ese sentimiento de grandeza, de desproporción, nos ha acompañado desde los orígenes hasta estos momentos.

  1. ¿Cómo se manifiesta el carácter desproporcionado de Cuba?

Todavía se le mira en el mundo con una lupa muy especial; también ha tenido un reflejo en proyecciones concretas, en América Latina, en países como México o Argentina, con gran tradición literaria tienen un grupo de escritores instalados en la referencia universal europea o norteamericana; la otra es Cuba. Hoy creo que se mira a Cuba con la perspectiva de qué es lo que va a ocurrir en ese país.

  1. ¿Qué va a ocurrir?

Es lo que no sé, es muy difícil hacer predicciones de futuro.

  1. ¿A usted qué le gustaría?

Me gustaría que se convirtiera en un país más normal, en el que las personas trabajaran y tuvieran un resultado de su trabajo que les permitiera vivir dignamente. Para que llegue esa normalidad hay que resolver problemas económicos muy profundos. Hubo un periodo de excesivo romanticismo político y deficiente preocupación por lo económico y creo que se está entrando en otro de un mayor pragmatismo económico y también político. Raúl Castro ha anunciado que termina su mandato en 2018 y ahí se abre la gran interrogación, cómo continuará siendo Cuba cuando ni Fidel ni Raúl estén al frente del país.

  1. Dice en el prólogo a El viaje más largo que la “mediocridad oficializada” había marginado a grandes figuras. ¿Qué consecuencias ha tenido esa marginación oficial de la realidad cultural y literaria de la isla?

Se puede marcar 1971 como el principio de ese periodo, aunque dos o tres años antes se venía gestando lo que se ha llamado el quinquenio gris o el decenio negro de la cultura cubana, la época de la marginación de un grupo de importantes figuras de la literatura, la plástica, del cine o el teatro por razones religiosas, sexuales o de otro tipo porque eran incómodos para los códigos de aquel momento. Eso se sumó a la marginación que ya existía de los artistas que salían a vivir fuera de Cuba, prácticamente considerados cadáveres literarios. De Cabrera Infante y de muchos otros que salieron no se volvió a publicar nada en Cuba. A finales de los años ochenta, principio de los noventa empezó la recuperación de una parte de las grandes figuras de los años setenta que estuvieron marginados. Pintores como Servando Cabrera o escritores como Lezama y Virgilio Piñera. El rescate de estas figuras fue algo tan necesario que se convirtió en un culto… Por otra parte los escritores iban teniendo acceso a esa literatura que no se publicaba en Cuba. Una de las educaciones estéticas fundamentales de toda mi generación literaria estuvo en la lectura de Cabrera Infante porque es imposible escribir en cubano sin haber leído su obra, es el creador del idioma habanero literario.

  1. A Hemingway le dijo un día el redactor jefe que le mandara verbos. ¿Cuáles serían los verbos cubanos de hoy y los que usted escucha?

El verbo cubano más practicado es resolver. Resolver en Cuba significa encontrar los medios legales, semilegales o ilegales de arreglar tu vida cotidiana, resolver lo abarca todo, no se puede entender la vida cubana sin entender lo que para los cubanos significa el verbo resolver.

Fuente: www.elpais.com

“Me gustaría que Cuba se convirtiera en un país normal”

07/06/2014-17:00 Vida
4 0 8

Leonardo Padura.Leonardo Padura (Mantilla, Cuba, 1955) está en Madrid. En su Feria del Libro ha presentado su última obra, El viaje más largo, editado por Ediciones NED / Futuro Anterior; es un conjunto de sus reportajes publicados en los años ochenta en distintos medios cubanos. El autor deEl hombre que amaba los perros (Tusquets, como casi todos sus libros) explica aquí cómo el periodismo influyó en su literatura y qué visión tiene hoy de su país, qué futuro querría para él.

Pregunta. Hay muchos personajes en sus novelas, y hay personas concretas, Hemingway, Trotsky, Mercader, José María Heredia, Stalin… ¿Le ha ayudado el periodismo a tener esa relación con la realidad desde la ficción?

Respuesta. Soy un escritor-periodista, o un periodista-escritor, mi carrera ha sido paralela. La creación periodística ha sido una escuela. En El viaje más largo, hay una serie de reportajes en los que se construyen personajes reales porque es periodismo, pero están concebidos de forma literaria. El personaje histórico tiene, sin embargo, un problema muy grave para el escritor de ficciones. Y es que la vida no siempre es dramática en el sentido literario. [El protagonista de La novela de mi vida], Heredia, por ejemplo. Su vida fue trágica, pero si la cuentas de la forma en que ocurrió no funciona en la literatura de manera dramática, tienes que intervenir y hacer las adecuaciones necesarias.

P. Todas sus novelas le sirven para hablar muy en primera persona de su país y sobre todo de La Habana.

R. Toda mi literatura está escrita en función de lo que ha sido y es Cuba, esto también es parte del periodismo. Este libro de reportajes de los años ochenta y en toda una serie de trabajos que se remiten al siglo XVIII y XIX son una especie de búsqueda de los orígenes de lo cubano. Ese sentido de pertenencia a Cuba, a La Habana, a un barrio de La Habana que se llama Mantilla, es como una obsesión, es mi signo de identidad literario. He tratado de reflejar la vida de los cubanos, y sobre todo la vida de La Habana. Es una ciudad que me habla, que se comunica conmigo, en la que conozco cómo reaccionan las personas, cómo viven, cuáles son sus aspiraciones y frustraciones.

P. Ha dicho que la contemplación de los personajes reales o ficticios que crea le ha ayudado a interpretar por qué esa isla es como es. ¿Cómo es?

R. Cuba es un país desproporcionado, ha tenido una proyección universal mucho mayor que sus dimensiones geográficas. Desde el siglo XIX, cuando ya comienza a ser una nación con características independientes, empieza a tener una proyección hacia fuera y una creación interior muy importante. Primero está la parte económica, en el XIX se convierte en un país riquísimo. Es el momento en que empieza a producirse una creación literaria y cultural que desborda los márgenes cubanos. Heredia es el primer caso, pero en el siglo XIX, entre los siete u ocho poetas más importantes de la lengua hay tres cubanos, Heredia, Martí y Julián del Casal. En el XX Cuba da autores como Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Guillermo Cabrera Infante, de una gran proyección. Alicia Alonso que es una de las grandes bailarinas del siglo; hay un campeón mundial de ajedrez, José Raúl Capablanca, y eso hace que se vea una isla desproporcionada. Se produce una revolución y Cuba se convierte en un referente para la izquierda universal, sobre todo para la latinoamericana y ha estado en el centro de la atención. Ese sentimiento de grandeza, de desproporción, nos ha acompañado desde los orígenes hasta estos momentos.

P. ¿Cómo se manifiesta el carácter desproporcionado de Cuba?

R. Todavía se le mira en el mundo con una lupa muy especial; también ha tenido un reflejo en proyecciones concretas, en América Latina, en países como México o Argentina, con gran tradición literaria tienen un grupo de escritores instalados en la referencia universal europea o norteamericana; la otra es Cuba. Hoy creo que se mira a Cuba con la perspectiva de qué es lo que va a ocurrir en ese país.

P. ¿Qué va a ocurrir?

R. Es lo que no sé, es muy difícil hacer predicciones de futuro.

P. ¿A usted qué le gustaría?

R. Me gustaría que se convirtiera en un país más normal, en el que las personas trabajaran y tuvieran un resultado de su trabajo que les permitiera vivir dignamente. Para que llegue esa normalidad hay que resolver problemas económicos muy profundos. Hubo un periodo de excesivo romanticismo político y deficiente preocupación por lo económico y creo que se está entrando en otro de un mayor pragmatismo económico y también político. Raúl Castro ha anunciado que termina su mandato en 2018 y ahí se abre la gran interrogación, cómo continuará siendo Cuba cuando ni Fidel ni Raúl estén al frente del país.

P. Dice en el prólogo a El viaje más largo que la “mediocridad oficializada” había marginado a grandes figuras. ¿Qué consecuencias ha tenido esa marginación oficial de la realidad cultural y literaria de la isla?

R. Se puede marcar 1971 como el principio de ese periodo, aunque dos o tres años antes se venía gestando lo que se ha llamado el quinquenio gris o el decenio negro de la cultura cubana, la época de la marginación de un grupo de importantes figuras de la literatura, la plástica, del cine o el teatro por razones religiosas, sexuales o de otro tipo porque eran incómodos para los códigos de aquel momento. Eso se sumó a la marginación que ya existía de los artistas que salían a vivir fuera de Cuba, prácticamente considerados cadáveres literarios. De Cabrera Infante y de muchos otros que salieron no se volvió a publicar nada en Cuba. A finales de los años ochenta, principio de los noventa empezó la recuperación de una parte de las grandes figuras de los años setenta que estuvieron marginados. Pintores como Servando Cabrera o escritores como Lezama y Virgilio Piñera. El rescate de estas figuras fue algo tan necesario que se convirtió en un culto… Por otra parte los escritores iban teniendo acceso a esa literatura que no se publicaba en Cuba. Una de las educaciones estéticas fundamentales de toda mi generación literaria estuvo en la lectura de Cabrera Infante porque es imposible escribir en cubano sin haber leído su obra, es el creador del idioma habanero literario.

P. A Hemingway le dijo un día el redactor jefe que le mandara verbos. ¿Cuáles serían los verbos cubanos de hoy y los que usted escucha?

R. El verbo cubano más practicado es resolver. Resolver en Cuba significa encontrar los medios legales, semilegales o ilegales de arreglar tu vida cotidiana, resolver lo abarca todo, no se puede entender la vida cubana sin entender lo que para los cubanos significa el verbo resolver.

Fuente: www.elpais.com

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“Me gustaría que Cuba se convirtiera en un país normal”

07/06/2014-17:00 Vida
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Leonardo Padura.Leonardo Padura (Mantilla, Cuba, 1955) está en Madrid. En su Feria del Libro ha presentado su última obra, El viaje más largo, editado por Ediciones NED / Futuro Anterior; es un conjunto de sus reportajes publicados en los años ochenta en distintos medios cubanos. El autor deEl hombre que amaba los perros (Tusquets, como casi todos sus libros) explica aquí cómo el periodismo influyó en su literatura y qué visión tiene hoy de su país, qué futuro querría para él.

