‘¿Delegado yo?’ | ¿Delegado Tú? Cuba 

Origen: ‘¿Delegado yo?’ | Diario de Cuba

“Barrios en transformación”, así llama el Gobierno a las comunidades habaneras más pobres, habitadas mayoritariamente por población de raza negra y que son las más golpeadas por los bajos salarios, el deterioro del fondo habitacional y las infraestructuras, entre otros problemas, como reflejan las propias estadísticas oficiales.

Barrios marginales” los llaman sus propios habitantes, quienes ante la pregunta de si estarían dispuestos a ser delegados del Poder Popular en su circunscripción para intentar cambiar las condiciones de la comunidad responden con escepticismo, aunque algunos se muestran dispuestos.

“¿Delegada yo? Qué va, eso es de politiquería, mijo”, dice Hortensia, residente en la barriada El Moro.

“Para eso tienes que ser del Partido o de la Juventud y aquí hace falta gente común que viva como nosotros porque así los problemas no hay que planteárselos, reconocen cuáles son. Por eso yo digo que en estos suburbios nada cambiará nunca mientras la política esté de por medio”.

En La Cuevita todo el mundo conoce a Julito Prado por dos condiciones: ser devoto de Changó y por “calentar con la verdad y sin pelos en la lengua” cualquier reunión en su barrio. Cuando se le pregunta si quisiera ser delegado de su circunscripción, responde que sí.

“Pero cuando todo eso deje de ser política”, matiza de inmediato. “Porque el racismo, la marginación y las malas condiciones de nuestras casas no se resuelven con Lineamientos. La Timba, Indalla, La Jata, Miraflores, Cayo Hueso, El Canal, La Guarapeta, Lawton, Jesús María, Pogolotti, todos estos barrios y muchísimos otros llevan años en las mismas condiciones, desahuciados, y ninguno de esos delegados resuelven ni transforman nada”.

Natividad Gómez también quisiera ser delegada de su circunscripción en Atarés, pero alega no estar “integrada” al Partido Comunista y otras organizaciones del Gobierno.

“Si yo fuese delegada, acabaría con el trapicheo de materiales de construcción para que la gente pudiese arreglar sus casas como Dios manda”, sueña en voz alta. “También alegraría el barrio reparando sus calles, sus escuelas, sus parques y todo eso con menos reuniones y con menos pipas de sirope de refresco”.

En opinión de Reynaldo Falcón, de la barriada Altahabana, la cuestión es para qué un cubano de a pie quiere ser delegado de su circunscripción. “La única vez que fui a votar fue hace más de 15 años, cuando en el barrio se postuló un amigo mío, Denis Frank”, recuerda.

“Se presentó como independiente, pero no estaba afiliado a ninguna organización disidente. Logró llegar a delegado por encima de cinco miembros del Partido. Sin embargo, le hicieron la vida un yogurt y hasta lo acusaron de aprovecharse del cargo para beneficio propio. No duró ni un año como delegado”.

Los más jóvenes

Las generaciones más jóvenes, esas que a criterio de la realizadora audiovisual Yaíma Pardo “fueron desterradas de toda la épica de la Revolución”, también asumen al delegado de la circunscripción como una herramienta política, “como un policía más que te vigila”.

“En estos barrios muchos jóvenes somos mal mirados por la simple razón de que no tenemos buenos estudios o porque no pertenecemos a las organizaciones de masas”, apunta Raúl Daniel, de La Güinera, quien asegura manejar “los dos idiomas de la vida: el del barrio y el decente”.

“Sé manejarme con todas las personas, por eso me cuentan sus problemas, lo reales, los que duelen, y porque de corazón y desde mis posibilidades intento ayudar aunque sea aconsejando. Eso no lo hace ningún delegado que yo haya conocido en mis 30 años, ni con su carné del Partido, ni con sus muelas sobre el imperialismo y el bloqueo. Yo no creo que hagan falta delegados, sino gente con deseos de cambiar las cosas de verdad”.

En cambio, Yadiris Susana, joven de 25 años y vecina de El Canal, cree que los delegados son necesarios.

“Pero tiene que ser un tipo que de verdad represente los problemas del barrio y no que solo lo veas en las reuniones del Comité (de Defensa de la Revolución), cacareando las necesidades de la Revolución o culpando a la gente por las montañas de basura, los robos o los incumplimientos con las tareas ‘cederistas’. Como delegada me importaría que las mujeres jóvenes tuviesen círculo infantil para sus hijos, y acabar con la violencia que tenemos dentro por vivir apiñados”.

“Yo quisiera ser delegado para que el pasado no nos persiga como el jefe de sector” de la Policía, dice Rubencito, del reparto Juanelo.

“Uno se portó mal en el pasado, pero también la gente cambia. Muchos jóvenes en estos barrios nos convertimos en promotores naturales de la comunidad haciendo acciones culturales y la propia gente nos agradece y hasta nos admira por eso. Somos más populares que cualquier delegado, porque saneamos el barrio sin que nadie nos mande ni porque queramos cumplir con el Comité ni con nadie”, añade.

“Lo hacemos por el barrio. ¿Un delegado puede hacer eso?”.

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