Fidel Castro nunca tuvo Amigos #Cuba 

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Los pactos políticos del M-26-7

¿Con quién era el principal compromiso de Fidel Castro?

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Fidel Castro durante un acto por el 26 de Julio (Periódico Vanguardia)

LA HABANA, Cuba.- En 1957, cuando Fulgencio Batista decidió convocar elecciones generales ante miles de sus partidarios, donde él no sería candidato, Cuba gozaba de una economía floreciente, gracias sobre todo a la escasez de remolacha en los campos europeos; y Fidel Castro, con su fusil de mirilla telescópica a cuestas en lo más intrincado de la Sierra Maestra, continuaba empeñado en llegar al poder.

Había formado parte de varios pactos, todos a nombre del Movimiento 26 de Julio, con los cuales no se sentía conforme. Era lógico que luego tuviera que compartir la victoria con otras organizaciones.

Así, rechazó unos y aceptó otros a regañadientes. El Pacto Diálogo Cívico lo rechazó de plano en marzo de 1956. En cambio, el Pacto de México, con José A. Echeverría, se vio obligado a aceptarlo.

El 12 de julio de 1957 firmó El Pacto de la Sierra, junto a dos figuras claves de la época: Raúl Chibás, uno de los más queridos dirigentes ortodoxos, y Felipe Pazos, destacado economista cubano, célebre en el campo de las finanzas.

En el bohío de Fidel discutieron aquellos tres hombrees durante días. Querían lograr un urgente llamado a todos los partidos políticos de la oposición, con el fin de derrocar a Batista lo más pronto posible.

Fidel había escrito la parte económica del Pacto, donde menciona el incremento de la industrialización para una Cuba libre, pero no las nacionalizaciones empresariales, ni la colectivización de las tierras. Era evidente que resultaba menos radical que sus declaraciones anteriores y mucho menos que La historia me absolverá.

Aceptar aquel Pacto no sólo representaba lograr el cese del envío de armas a la dictadura, sino poner fin al derramamiento de sangre mediante la celebración de elecciones libres y, además, obtener un gobierno democrático, libertad de prensa, el respeto a los derechos humanos y autonomía de los sindicatos.

También se rechazaba la sustitución de Batista por una junta militar y sí se aceptaba un presidente provisional, no político, para celebrar elecciones al año siguiente, según la Constitución de 1940.

Aun así, fracasó.

Según señala muy escuetamente la enciclopedia cubana Ecured, autorizada por la dictadura castrista, el fracaso del Pacto se debió a que “como los opositores a Batista preferían moverse dentro del marco de la legalidad, no se adhirieron a sus cláusulas de declaración de guerra”.

El Che Guevara, un poco después, argumentó que el Pacto de la Sierra no había satisfecho las expectativas del Movimiento 26 de Julio y lo consideró “un programa mínimo, que no serviría más allá del momento”.

Se refirió a “los propósitos macabros de una burguesía importada, vinculada a los amos imperialistas”, olvidando que había sido precisamente esa burguesía autóctona de Cuba la que ayudaba con grandes cantidades de dinero a las guerrillas de Fidel.

El Che no habló claro. En realidad, si Fidel estuvo de acuerdo en firmar aquel Pacto, fue porque estaba consciente de que aún el pueblo no tenía confianza en el triunfo de su lucha armada.

La prueba más objetiva era el fracaso de las dos huelgas generales que convocó, en las que las masas no tuvieron ninguna participación. La primera en julio de 1957 y la segunda el 9 de abril del siguiente año.

“Sabíamos que no era posible realizar nuestra voluntad desde la Sierra Maestra y por eso teníamos que contar con una serie de ‘amigos’, que utilizaban nuestra fuerza militar para sus propósitos”, dijo al respecto el Che.

Quiso decir el argentino guerrillero que aquel Pacto había sido aceptado de forma hipócrita, puesto que aseguró que “se trataba sólo de un pequeño alto en el camino”.

A Fidel lo que le importaba era derrocar a Batista para convertirse en el jefe máximo del país. Las alianzas que pactara con líderes revolucionarios podrían disolverse, sobre todo si éstos le hacían sombra. Apartarlos del camino sería fácil, por mucha trayectoria y carisma que tuvieran. Morirían o escaparían al exilio, lejos del paredón.

En definitiva, su principal pacto había sido con Lucifer.

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