Pregunta. Hay muchos personajes en sus novelas, y hay personas concretas, Hemingway, Trotsky, Mercader, José María Heredia, Stalin… ¿Le ha ayudado el periodismo a tener esa relación con la realidad desde la ficción?

Respuesta. Soy un escritor-periodista, o un periodista-escritor, mi carrera ha sido paralela. La creación periodística ha sido una escuela. En El viaje más largo, hay una serie de reportajes en los que se construyen personajes reales porque es periodismo, pero están concebidos de forma literaria. El personaje histórico tiene, sin embargo, un problema muy grave para el escritor de ficciones. Y es que la vida no siempre es dramática en el sentido literario. [El protagonista de La novela de mi vida], Heredia, por ejemplo. Su vida fue trágica, pero si la cuentas de la forma en que ocurrió no funciona en la literatura de manera dramática, tienes que intervenir y hacer las adecuaciones necesarias.

P. Todas sus novelas le sirven para hablar muy en primera persona de su país y sobre todo de La Habana.

R. Toda mi literatura está escrita en función de lo que ha sido y es Cuba, esto también es parte del periodismo. Este libro de reportajes de los años ochenta y en toda una serie de trabajos que se remiten al siglo XVIII y XIX son una especie de búsqueda de los orígenes de lo cubano. Ese sentido de pertenencia a Cuba, a La Habana, a un barrio de La Habana que se llama Mantilla, es como una obsesión, es mi signo de identidad literario. He tratado de reflejar la vida de los cubanos, y sobre todo la vida de La Habana. Es una ciudad que me habla, que se comunica conmigo, en la que conozco cómo reaccionan las personas, cómo viven, cuáles son sus aspiraciones y frustraciones.

P. Ha dicho que la contemplación de los personajes reales o ficticios que crea le ha ayudado a interpretar por qué esa isla es como es. ¿Cómo es?

R. Cuba es un país desproporcionado, ha tenido una proyección universal mucho mayor que sus dimensiones geográficas. Desde el siglo XIX, cuando ya comienza a ser una nación con características independientes, empieza a tener una proyección hacia fuera y una creación interior muy importante. Primero está la parte económica, en el XIX se convierte en un país riquísimo. Es el momento en que empieza a producirse una creación literaria y cultural que desborda los márgenes cubanos. Heredia es el primer caso, pero en el siglo XIX, entre los siete u ocho poetas más importantes de la lengua hay tres cubanos, Heredia, Martí y Julián del Casal. En el XX Cuba da autores como Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Guillermo Cabrera Infante, de una gran proyección. Alicia Alonso que es una de las grandes bailarinas del siglo; hay un campeón mundial de ajedrez, José Raúl Capablanca, y eso hace que se vea una isla desproporcionada. Se produce una revolución y Cuba se convierte en un referente para la izquierda universal, sobre todo para la latinoamericana y ha estado en el centro de la atención. Ese sentimiento de grandeza, de desproporción, nos ha acompañado desde los orígenes hasta estos momentos.

P. ¿Cómo se manifiesta el carácter desproporcionado de Cuba?

R. Todavía se le mira en el mundo con una lupa muy especial; también ha tenido un reflejo en proyecciones concretas, en América Latina, en países como México o Argentina, con gran tradición literaria tienen un grupo de escritores instalados en la referencia universal europea o norteamericana; la otra es Cuba. Hoy creo que se mira a Cuba con la perspectiva de qué es lo que va a ocurrir en ese país.

P. ¿Qué va a ocurrir?

R. Es lo que no sé, es muy difícil hacer predicciones de futuro.

P. ¿A usted qué le gustaría?

R. Me gustaría que se convirtiera en un país más normal, en el que las personas trabajaran y tuvieran un resultado de su trabajo que les permitiera vivir dignamente. Para que llegue esa normalidad hay que resolver problemas económicos muy profundos. Hubo un periodo de excesivo romanticismo político y deficiente preocupación por lo económico y creo que se está entrando en otro de un mayor pragmatismo económico y también político. Raúl Castro ha anunciado que termina su mandato en 2018 y ahí se abre la gran interrogación, cómo continuará siendo Cuba cuando ni Fidel ni Raúl estén al frente del país.

P. Dice en el prólogo a El viaje más largo que la “mediocridad oficializada” había marginado a grandes figuras. ¿Qué consecuencias ha tenido esa marginación oficial de la realidad cultural y literaria de la isla?

R. Se puede marcar 1971 como el principio de ese periodo, aunque dos o tres años antes se venía gestando lo que se ha llamado el quinquenio gris o el decenio negro de la cultura cubana, la época de la marginación de un grupo de importantes figuras de la literatura, la plástica, del cine o el teatro por razones religiosas, sexuales o de otro tipo porque eran incómodos para los códigos de aquel momento. Eso se sumó a la marginación que ya existía de los artistas que salían a vivir fuera de Cuba, prácticamente considerados cadáveres literarios. De Cabrera Infante y de muchos otros que salieron no se volvió a publicar nada en Cuba. A finales de los años ochenta, principio de los noventa empezó la recuperación de una parte de las grandes figuras de los años setenta que estuvieron marginados. Pintores como Servando Cabrera o escritores como Lezama y Virgilio Piñera. El rescate de estas figuras fue algo tan necesario que se convirtió en un culto… Por otra parte los escritores iban teniendo acceso a esa literatura que no se publicaba en Cuba. Una de las educaciones estéticas fundamentales de toda mi generación literaria estuvo en la lectura de Cabrera Infante porque es imposible escribir en cubano sin haber leído su obra, es el creador del idioma habanero literario.

P. A Hemingway le dijo un día el redactor jefe que le mandara verbos. ¿Cuáles serían los verbos cubanos de hoy y los que usted escucha?

R. El verbo cubano más practicado es resolver. Resolver en Cuba significa encontrar los medios legales, semilegales o ilegales de arreglar tu vida cotidiana, resolver lo abarca todo, no se puede entender la vida cubana sin entender lo que para los cubanos significa el verbo resolver.

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“Me gustaría que Cuba se convirtiera en un país normal”

07/06/2014-17:00 Vida
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Leonardo Padura.Leonardo Padura (Mantilla, Cuba, 1955) está en Madrid. En su Feria del Libro ha presentado su última obra, El viaje más largo, editado por Ediciones NED / Futuro Anterior; es un conjunto de sus reportajes publicados en los años ochenta en distintos medios cubanos. El autor deEl hombre que amaba los perros (Tusquets, como casi todos sus libros) explica aquí cómo el periodismo influyó en su literatura y qué visión tiene hoy de su país, qué futuro querría para él.

Pregunta. Hay muchos personajes en sus novelas, y hay personas concretas, Hemingway, Trotsky, Mercader, José María Heredia, Stalin… ¿Le ha ayudado el periodismo a tener esa relación con la realidad desde la ficción?

Respuesta. Soy un escritor-periodista, o un periodista-escritor, mi carrera ha sido paralela. La creación periodística ha sido una escuela. En El viaje más largo, hay una serie de reportajes en los que se construyen personajes reales porque es periodismo, pero están concebidos de forma literaria. El personaje histórico tiene, sin embargo, un problema muy grave para el escritor de ficciones. Y es que la vida no siempre es dramática en el sentido literario. [El protagonista de La novela de mi vida], Heredia, por ejemplo. Su vida fue trágica, pero si la cuentas de la forma en que ocurrió no funciona en la literatura de manera dramática, tienes que intervenir y hacer las adecuaciones necesarias.

P. Todas sus novelas le sirven para hablar muy en primera persona de su país y sobre todo de La Habana.

R. Toda mi literatura está escrita en función de lo que ha sido y es Cuba, esto también es parte del periodismo. Este libro de reportajes de los años ochenta y en toda una serie de trabajos que se remiten al siglo XVIII y XIX son una especie de búsqueda de los orígenes de lo cubano. Ese sentido de pertenencia a Cuba, a La Habana, a un barrio de La Habana que se llama Mantilla, es como una obsesión, es mi signo de identidad literario. He tratado de reflejar la vida de los cubanos, y sobre todo la vida de La Habana. Es una ciudad que me habla, que se comunica conmigo, en la que conozco cómo reaccionan las personas, cómo viven, cuáles son sus aspiraciones y frustraciones.

P. Ha dicho que la contemplación de los personajes reales o ficticios que crea le ha ayudado a interpretar por qué esa isla es como es. ¿Cómo es?

R. Cuba es un país desproporcionado, ha tenido una proyección universal mucho mayor que sus dimensiones geográficas. Desde el siglo XIX, cuando ya comienza a ser una nación con características independientes, empieza a tener una proyección hacia fuera y una creación interior muy importante. Primero está la parte económica, en el XIX se convierte en un país riquísimo. Es el momento en que empieza a producirse una creación literaria y cultural que desborda los márgenes cubanos. Heredia es el primer caso, pero en el siglo XIX, entre los siete u ocho poetas más importantes de la lengua hay tres cubanos, Heredia, Martí y Julián del Casal. En el XX Cuba da autores como Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Guillermo Cabrera Infante, de una gran proyección. Alicia Alonso que es una de las grandes bailarinas del siglo; hay un campeón mundial de ajedrez, José Raúl Capablanca, y eso hace que se vea una isla desproporcionada. Se produce una revolución y Cuba se convierte en un referente para la izquierda universal, sobre todo para la latinoamericana y ha estado en el centro de la atención. Ese sentimiento de grandeza, de desproporción, nos ha acompañado desde los orígenes hasta estos momentos.

P. ¿Cómo se manifiesta el carácter desproporcionado de Cuba?

R. Todavía se le mira en el mundo con una lupa muy especial; también ha tenido un reflejo en proyecciones concretas, en América Latina, en países como México o Argentina, con gran tradición literaria tienen un grupo de escritores instalados en la referencia universal europea o norteamericana; la otra es Cuba. Hoy creo que se mira a Cuba con la perspectiva de qué es lo que va a ocurrir en ese país.

P. ¿Qué va a ocurrir?

R. Es lo que no sé, es muy difícil hacer predicciones de futuro.

P. ¿A usted qué le gustaría?

R. Me gustaría que se convirtiera en un país más normal, en el que las personas trabajaran y tuvieran un resultado de su trabajo que les permitiera vivir dignamente. Para que llegue esa normalidad hay que resolver problemas económicos muy profundos. Hubo un periodo de excesivo romanticismo político y deficiente preocupación por lo económico y creo que se está entrando en otro de un mayor pragmatismo económico y también político. Raúl Castro ha anunciado que termina su mandato en 2018 y ahí se abre la gran interrogación, cómo continuará siendo Cuba cuando ni Fidel ni Raúl estén al frente del país.

P. Dice en el prólogo a El viaje más largo que la “mediocridad oficializada” había marginado a grandes figuras. ¿Qué consecuencias ha tenido esa marginación oficial de la realidad cultural y literaria de la isla?

R. Se puede marcar 1971 como el principio de ese periodo, aunque dos o tres años antes se venía gestando lo que se ha llamado el quinquenio gris o el decenio negro de la cultura cubana, la época de la marginación de un grupo de importantes figuras de la literatura, la plástica, del cine o el teatro por razones religiosas, sexuales o de otro tipo porque eran incómodos para los códigos de aquel momento. Eso se sumó a la marginación que ya existía de los artistas que salían a vivir fuera de Cuba, prácticamente considerados cadáveres literarios. De Cabrera Infante y de muchos otros que salieron no se volvió a publicar nada en Cuba. A finales de los años ochenta, principio de los noventa empezó la recuperación de una parte de las grandes figuras de los años setenta que estuvieron marginados. Pintores como Servando Cabrera o escritores como Lezama y Virgilio Piñera. El rescate de estas figuras fue algo tan necesario que se convirtió en un culto… Por otra parte los escritores iban teniendo acceso a esa literatura que no se publicaba en Cuba. Una de las educaciones estéticas fundamentales de toda mi generación literaria estuvo en la lectura de Cabrera Infante porque es imposible escribir en cubano sin haber leído su obra, es el creador del idioma habanero literario.

P. A Hemingway le dijo un día el redactor jefe que le mandara verbos. ¿Cuáles serían los verbos cubanos de hoy y los que usted escucha?

R. El verbo cubano más practicado es resolver. Resolver en Cuba significa encontrar los medios legales, semilegales o ilegales de arreglar tu vida cotidiana, resolver lo abarca todo, no se puede entender la vida cubana sin entender lo que para los cubanos significa el verbo resolver.

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07/06/2014-17:00 Vida
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Leonardo Padura.Leonardo Padura (Mantilla, Cuba, 1955) está en Madrid. En su Feria del Libro ha presentado su última obra, El viaje más largo, editado por Ediciones NED / Futuro Anterior; es un conjunto de sus reportajes publicados en los años ochenta en distintos medios cubanos. El autor deEl hombre que amaba los perros (Tusquets, como casi todos sus libros) explica aquí cómo el periodismo influyó en su literatura y qué visión tiene hoy de su país, qué futuro querría para él.

Pregunta. Hay muchos personajes en sus novelas, y hay personas concretas, Hemingway, Trotsky, Mercader, José María Heredia, Stalin… ¿Le ha ayudado el periodismo a tener esa relación con la realidad desde la ficción?

Respuesta. Soy un escritor-periodista, o un periodista-escritor, mi carrera ha sido paralela. La creación periodística ha sido una escuela. En El viaje más largo, hay una serie de reportajes en los que se construyen personajes reales porque es periodismo, pero están concebidos de forma literaria. El personaje histórico tiene, sin embargo, un problema muy grave para el escritor de ficciones. Y es que la vida no siempre es dramática en el sentido literario. [El protagonista de La novela de mi vida], Heredia, por ejemplo. Su vida fue trágica, pero si la cuentas de la forma en que ocurrió no funciona en la literatura de manera dramática, tienes que intervenir y hacer las adecuaciones necesarias.

P. Todas sus novelas le sirven para hablar muy en primera persona de su país y sobre todo de La Habana.

R. Toda mi literatura está escrita en función de lo que ha sido y es Cuba, esto también es parte del periodismo. Este libro de reportajes de los años ochenta y en toda una serie de trabajos que se remiten al siglo XVIII y XIX son una especie de búsqueda de los orígenes de lo cubano. Ese sentido de pertenencia a Cuba, a La Habana, a un barrio de La Habana que se llama Mantilla, es como una obsesión, es mi signo de identidad literario. He tratado de reflejar la vida de los cubanos, y sobre todo la vida de La Habana. Es una ciudad que me habla, que se comunica conmigo, en la que conozco cómo reaccionan las personas, cómo viven, cuáles son sus aspiraciones y frustraciones.

P. Ha dicho que la contemplación de los personajes reales o ficticios que crea le ha ayudado a interpretar por qué esa isla es como es. ¿Cómo es?

R. Cuba es un país desproporcionado, ha tenido una proyección universal mucho mayor que sus dimensiones geográficas. Desde el siglo XIX, cuando ya comienza a ser una nación con características independientes, empieza a tener una proyección hacia fuera y una creación interior muy importante. Primero está la parte económica, en el XIX se convierte en un país riquísimo. Es el momento en que empieza a producirse una creación literaria y cultural que desborda los márgenes cubanos. Heredia es el primer caso, pero en el siglo XIX, entre los siete u ocho poetas más importantes de la lengua hay tres cubanos, Heredia, Martí y Julián del Casal. En el XX Cuba da autores como Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Guillermo Cabrera Infante, de una gran proyección. Alicia Alonso que es una de las grandes bailarinas del siglo; hay un campeón mundial de ajedrez, José Raúl Capablanca, y eso hace que se vea una isla desproporcionada. Se produce una revolución y Cuba se convierte en un referente para la izquierda universal, sobre todo para la latinoamericana y ha estado en el centro de la atención. Ese sentimiento de grandeza, de desproporción, nos ha acompañado desde los orígenes hasta estos momentos.

P. ¿Cómo se manifiesta el carácter desproporcionado de Cuba?

R. Todavía se le mira en el mundo con una lupa muy especial; también ha tenido un reflejo en proyecciones concretas, en América Latina, en países como México o Argentina, con gran tradición literaria tienen un grupo de escritores instalados en la referencia universal europea o norteamericana; la otra es Cuba. Hoy creo que se mira a Cuba con la perspectiva de qué es lo que va a ocurrir en ese país.

P. ¿Qué va a ocurrir?

R. Es lo que no sé, es muy difícil hacer predicciones de futuro.

P. ¿A usted qué le gustaría?

R. Me gustaría que se convirtiera en un país más normal, en el que las personas trabajaran y tuvieran un resultado de su trabajo que les permitiera vivir dignamente. Para que llegue esa normalidad hay que resolver problemas económicos muy profundos. Hubo un periodo de excesivo romanticismo político y deficiente preocupación por lo económico y creo que se está entrando en otro de un mayor pragmatismo económico y también político. Raúl Castro ha anunciado que termina su mandato en 2018 y ahí se abre la gran interrogación, cómo continuará siendo Cuba cuando ni Fidel ni Raúl estén al frente del país.

P. Dice en el prólogo a El viaje más largo que la “mediocridad oficializada” había marginado a grandes figuras. ¿Qué consecuencias ha tenido esa marginación oficial de la realidad cultural y literaria de la isla?

R. Se puede marcar 1971 como el principio de ese periodo, aunque dos o tres años antes se venía gestando lo que se ha llamado el quinquenio gris o el decenio negro de la cultura cubana, la época de la marginación de un grupo de importantes figuras de la literatura, la plástica, del cine o el teatro por razones religiosas, sexuales o de otro tipo porque eran incómodos para los códigos de aquel momento. Eso se sumó a la marginación que ya existía de los artistas que salían a vivir fuera de Cuba, prácticamente considerados cadáveres literarios. De Cabrera Infante y de muchos otros que salieron no se volvió a publicar nada en Cuba. A finales de los años ochenta, principio de los noventa empezó la recuperación de una parte de las grandes figuras de los años setenta que estuvieron marginados. Pintores como Servando Cabrera o escritores como Lezama y Virgilio Piñera. El rescate de estas figuras fue algo tan necesario que se convirtió en un culto… Por otra parte los escritores iban teniendo acceso a esa literatura que no se publicaba en Cuba. Una de las educaciones estéticas fundamentales de toda mi generación literaria estuvo en la lectura de Cabrera Infante porque es imposible escribir en cubano sin haber leído su obra, es el creador del idioma habanero literario.

P. A Hemingway le dijo un día el redactor jefe que le mandara verbos. ¿Cuáles serían los verbos cubanos de hoy y los que usted escucha?

R. El verbo cubano más practicado es resolver. Resolver en Cuba significa encontrar los medios legales, semilegales o ilegales de arreglar tu vida cotidiana, resolver lo abarca todo, no se puede entender la vida cubana sin entender lo que para los cubanos significa el verbo resolver.

Fuente: www.elpais.com

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Cubano-americano

Esto es para los hijos que se creen Americanos

SE LO DEDICO A TODOS ESOS CUBANOS QUE SE TOMARON LA COCA COLA DEL OLVIDO CREYÉNDOSE QUE SON AMERICANOS...¡¡¡OJALÁ QUE ESTO LOS AYUDE!!!
Y DICE ASÍ:
Enrique Salio de Cuba, muy joven, casi un niño; apenas 12 años. Al principio extraño a sus amigos y a la novia que había dejado sin siquiera despedirse. Poco a poco se fue incorporando al mundo que le rodeaba. Aprendió ingles muy rápido, a pesar de los regaños y las peleas, se negaba a hablar español en la casa. De nada valieron las conversaciones sobre Cuba, las fotos que le enseñaba su abuela; Enrique, se sentía americano. Su pasado había sido borrado, como si alguien hubiera olvidado ponerlo en su equipaje; quedo allá, en La Habana, en algún paquete que alguien olvido recoger a ultima hora, abandonado en una gaveta.

Cada vez que su familia viajaba a Cuba, inventaba algún pretexto, que si exámenes, que los estudios, la novia; el punto era que no le interesaba volver. Su isla, suya a pesar del desamor, parecía borrada de sus memorias y su amor.

Cuando se hizo ciudadano americano cambio su nombre por Henry, hasta pensó en cambiarse el apellido, ese Pérez, no sonaba muy bien entre sus amigos americanos. No lo hizo por temor a un disgusto familiar, su padre no se lo hubiera perdonado nunca.

Cuando cumplió los 19 años, decidió mudarse solo. Su madre le dijo
-Enriquito, aquí tienes tu cuarto independiente y no tienes que pagar renta, yo te atiendo y puedes ahorrar, tienes más tiempo para tus estudios.
-Mom, vivir aquí es como seguir en esa Cuba de la que tanto hablan ustedes y yo soy americano. No quiero encontrarme una banderita cubana en cada esquina y adornos con palmeras y cocodrilos dondequiera, es hora de vivir a mi manera.
-Ven hijo, siéntate, hablemos dos minutos. Sabes que si nos fuimos de Cuba, fue por ti, si hoy estudias en una buena Universidad, manejas un buen carro y tienes un buen futuro, fue por el sacrificio de estos tres viejos que lo dejaron todo para poder darte una mejor vida. Muchas cosas no nos gustaban allá, pero teníamos nuestra casa, nuestra vida, nuestra Patria, solo por ti, fuimos capaces de dejarla. Me duele el alma cada vez que desprecias tu origen, que reniegas de ser cubano, somos lo que somos por ser cubanos, eres como eres, porque eres cubano, mi hijo, aunque te duela.

El padre, que escuchaba la conversación, solo dijo.
-Déjalo vieja, ya un día Cuba, vendrá a él, a recordarle su origen, morirá siendo cubano y amando nuestra bandera, ya veras, déjalo ahora. Hazme un poquito de café, un buen café cubano.

El día de la mudada, su abuelita, una viejita que se crío entre palmas y cañaverales, entro a su cuarto, silenciosa, arrastrando los pies.
- Se que no la amas o que crees no amarla, pero para mi, es como un talismán que me protege de todo lo malo, me la regalo mi padre antes de morir, me dijo que tenia muchos años, que era mambisa. No te pido que la pongas en un lugar visible, guárdala en una gaveta si quieres, déjala cuidarte, por favor, no me la desprecies, me matarías.

Saco una vieja bandera cubana y la doblo cuidadosamente en la maleta de Enrique, que asombrado, fue incapaz de oponerse, la dejo hacer sin pronunciar palabra.

Enrique visitaba poco a su familia, aunque hablaba a menudo por teléfono con ellos. Su intento de americanizarse del todo, no le permitía mucho contacto con esa casa, donde se respiraba Cuba, en cada esquina. Su vida transcurría más al norte, entre gringos y coffees, whiskys y hamburgues.

Un día, mientras disfrutaba su coffee en un Starbucks, recibió una llamada, un número desconocido, pensó ignorarla, pero algo le hizo responder.
- Hello, who is calling?
- Enriquito, soy yo, Jorge, el negro, no me digas que no te acuerdas de mí. Tu abuelita me dio tu número cuando estuvo en Cuba, me dijo que cuando llegara, te llamara enseguida, que necesitabas hablar conmigo.

Enrique, se sentó; Jorge el negro, en Miami. Recordó de pronto toda su infancia olvidada, cuando corrían descalzos por la cuadra y compraba durofrios y pirulíes en la casa de la esquina. Enrique, comenzó a sudar, sus manos temblaban.

- Dime negro, ¿Como estas? ¿Cuando llegaste? ¿Donde estas?
- Acabo de llegar, estoy saliendo del aeropuerto, el puro tuyo vino a recogerme, dice que mientras encuentre trabajo y levante presión, puedo quedarme con ellos, en tu cuarto, que ahora esta vacío. Tu viejo es de oro.

Sin saber como ni por que, Enrique comenzó a llorar, los primeros años de su vida, su infancia, se aparecía de golpe ante él. La voz del negro, de su hermano de niñez, hacia el milagro de revivir recuerdos.

- Voy para allá, te recojo y esta noche te quedas conmigo, creo que abuela tiene razon; necesito conversar contigo.

Los 40 minutos de viaje al sur, le parecieron horas. Llego a su casa, se asombro de no mirar de reojo la bandera cubana de la sala, hasta el olor a café recién colado, por vez primera, no le molestaba. Abrazo a todos, el último y más especial de todos los abrazos fue para Jorge.

- Coño negro, tienes un olor raro, extraño, pero me gusta.
- Es olor a Cuba, mi hermano, a la tierra.

Su mama, le susurro al oído al viejo; yo oí mal o ¿dijo coño?

Comieron juntos. Todos intercambiaron miradas y sonrisas cómplices; Enriquito, por vez primera saboreaba los frijoles negros y la yuca hervida con mojo y hasta repetía. Cuando terminaron, la abuela sirvió el postre.
- Se que no te gusta, pero lo trajo Jorge, no le hagas el desaire.

Le puso enfrente un plato con mermelada de guayaba y queso blanco. Enrique lo devoro, hasta limpio el plato.

Al final la abuela sirvió el café, todos se sorprendieron cuando Enrique, reclamo su taza de café cubano. Se hicieron señas y la mama fue corriendo a la cocina a traerle su taza.

Después de la sobremesa, Enrique le dijo a todos.
- Nos vamos, les robo al negro por una noche, tenemos mucho de que hablar.

Llegaron al apartamento de Enrique, pusieron sus cosas en la sala. La cara de Jorge, se contrajo.
- Perdóname mi hermano, pero aquí hay algo raro, voy a quitarme la camisa y tratar de encontrarlo.
Se volteo de espaldas y se quito la camisa. Enrique tembló cuando vio el tatuaje en su espalda, lo toco.
- Es Cuba, dijo en un susurro.
- Si mi hermano es Cuba, no quería que me pasara como a ti, que la olvidaste y me la tatué en la piel y en el alma.

Jorge , sin camisa, comenzó a buscar, sabia que algo había en ese apartamento fuera de lugar, algo que no estaba en el sitio adecuado y exigido. Se detuvo frente al gavetero del cuarto, de pronto la ultima gaveta se abrió de golpe, sin que nadie hiciera el mas mínimo gesto; la bandera cubana que había doblado su abuela, se desbordo de la gaveta, reclamando derechos y espacio. Jorge, la saco, la colgó en la pared, la miro. Jorge y Enrique se abrazaron llorando.
- Déjala ahí mi hermano, mírala todos los días. Cuba es tu raíz, tu origen, sin ella, nunca estarás completo.

Enrique se quedo mirando a su amigo Jorge, de espaldas, con Cuba en su piel, frente a la bandera, su bandera. Comprendió del todo que no importan los años lejos, aprender ingles o francés, uno sigue siendo cubano, llevando a Cuba en la piel y en el alma, dondequiera que este. Ser cubano, por suerte, nos marca para siempre, acuña nuestra vida y aliento, nos identifica y tipifica, nos da alas. Por vez primera, desde que se fue de Cuba y dejo olvidados sus raíces y recuerdos, sintió necesidad de gritar; ¡Soy cubano! Abrazo a su amigo, agradeciéndole traerle de vuelta sus recuerdos, por rescatarlo del olvido, por devolverle ¡El orgullo de ser cubano!

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SE LO DEDICO A TODOS ESOS CUBANOS QUE SE TOMARON LA COCA COLA DEL OLVIDO CREYÉNDOSE QUE SON AMERICANOS…¡¡¡OJALÁ QUE ESTO LOS AYUDE!!!
Y DICE ASÍ:
Enrique Salio de Cuba, muy joven, casi un niño; apenas 12 años. Al principio extraño a sus amigos y a la novia que había dejado sin siquiera despedirse. Poco a poco se fue incorporando al mundo que le rodeaba. Aprendió ingles muy rápido, a pesar de los regaños y las peleas, se negaba a hablar español en la casa. De nada valieron las conversaciones sobre Cuba, las fotos que le enseñaba su abuela; Enrique, se sentía americano. Su pasado había sido borrado, como si alguien hubiera olvidado ponerlo en su equipaje; quedo allá, en La Habana, en algún paquete que alguien olvido recoger a ultima hora, abandonado en una gaveta.

Cada vez que su familia viajaba a Cuba, inventaba algún pretexto, que si exámenes, que los estudios, la novia; el punto era que no le interesaba volver. Su isla, suya a pesar del desamor, parecía borrada de sus memorias y su amor.

Cuando se hizo ciudadano americano cambio su nombre por Henry, hasta pensó en cambiarse el apellido, ese Pérez, no sonaba muy bien entre sus amigos americanos. No lo hizo por temor a un disgusto familiar, su padre no se lo hubiera perdonado nunca.

Cuando cumplió los 19 años, decidió mudarse solo. Su madre le dijo
-Enriquito, aquí tienes tu cuarto independiente y no tienes que pagar renta, yo te atiendo y puedes ahorrar, tienes más tiempo para tus estudios.
-Mom, vivir aquí es como seguir en esa Cuba de la que tanto hablan ustedes y yo soy americano. No quiero encontrarme una banderita cubana en cada esquina y adornos con palmeras y cocodrilos dondequiera, es hora de vivir a mi manera.
-Ven hijo, siéntate, hablemos dos minutos. Sabes que si nos fuimos de Cuba, fue por ti, si hoy estudias en una buena Universidad, manejas un buen carro y tienes un buen futuro, fue por el sacrificio de estos tres viejos que lo dejaron todo para poder darte una mejor vida. Muchas cosas no nos gustaban allá, pero teníamos nuestra casa, nuestra vida, nuestra Patria, solo por ti, fuimos capaces de dejarla. Me duele el alma cada vez que desprecias tu origen, que reniegas de ser cubano, somos lo que somos por ser cubanos, eres como eres, porque eres cubano, mi hijo, aunque te duela.

El padre, que escuchaba la conversación, solo dijo.
-Déjalo vieja, ya un día Cuba, vendrá a él, a recordarle su origen, morirá siendo cubano y amando nuestra bandera, ya veras, déjalo ahora. Hazme un poquito de café, un buen café cubano.

El día de la mudada, su abuelita, una viejita que se crío entre palmas y cañaverales, entro a su cuarto, silenciosa, arrastrando los pies.
– Se que no la amas o que crees no amarla, pero para mi, es como un talismán que me protege de todo lo malo, me la regalo mi padre antes de morir, me dijo que tenia muchos años, que era mambisa. No te pido que la pongas en un lugar visible, guárdala en una gaveta si quieres, déjala cuidarte, por favor, no me la desprecies, me matarías.

Saco una vieja bandera cubana y la doblo cuidadosamente en la maleta de Enrique, que asombrado, fue incapaz de oponerse, la dejo hacer sin pronunciar palabra.

Enrique visitaba poco a su familia, aunque hablaba a menudo por teléfono con ellos. Su intento de americanizarse del todo, no le permitía mucho contacto con esa casa, donde se respiraba Cuba, en cada esquina. Su vida transcurría más al norte, entre gringos y coffees, whiskys y hamburgues.

Un día, mientras disfrutaba su coffee en un Starbucks, recibió una llamada, un número desconocido, pensó ignorarla, pero algo le hizo responder.
– Hello, who is calling?
– Enriquito, soy yo, Jorge, el negro, no me digas que no te acuerdas de mí. Tu abuelita me dio tu número cuando estuvo en Cuba, me dijo que cuando llegara, te llamara enseguida, que necesitabas hablar conmigo.

Enrique, se sentó; Jorge el negro, en Miami. Recordó de pronto toda su infancia olvidada, cuando corrían descalzos por la cuadra y compraba durofrios y pirulíes en la casa de la esquina. Enrique, comenzó a sudar, sus manos temblaban.

– Dime negro, ¿Como estas? ¿Cuando llegaste? ¿Donde estas?
– Acabo de llegar, estoy saliendo del aeropuerto, el puro tuyo vino a recogerme, dice que mientras encuentre trabajo y levante presión, puedo quedarme con ellos, en tu cuarto, que ahora esta vacío. Tu viejo es de oro.

Sin saber como ni por que, Enrique comenzó a llorar, los primeros años de su vida, su infancia, se aparecía de golpe ante él. La voz del negro, de su hermano de niñez, hacia el milagro de revivir recuerdos.

– Voy para allá, te recojo y esta noche te quedas conmigo, creo que abuela tiene razon; necesito conversar contigo.

Los 40 minutos de viaje al sur, le parecieron horas. Llego a su casa, se asombro de no mirar de reojo la bandera cubana de la sala, hasta el olor a café recién colado, por vez primera, no le molestaba. Abrazo a todos, el último y más especial de todos los abrazos fue para Jorge.

– Coño negro, tienes un olor raro, extraño, pero me gusta.
– Es olor a Cuba, mi hermano, a la tierra.

Su mama, le susurro al oído al viejo; yo oí mal o ¿dijo coño?

Comieron juntos. Todos intercambiaron miradas y sonrisas cómplices; Enriquito, por vez primera saboreaba los frijoles negros y la yuca hervida con mojo y hasta repetía. Cuando terminaron, la abuela sirvió el postre.
– Se que no te gusta, pero lo trajo Jorge, no le hagas el desaire.

Le puso enfrente un plato con mermelada de guayaba y queso blanco. Enrique lo devoro, hasta limpio el plato.

Al final la abuela sirvió el café, todos se sorprendieron cuando Enrique, reclamo su taza de café cubano. Se hicieron señas y la mama fue corriendo a la cocina a traerle su taza.

Después de la sobremesa, Enrique le dijo a todos.
– Nos vamos, les robo al negro por una noche, tenemos mucho de que hablar.

Llegaron al apartamento de Enrique, pusieron sus cosas en la sala. La cara de Jorge, se contrajo.
– Perdóname mi hermano, pero aquí hay algo raro, voy a quitarme la camisa y tratar de encontrarlo.
Se volteo de espaldas y se quito la camisa. Enrique tembló cuando vio el tatuaje en su espalda, lo toco.
– Es Cuba, dijo en un susurro.
– Si mi hermano es Cuba, no quería que me pasara como a ti, que la olvidaste y me la tatué en la piel y en el alma.

Jorge , sin camisa, comenzó a buscar, sabia que algo había en ese apartamento fuera de lugar, algo que no estaba en el sitio adecuado y exigido. Se detuvo frente al gavetero del cuarto, de pronto la ultima gaveta se abrió de golpe, sin que nadie hiciera el mas mínimo gesto; la bandera cubana que había doblado su abuela, se desbordo de la gaveta, reclamando derechos y espacio. Jorge, la saco, la colgó en la pared, la miro. Jorge y Enrique se abrazaron llorando.
– Déjala ahí mi hermano, mírala todos los días. Cuba es tu raíz, tu origen, sin ella, nunca estarás completo.

Enrique se quedo mirando a su amigo Jorge, de espaldas, con Cuba en su piel, frente a la bandera, su bandera. Comprendió del todo que no importan los años lejos, aprender ingles o francés, uno sigue siendo cubano, llevando a Cuba en la piel y en el alma, dondequiera que este. Ser cubano, por suerte, nos marca para siempre, acuña nuestra vida y aliento, nos identifica y tipifica, nos da alas. Por vez primera, desde que se fue de Cuba y dejo olvidados sus raíces y recuerdos, sintió necesidad de gritar; ¡Soy cubano! Abrazo a su amigo, agradeciéndole traerle de vuelta sus recuerdos, por rescatarlo del olvido, por devolverle ¡El orgullo de ser cubano!

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#LaHabanaSinTacones | María Elena Lavaud: Mi perspectiva de Cuba, tiene rostro.

#LaHabanaSinTacones | María Elena Lavaud: Mi perspectiva de Cuba, tiene rostro

#LaHabanaSinTacones | María Elena Lavaud: Mi perspectiva de Cuba, tiene rostro.

María Eugenia Pardo

La periodista MarÌa Elena Lavaud concediÛ entrevista para La RevistaMiami, Abril 23, 2014.- María Elena Lavaud es una reconocida periodista venezolana que siempre quiso conocer la realidad de Cuba en primera persona. Luego de ejercer casi 20 años en la fuente de opinión por distintos medios televisivos y radiales venezolanos y con un primer libro a cuestas, un día decidió comprar un pasaje para la isla y allá fue a parar, armada tan solo con una libreta y un lápiz, para “a la romana vieja”, reseñar lo que no sólo sus ojos veían, sino lo que un pueblo noble se esforzó en hacerle notar.

A propósito de la presentación del Musical “La Habana Sin Tacones” que se llevará a cabo los días 9, 10 y 11 de Mayo en el Teatro Trail de la Calle 8 de Miami, Intégrate News conversó con María Elena, la periodista que se vistió de turista para contar unas crónicas de viaje por vía escrita, relatada y actuada.

¿Cómo nace La Habana Sin Tacones?

“Fue un reto de una periodista que puso en práctica el principio fundamental del ejercicio de su profesión: Ir a la fuente”. 

Cuenta Lavaud que su interés era el de conocer a la gente que nació y creció bajo un mismo gobierno [el castrista], para poder hablar con propiedad sobre el modelo que se estaba (y está) tratando de imponer en la sociedad venezolana. “Desde que me fui a chequear en la aerolínea, tuve mis dudas de si iba a poder aterrizar en La Habana, porque una periodista que se opone al gobierno que le da de comer a la isla, no iba a ser bienvenida”, continuó. Pero a pesar de saberse vigilada, Lavaud recorrió la isla para conocer lo más posible el objeto de su interés, el pueblo cubano.

Maria Elena Lavaud Habana sin Tacones Integrate News Web 01¿Te quitaste los tacones para ejercer encubierta?

“En efecto, si yo hubiera ido en calidad de periodista hubiera tenido que pedir una visa de trabajo y hubiera tenido que hacer entrevistas a oficialistas, a personajes de gobierno y a los disidentes. Esas visiones son muy conocidas porque muchos colegas ya las han trabajado. Yo en cambio, quería ver cómo vive el ciudadano de a pie de la isla, entremezclándome con él, para conocer su realidad”.

Una vez que arribó a La Habana, María Elena se dedicó a hacer lo que hace un turista cualquiera: pasear y conocer. “De hecho no llevé ni cámara profesional, computadora, celular ni nada que pudiera provocar una reacción”, continuó. “Todos los días salía con un plan distinto, y a eso de las 6-7 de la noche, rigurosamente regresaba al hotel y tomaba nota a mano, del recorrido que había realizado, dejando allí como un croquis de lo que podría ser una crónica. Y el cuaderno iba conmigo en el día y dormía en mi almohada de noche”, acotó.

¿Qué fue lo que más te impactó de todos tus hallazgos?

“En realidad, dos cosas. Uno, descubrir en las primeras de cambio, que ese mito de que los cubanos no hablan de su realidad, no es verdad. Apenas llegué al hotel, le pregunté a la señora de la recepción por el precio de un cenicero, y ella me relató su realidad en tres oraciones: “Esto cuesta 100 CUC [Cuban Universal Currency – equivalente al dólar estadounidense]. Imagínese. Y mi sueldo son 10 CUC al mes. Diez. 100 CUC es lo que me cuestan los zapatos de mi hijo para ir al colegio. Imagínese. Eso es lo que cuesta”. Ese fue el primer desmontaje. Me habló de su realidad sin yo preguntarle sobre ella. El segundo, fue descubrir que hay una doble moral y una doble realidad que se vislumbra desde el gobierno – así como coexisten las dos monedas, el CUC y el peso cubano”, continuó.

Maria Elena Lavaud Habana sin Tacones Integrate News Web 02¿Encontraste alguna similitud con lo que hoy se vive en Venezuela?

“Muchas. El tema de las misiones, para ofrecer a las clases pobres un acompañamiento del estado en sus necesidades básicas se parece en la retórica. La pregunta obligada que te haces como periodista es ¿Qué hace el que no tiene CUC y el que no tiene dólares, el cubano que gana en un día de trabajo lo que cuesta una barra de “Pan Liberado”?. La respuesta es otra pregunta: ¿Tiene FE?.  ¿FE?. Sí, Familia en el exterior”.

Cuando María Elena estuvo en Cuba, las remesas familiares eran la tercera fuente de ingresos de la isla. Por ello, la FE es percibida como la tabla de salvación de muchos que no tienen otro recurso para sobrevivir.

¿Cambió tu perspectiva de Cuba luego de esta aventura?

“Sí. Ahora mi perspectiva de Cuba tiene rostro. Antes de ir, tenía información muy densa, imágenes, fotos, historias, Ahora mi imagen tiene rostro de personas maravillosas que se levantan por encima de lo mustio del ambiente descolorido. Gente que tiene ánimo de salir adelante, que conserva ese espíritu latino que nos une como pueblo, que hace música maravillosa, que es querendón. Eso me lo traje y eso me hizo sentir que me encantaría volver”.

Luego de la publicación del libro en 2011 en Caracas, la primera edición se agotó en menos de un mes (a la fecha cuenta con tres reimpresiones y está por salir la segunda edición). Un usuario de twitter tuvo la idea de hacer un audiolibro, que se produjo con música del maestro Gonzalo Grau (Mejor Compositor de Europa 2011 y nominado el Grammy 2009) y Julio César, cantante y compositor de temas para Gilberto Santa Rosa, Luís Enrique y Guaco -entre otros- quien además esta certificado por el Grammy Latino. Y del Audiolibro, nació #LaHabanaSinTacones “El Musical”.

“Esta es una pieza en la cual, la autora del libro revive lo que vivió en Cuba, acompañada de actores que desempeñan los personajes de la realidad y en la cual, la música juega un papel fundamental”, cuenta Lavaud. “La música en mi opinión, es el instrumento más directo para llegar a los corazones y ayuda en El Musical, a dimensionar el drama”, continuó.

La critica lo ha descrito como “un espectáculo dramático, musical y literario sin precedentes” La música es interpretada en vivo por Julio César y participan los actores venezolanos Elba Escobar y Franklin Vírguez; y los actores cubanos Tamara Melián y Camilo Álvarez.

El maestro Yasmil Marrufo, ganador de un Grammy Latino está a cargo de la producción musical en Miami, llevando el correlato sonoro de la obra, conformado por música incidental con arreglos inéditos llenan de impacto el testimonio de la autora y acompañan a personajes de la cotidianeidad cubana una rueda de casino con bailarines en escena.

“Hay actores cubanos junto a los venezolanos, para rendir honor de la comunidad cubana que va a ser parte de nuestro público. Nunca pensé que me lo agradecieran. He recibido testimonios que me dicen: Gracias por hacerme oler el malecón. Gracias por llevarme a mi tierra de nuevo. Y eso es invaluable”, expresó María Elena.

Para la autora, en #LaHabanaSinTacones, El Musical, el espectador va a encontrar una realidad contada de una manera amable, por momentos impactante, llena de humor y quizás muy reveladora y hasta triste. “El balance es inspirador y te deja una grandísima toma de conciencia de dos pueblos que están en este momento hermanados por sufrir la misma situación y los invita a tomar algún tipo de acción”, comentó Lavaud.

¿Qué le dices a la comunidad cubana que vive en Miami sobre la isla que los vio nacer?

“Solamente después de haber ido y después de vivir lo que estoy viviendo en Venezuela, puedo dimensionar el sentimiento que llevan. Yo no sé cómo yo podría sobrellevar una situación así, porque hay que agregar al dolor de haberse visto obligado a abandonar el país, el hecho de no regresar jamás”. También indicó que ha aprendido mucho y que hoy, Cuba ya no es una curiosidad latente, sino un sentimiento recurrente.

Maria Elena, Luego de La Habana Sin Tacones, ¿Crees que te dejen entrar a Cuba en el futuro?

“No lo sé. Pero lo volvería a hacer sin duda alguna”.

Y así nos despedimos de María Elena Lavaud con la invitación a ver La Habana sin Tacones, El Musical.

Maria Elena Lavaud Habana sin Tacones Integrate News Web PosterCoordenadas

#LaHabanaSinTacones, El Musical

Teatro Trail | 3715 SW 8th Street | Miami, FL 33134 | (305) 443-1009

Tres Funciones: 9 Mayo – 8PM | 10 Mayo – 8PM | 11 Mayo – 5PM

Precio: $30-$55

Twitter:  @melavaud  | @LHSinTacones |  @305PR

Facebook: www.facebook.com/LaHabanaSinTaconesAudioLibro

Youtube: La Habana Sin Tacones

Instagram: LHsin_tacones

Fotos: María Elena Lavaud.

La jinetera

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LA JINETERA

 

Era normal, una muchacha bella, educada en el barrio, tenía amigos, le gustaba el baile y las noches buenas, de puras Disco y de bebederas, para pasar el rato con sus compañeras, los fines de semana se ponía bien bella, para lucir, como fugaz estrella. Todos la amaban, pues era muy bella, pero pensaba en cosas buenas, en esos trajes, en esas novelas, en aquellas revistas, donde soñaba, la modelo ser ella. Por eso su alma se le escapó, ya era solo cuerpo, era solo bella, era su meta “luchar” y volar como un cometa, perdió el sabor del beso de amor, se volvió mercantil, vendió su flor, hizo una empresa de su belleza, pensando en salir de su pobreza, fue criticada, por otros admiradas, por los más cobardes y moralistas ella fue envidiada. Como todo negocio tuvo fracasos, pasó en su juventud, por muchos brazos. No se amedrentó, siguió en la “lucha”, mientras su juventud brillaba en cada madrugada. Hasta que por fin llegó quien ella buscaba, aquel extranjero, que de pronto la amaba, la quería a ella, pues era buena cama, y cosa tan bella, para él no abundaba. Le pidió a los santos, a Yemayá, visitó al babalow y le hizo ofrendas a Obatalá, para que su visa estuviera ya. Así de pronto un día desapareció, aquella muchacha que del barrio huyó. Años más tarde regresó tan bella, no como modelo, sino siendo ella, su vida extranjera, nunca la contó. La gente se imagina que la chica triunfó, pues su bello porte, su hermoso reloj, todas sus joyas, muestran su valor. Ayudó a su madre a su hermana menor, toda la familia tiene un nuevo color, ya todos se preparan para una vida mejor, viajando al extranjero, disfrutándolo, ya tiene su hijo de otra nación, pero eso la ayuda para ser mejor. La bella muchacha que del barrió huyó, ya nadie la recuerda, solo el que quedó, pues de igual manera en el extranjero han parado todos los que un día compartieron fiestas, sueños e ilusiones, playas y diversiones. Ya hoy en día, son gente mayores, cada quien con su historia, cada cual con sus girones. Todos han hecho, sus propias revoluciones.

1800 Online con Alexis Boentes Corcho – Martí Noticias | Entrevista 2/4/2014

1800 Online con Alexis Boentes Corcho – Martí Noticias | Radio y Televisión Martí | Martinoticias.com.

1800 Online con Alexis Boentes Corcho

En vivo vía telefónica: Alexis Boentes Corcho, cubano residente en Venezuela, autor del blog Sin Censura que tiene 5 años de existencia.  Lo impresionante son los lazos que tiene el blog con el resto del Internet- una caja de sorpresa para llevar el lector a lo mas importante.

Crónicas del drama del fin de la URSS

Crónicas del drama del fin de la URSS | Cultura | EL PAÍS.

Crónicas del drama del fin de la URSS

La bielorrusa Svetlana Alexiyévich, una de las más lúcidas escritoras europeas, reflexiona sobre la pervivencia del espítitu soviético en la actualidad

La escritora bielorrusa Svetlana Alexiyévich. / Margarita Kabakova

“En la Unión Soviética nos enseñaban a morir por el país, pero no a ser felices. Nuestra experiencia vital es la de resistirnos a la violencia”, afirma la escritora Svetlana Alexiyévich, cronista del impacto humano de las grandes conmociones de la URSS. Su último libro, El fin del hombre rojo o la época del desencanto (Vremia ´second hand´. Konets krasnovo cheloveka en el original ruso), ha tenido muy buena acogida en sus primeras traducciones europeas, que han recibido el premio de la Paz de la Feria de Frankfurt y el premio Médicis de Ensayo en Francia, ambos en 2013, año en el que Alexiyévich fue propuesta también para el Nobel de Literatura.

“La URSS fue un intento fallido de crear una civilización alternativa”, dice Alexiyévich en su casa de Minsk, la capital de Bielorrusia, adonde ha regresado, –porque “necesito oír las voces de la calle”–, tras una larga estancia en el extranjero. En Bielorrusia, el país del que es ciudadana, la escritora, de 65 años, se siente “en un gran vacío”, ignorada por los medios de comunicación del régimen de Alexandr Lukashenko, mirada con frialdad por los nacionalistas locales (por escribir en ruso y no en bielorruso) y privada de su medio , los escritores o amigos “muertos, emigrados o envejecidos prematuramente”.

“Vivo con el sentimiento de derrota, de pertenecer a una generación que no supo llevar a cabo sus ideas”, afirma Alexiyévich. “Nadie quería el capitalismo, queríamos el socialismo con el rostro humano. En los años noventa éramos muy ingenuos y muy románticos, creíamos que existía una nueva vida y que éramos capaces de crearla, que la culpa de nuestros males estaba tras los muros del Kremlin y era de los comunistas, no nuestra”, razona. “¿Y qué tenemos más de dos décadas después?”, exclama, y contesta: “un líder medio bandido y autoritario y un entorno provinciano en Bielorrusia” y “un presidente que habla como un “govnik” (terminó que designa un individuo con escasa educación procedente de un entorno marginal) en Rusia, y lo peor es que eso es lo que pide la sociedad”.

El “hombre soviético”, producto del plan para transformar la naturaleza humana en el laboratorio del marxismo-leninismo, sigue existiendo en Rusia, Bielorrusia, Turkmenistán, Ucrania, Kazajistán, y el resto del territorio de la URSS, opina Alexiyévich. “Creo que conozco a este hombre, que lo conozco muy bien, que he vivido con él muchos años. Él soy yo, yo y mis conocidos, amigos, padres (…) Ahora vivimos en distintos Estados, hablamos en distintas lenguas, pero no nos puedes confundir con nadie. Nos reconocerás enseguida. Somos la gente del socialismo, iguales y diferentes del resto de la gente, tenemos nuestro léxico, nuestras ideas del bien y del mal, de los héroes y los mártires, tenemos una relación particular con la muerte (…) estamos llenos de envidia y de prejuicios. Venimos de allí donde existió el Gulag…”, escribe en su elocuente prólogo.

La situación en Rusia, Ucrania o Bielorrusia hace recomendable la lectura del último libro de Alexiyévich. El fin del hombre rojo abre espacios psicológicos inexplorados, con muchas paradojas y amargos reconocimientos sobre el derrumbamiento de la URSS y los años que siguieron. La obra va más allá de de las voces que recoge y del esfuerzo creativo de la autora para entretejerlas en un producto literario. Alexiyévich documenta un sufrimiento en gran parte ignorado por los occidentales que formulan políticas para esta parte del mundo.

No es fácil desprenderse de la identidad de ciudadano de una superpotencia para identificarse con uno de sus territorios. En Bielorrusia “Lukashenko ha parado el tiempo. La dictadura hace que la vida sea primitiva”. En Rusia, el tiempo se mueve pero en una dirección inquietante. De viaje por ese país, tras una ausencia de varios meses, Alexiyévich se sorprendió al encontrarse con “gentes que se habían transformado de repente en patriotas, que llevan enormes cruces y se creen muy importantes”. “En las provincias rusas han surgido grupos agresivos, ortodoxos, nacionalistas, de jóvenes fascistas”, dice y ella, que en los noventa salió a la calle para hacer caer la estatua de Félix Dzherzhinski (el fundador de la Cheka o policía soviética), se confiesa sorprendida por “los jóvenes rusos que idealizan la Unión Soviética”.

Opina la escritora que Rusia acabará yendo en dirección a Occidente, pero “es difícil saber de que forma y cuánto durará el camino, porque no ha superado la humillación y eso produce una agresividad antiliberal que viene de las provincias y que se plasma en el presidente”. “En Bielorrusia”, señala, “nadie ha adoptado leyes antigay o de defensa de la religión ortodoxa, pero creo que esto sucede sólo porque Lukashenko, de momento, controla la situación. En Rusia, esas leyes se han promulgado porque Putin no está en situación de controlar ese enorme país y ha apostado por la gente más analfabeta y no por la más progresista.”

 

 

Leonardo Padura, escritor cubano: ‘El exilio forma parte de la historia nacional de Cuba’

Leonardo Padura, escritor cubano: ‘El exilio forma parte de la historia nacional de Cuba’ | Cultura | LA TERCERA.

 

Leonardo Padura, escritor cubano: “El exilio forma parte de la historia nacional de Cuba”

En su novela Herejes, protagonizada por el detective Mario Conde, funde el género histórico y policial y reconstruye la llegada de los judíos a Cuba.

por Javier García – 28/12/2013 – 10:07
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Era el inicio de la Segunda Guerra Mundial y el trasatlántico Saint Louis zarpaba desde Hamburgo con 937 pasajeros de origen judío. Luego de 15 días en alta mar los refugiados se acercan a su destino: La Habana, Cuba. A los pies de la isla, el niño Daniel Kaminsky y su tío esperan a sus familiares que se asoman en la nave. Pero no hay desembarco. El contacto diplomático había sido un fraude y no hay autorización para descender. Los Kaminsky, oriundos de Cracovia, traían entre sus ropas un lienzo original de Rembrandt que pertenecía a la familia desde el siglo XVII: el rostro de un joven judío similar al de Cristo.

Ese es el inicio de Herejes, el último libro del escritor cubano Leonardo Padura (58). “Esta novela fue un reto. Tenía que saber sobre la historia y la religión judía y cómo había sido la vida de Rembrandt”, dice desde La Habana el Premio Nacional de Literatura y autor de la aplaudida novela El hombre que amaba a los perros.

Herejes es un viaje en el tiempo: Parte en La Habana en 1939, retrocede a Cracovia y Holanda del siglo XVII y regresa a la Cuba de nuestros días, donde aparecen los Emos, grupo que es mayoría entre las tribus urbanas de la isla. En Herejes también es protagonista el detective de Padura, Mario Conde.

Es 2007 y el ex policía recibe en su casa habanera la visita de Elías -el hijo de Daniel Kaminsky-, un artista de Nueva York, quien le proponerle investigar un caso familiar que arrastra un misterio por décadas: el retrato perdido de Rembrandt acaba de salir a subasta en Londres.

Hay un dato para Conde en Herejes: “La posible ruta por la cual el dichoso cuadro había hecho el tránsito desde La Habana hasta la casa de subastas británica”.

El detective se acerca a los 60 años, sus negocios de venta de libros va en picada y cada día amanece con más botellas de ron sobre su cama. Conde pertenece a una generación, como la de Padura, que creció con el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro. “El país donde vivían quedaba muy lejos del paraíso dibujado por los periódicos y discursos oficiales”, se lee en Herejes.

EL CLAN ESCOGIDO
Leonardo Padura es crítico del régimen, sin embargo, sigue viviendo en Mantilla, el barrio habanero donde creció. “Si no me he ido es porque tengo un fuerte sentido de pertenencia y porque soy un escritor cubano y mi literatura se nutre de lo que es Cuba incluido su exilio”, dice el escritor y guionista que participó con tres episodios en la película Siete días en La Habana (2012), del director francés Laurent Cantet. La semana pasada, la dupla Padura-Cantet se juntó otra vez en la isla. El cineasta filmó parte de su nueva cinta, Regreso a Itaca, inspirada en el libro de Padura La novela de mi vida.

Herejes parte con citas al Talmud, sentencias rabínicas, y a lo largo de sus 500 páginas se detallan tradiciones judías entre el sudor del ambiente caribeño.

¿Fue complicado introducir en la novela aspectos de la cultura judía?

Soy filólogo y la investigación histórica me apasiona. Por lo tanto, investigo hasta que tengo un dominio de la época, el contexto en el que se mueven los personajes. En este caso sobre acontecimientos como las matanzas de judíos por los cosacos en el siglo XVII, sobre las excomuniones en Amsterdam en la época de Spinoza, sobre el episodio del Saint Louis y hasta sobre los Emos… Después de escribir una novela como El hombre que amaba a los perros sentía la obligación de retarme y me compliqué a conciencia y con alevosía.

¿Qué cree que representan los Emos en la Cuba de hoy?

Las tribus urbanas representan la existencia de gentes, especialmente jóvenes, con una voluntad marcada de no pertenecer a la masa homogénea que trató de crear el socialismo real, incluso el cubano. Son la respuesta al deseo de ser individuos, de pertenecer al clan escogido y no al grupo obligado. Una respuesta de rebeldía ante lo unánime. Curiosamente se han extendido tanto que ya no son raros.

¿Es real la “apertura” que anunció el régimen de Raúl Castro?

En algunos terrenos sí. Pero todavía es limitada, controlada, superficial incluso, pues no se ha llegado a cambiar lo esencial de las estructuras económicas y políticas, aunque en lo social se vean más cambios, algunos provocados por las nuevas medidas, otros por la falta de medidas y lo que yo llamo el cansancio histórico, una especie de pérdida de fe y de credulidad.

¿Le gustaría escribir sobre los cubanos de EE.UU.?

El 90% de mi familia paterna vive allá, y el 40 de la materna. Y el 60% de mis amigos andan por otros lugares del mundo. Con cierta frecuencia paso por Miami y me encuentro con parientes y amigos y la paso muy bien con ellos. Y es que el exilio, por las razones que sean, forma parte de la historia nacional cubana y de la historia personal de muchos y no se puede vivir en este país de espaldas a esa realidad. Ahora, trabajo en una nueva novela que titularía El clan disperso y sería sobre el destino, justamente disperso, de un grupo de amigos y personas luego del triunfo de la revolución.

 

 

“Mapa dibujado por un espía”: Literatura Prohibida en Cuba

“Mapa dibujado por un espía”: una catarsis de Cabrera Infante.

“Mapa dibujado por un espía”: una catarsis de Cabrera Infante

Cabrera Infante escribió este libro antes de 1968, cuando tuvo lugar la ruptura pública del escritor con el régimen cubano.

La viuda de Guillermo Cabrera Infante, Miriam Gómez, durante la entrevista con Efe en la que ha hablado sobre "Mapa dibujado por un espía", la novela póstuma del escritor cubano que refleja la evolución hacia el totalitarismo del régimen castrista a media

La viuda de Guillermo Cabrera Infante, Miriam Gómez, durante la entrevista con Efe en la que ha hablado sobre “Mapa dibujado por un espía”, la novela póstuma del escritor cubano que refleja la evolución hacia el totalitarismo del régimen castrista a media

En 1965, Guillermo Cabrera Infante regresó a Cuba para asistir al entierro de su madre y, cuando trató de salir de la isla, lo retuvieron durante cuatro meses sin darle
explicaciones. La crónica amarga de aquel tiempo la narró en “Mapa dibujado por un espía”, una obra que por fin ve la luz.  “Ese libro fue como una descarga enorme de todo lo que le sucedió a Guillermo en aquellos meses. Fue una catarsis”, aseguraba Miriam Gómez, la viuda del gran escritor cubano, en una entrevista con Efe con motivo de la publicación de este libro, en el que Cabrera Infante refleja la decadencia de su país y la evolución del régimen castrista hacia el totalitarismo.

Con otras palabras lo dice en la introducción Antoni Munné, el editor de las obras completas de Cabrera Infante: “Mapa dibujado por un espía” es un libro “triste, melancólico. La historia de un gran desengaño, el espectáculo de la delación permanente”. Un “testimonio demoledor del desengaño y la decepción” que se configura como “la cartografía íntima de una despedida”.

Editado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, el libro sorprende al lector por la profusión de datos, nombres y detalles de todo tipo que contiene, y es que, explica Miriam Gómez, su marido “no quería que se le olvidaran las cosas que le habían pasado” y lo anotaba todo. “Es un libro que no tiene literatura, un libro desnudo, una
memoria total”, afirma la compañera inseparable de Cabrera Infante, que ha tenido serias dudas sobre si convenía o no publicar esta obra, pero finalmente decidió hacerlo ocho años después de la muerte del escritor, porque es “importante para conocer qué pasó en Cuba en aquellos años y para comprender la obra de  Guillermo”.

Y es importante a pesar de su imperfección y de su ausencia de estilo, ya que, como dice Munné, el texto que ahora se publica “jamás habría visto la luz exactamente así”, si el escritor hubiera llegado a completar la reescritura de esa primera versión que ahora llega a manos del lector.

El propio Cabrera Infante, según le decía a su biógrafo Raymond L. Souza, no estaba contento con la narración del libro, porque el estilo era “demasiado directo y tal vez demasiado denso”. Quería cambiarlo, pero no encontraba tiempo para hacerlo. Tras el cierre en 1961 de Lunes de Revolución, el escritor cubano, director del tabloide literaria, fue “alejado” de Cuba y enviado a Bruselas como agregado cultural de la embajada cubana.

En la capital belga escribió “Tres tristes tigres”, una de las novelas fundamentales del “boom” latinoamericano, ganadora del Premio Biblioteca Breve. En 1965, cuando se enteró de que su madre estaba muy grave, Cabrera Infante volvió a La Habana, pero no llegó a tiempo de verla viva. Asistió al entierro y una semana después intentó volver a Bélgica llevándose consigo a sus dos hijas.

Cuando estaban en el aeropuerto, el escritor recibió la orden de no subirse al avión y de regresar para entrevistarse, al día siguiente, con el ministro de Relaciones Exteriores. Así comenzó “la pesadilla kafkiana” que Cabrera Infante vivió
durante los cuatro meses largos en que estuvo retenido en la isla y en los que nunca le dijeron por qué no lo dejaban salir. Cuando lo logró, el gran novelista cubano sabía que ya no volvería jamás a su país. Había comenzado su largo exilio.

La viuda de Guillermo Cabrera Infante, Miriam Gómez.La viuda de Guillermo Cabrera Infante, Miriam Gómez.

Según su viuda, Cabrera Infante escribió este libro antes de 1968, cuando tuvo lugar la ruptura pública del escritor con el régimen cubano a raíz de la entrevista que le concedió a Tomás Eloy Martínez para el semanario argentino Primera Plana.

El autor de “La Habana para un infante difunto” le pidió a su mujer que guardara el manuscrito en un sobre y que no lo leyera, porque sabía que algunas de las cosas que contaba le iban a doler, entre otras la relación amorosa que mantuvo el escritor con Silvia, una joven cubana, en aquellos meses y que narra con todo lujo de detalles.

“Guillermo siempre que tenía problemas se agarraba a las mujeres. Era muy varonil y encantador; sabía tratar a las mujeres”, decía hoy Miriam Gómez, quien, tras leer “Mapa dibujado por un espía”, se dio cuenta de que la relación con Silvia “lo salvó en cierta forma durante aquellos meses tan duros. Le alivió un lado de su vida y volvió a ser el cazador que él era”.

Políticos, artistas y escritores como Alejo Carpentier y Nicolás Guillén desfilan por este libro en el que Cabrera Infante refleja la pobreza que había en Cuba, el desánimo de sus habitantes y la falta creciente de libertad que se respiraba en la  isla. Y el peligro de que lo delataran a uno por cualquier cosa. Aquellos meses que estuvo retenido en La Habana “los agradeció siempre, porque le dio tiempo a ver qué estaba pasando en el país y lo que él sin saber estaba apoyando. Vio el horror que era Cuba, cómo se estaba destruyendo todo, y él no quería ser cómplice del régimen”, comenta Miriam Gómez, muy crítica con Fidel Castro y con su hermano Raúl, el actual presidente.

“Son verdaderos monstruos. Todo lo que tocan lo destruyen”, asegura. “Los cubanos no tienen derecho a nada. No tienen mañana,  tienen presente; sólo están pendientes de sobrevivir, del día a día. Y eso es terrible para un país”, dice la viuda de Cabrera Infante.

Exclusiva: Armando de Armas. De Literatura y algo más

”Ningún libro tiene el poder de cambiar una vida” | Cubanet.

”Ningún libro tiene el poder de cambiar una vida”

| Por Juan Carlos Romero

Armando de Armas, autor cubano de las novelas La Tabla (Fundación Hispano Cubana, Madrid, 2008) y Caballeros en el Tiempo (Atmósfera Literaria, Madrid, 2013 ), así como de Mitos del antiexilio, libro de ensayos publicado en Miami en 2007 y traducido al italiano por el sello Spirali y al inglés posteriormente, y de dos colecciones de relatos: Mala jugada (Miami, 1996, The WriteDeal, 2012) y Carga de la Caballería (Miami, 2006), lleva años en Miami, desde donde escribe para periódicos y revistas de Estados Unidos y Europa.

Desde Madrid, España, otro cubano, le hace esta entrevista:

¿En qué momento decidió que quería escribir?

Nunca lo decidí. Era una posibilidad pospuesta desde siempre hasta que un día, a los 28 años, un tajo de 22 puntos en mi hombro derecho me mandó al hospital y allí, sin nada mejor que hacer y con la mano zurda, empecé a pergeñar una serie de relatos que terminó siendo un libro de unas 300 cuartillas que, afortunadamente, decidí después incinerar.

¿Qué le aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la literatura?

La escritura para mí no es una virtud, es un vicio. La droga que me sostiene en la degeneración acelerada del mundo moderno. Creo que el único pecado en literatura es que no sea buena literatura; que no sea.

¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?

Toda novela, todo autor, trae bajo el brazo el pan de sus propios lectores.

¿Cuáles son sus géneros favoritos en la lectura, sus autores y quiénes le han influido más?

Antes la novela y los relatos. Ahora cada vez más la historia, la filosofía y los estudios de religiones comparadas. Me han influido la novela de caballería y la novela de la picaresca, todo el Siglo de Oro español, la Biblia, las crónicas de la conquista, la novelística europea del XIX, la narrativa norteamericana del XX. Homero, Borges, Hemingway, Hesse, James, Faulkner, Carpentier, Bernal Díaz del Castillo, Colon, Martí, en fin, la lista es larga y variopinta.

¿A qué se dedica cuando no escribe?

Vivo.

¿Cuál es su método de escritura anota lo que se le ocurre?

Anoto, en servilletas, en lo que sea, cuando estaba en una celda memorizaba un ritornello hasta que pudiera plasmar la idea en un papel. Los sueños suelen ser buena materia prima para mi escritura, así que los anoto minuciosamente cuando son interesantes.

¿Sí pudiese ser un libro, cuál sería?

Jajajajajaja. Nunca se me ocurriría. Menos en Cuba donde a veces los libros se usan para fines inconfesables.

¿En qué proyecto se encuentra sumergido en estos momentos?

Reviso las pruebas de galera de una novela corta que sale por estos días en España, Caballeros en el Tiempo, y doy los toques finales a una extensa novela histórica.

¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?

Se escribe porque no hay otra opción y, claro, si dinero y reconocimiento vienen, son bienvenidos.

¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?

Para mí la escritura es un acto mediúmnico, después viene el pulir; el hacer funcionar el detector de mierda.

Se habla que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos o encuentras bien que lo que se cuenta, se limite a contar como se cuenta en la sobremesa?

Prefiero contar como en la sobremesa, de hecho entre mis influencias literarias había olvidado mencionarle las narraciones orales que, en la sobremesa, escuchaba de mis abuelos, uno sobre sus experiencias como inmigrante español y el otro sobre su participación en la Guerra de Independencia. De mi abuela María Quintaba escuché por ejemplo las historias de tirante el Blanco y Genoveva de Brabante. Creo que en mi escritura hay mucho de esa oralidad.

¿Crees que la literatura cubana esta de moda y que el escritor, en tanto figura pública tiene responsabilidad social?

Detesto las modas, la modernidad en general. El escritor tiene responsabilidad ante su obra pero en el caso peculiar de Cuba, que padece una feroz tiranía comunista, la más feroz en un hemisferio pródigo por demás en feroces tiranías, bueno, entonces el escritor, que no es un ente de otro planeta, aunque a veces lo parezca, tiene una ineludible responsabilidad, no con lo social, sino con la libertad.

¿Cómo le ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?

Mire usted, yo detesto la tecnología y sus artilugios espejeantes, creo         que en cuanto a tecnología la humanidad debió quedarse en la del Sacro Imperio Romano Germánico en la época de su apogeo pero, paradójicamente, he sido muy favorecido por la Internet debido a que un hombre como yo, que piensa como yo pienso, era muy vulnerable a la censura en tiempos de la imprenta, de los libros y los diarios de papel, donde el espíritu epocal tenía la voluntad de destacar a los intelectuales de lo políticamente correcto, esos que repiten las mismas sonseras de siempre, mientras que ahora se hace más difícil por la Internet que ha venido a democratizar la edición y la información. No digo que sea bueno el que se haya democratizado la edición y la información, digo que a mí me ha favorecido.

¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuales son tus verdaderos orígenes en ese sentido?

Yo no sé si esto es vocación. Pero pronto supe que lo único decente que podía hacer bien era escribir. Podía, por poner un ejemplo, birlar carteras con habilidad, pero no es decente ir por este mundo birlando las carteras del prójimo. Para las profesiones decentes era una nulidad. Tampoco creo que la escritura sea una actividad decente, si lo ves bien tiene mucho de parasitaria, pero sería al menos la más decente a qué podía dedicarme.

¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?

Pipo el Cojo, un amigo ya muerto, Mokongo de la Sociedad Secreta Abakuá que se ganará el epíteto por un balazo en una pierna durante “una aclaración de conceptos”, solía decir sabiamente que cada cual vive lo que le toca y punto.

¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?

Creo que tiene siempre serios bajos y a veces, sólo a veces, algún alti.

¿Qué libros han cambiado tu vida?

No creo que ningún libro tenga el poder de cambiar una vida.

El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?

Sólo regresaría cuando los comunistas, esa morralla, no manden en Cuba.

¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?

La verdad que no, nunca publiqué mi literatura en Cuba y aunque en el mundo libre también hay censura, la de lo políticamente correcto que, en alguna medida es una extensión de la censura de los comunistas en tanto controladores del espectro cultural en occidente, siempre hay la opción de encontrar una editorial afín, por ejemplo, mi novela La tabla, tardó 18 años en ser publicada, de ellos al menos 14 luego de haber escapado con ella de la isla, rechazada por importantes editoriales aún después de haber sido finalista en importantes premios de esas mismas editoriales.

¿Hay algún género más eficaz para trascribir la realidad cubana?

Creo que todos podrían serlo, si el autor tiene talento.

¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura?; cómo se puede suplir este vacío?

Hubo al menos un momento en que no fue así, a finales del siglo XVIII con don Francisco de Arango y Parreño, la mente más brillante de Cuba al decir del historiador Manuel Moreno Fraginals,  y los prohombres del Papel Periódico de La Habana. Pero todo eso se perdió con la posterior escabechina de las élites isleñas inmersas en el independentismo.

¿Sin memoria histórica no hay imaginación?

La hay, pero sería más bien imaginería.

¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte de tu vida?

Mire usted, me ha hecho caer en la cuenta de que Miami es la ciudad donde más tiempo de mi vida he vivido. Miami significa libertad. Saber que a las tres de la madrugaba no va a venir la Policía Política a echarme la puerta abajo para incautarme un manuscrito; o lo que se le antoje.

¿Qué objetivo persiguen sus libros?

Ninguno.

¿Qué mensaje desea transmitirles a los cubanos y a sus lectores en el próximo año 2014?

A los lectores que lean. A los cubanos, algo sabio que decía Martí: “La libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir sin ella o decidirse a comprarla por su precio.”