Cuba ¿Hasta cuándo? Castro Ni genera ni deja que el Pueblo genere riquezas

El turismo no va a salvar a Cuba

El sector no sería capaz por sí solo de arreglar la pésima situación de la economía

Lunes, agosto 7, 2017 | Jorge Luis González Suárez

LA HABANA, Cuba.- Hace poco recibí la visita de un buen amigo que lleva 10 años residiendo fuera de Cuba, primero en República Dominicana y actualmente en Estados Unidos.

Esta persona era aquí un profesor de marketing, con títulos de maestría otorgados en Inglaterra y España.

La conversación giró sobre el futuro de nuestra patria. Principalmente hablamos de economía. Su opinión me dejó bastante pensativo.

Muchos piensan que la solución de las dificultades de la economía cubana está en recibir una avalancha de turistas, de todas partes del mundo, y principalmente norteamericanos. La explicación de mi amigo me demostró que no es así.

Me aclaró que un turismo, para ser rentable, necesita de una buena producción de bienes para abastecer la infraestructura hotelera y las instalaciones recreativas. Y en Cuba, la producción nacional no alcanza siquiera para los habitantes del país. Entonces, los productos para cubrir la demanda del turismo hay que importarlos. Por tanto, los beneficios económicos obtenidos del turismo hay que reinvertirlos en comprar los insumos imprescindibles para su abastecimiento y se crea un círculo vicioso.

La teoría expuesta por mi amigo es contundente. Me señaló algunos ejemplos concretos, que le dan toda la razón.

Hacer un turismo económico sostenible para el país necesitaría una cifra de un turista por habitante anualmente. Hoy según los datos oficiales, llegan a Cuba alrededor de unos cuatro millones de turistas y las estadísticas expresan que somos 11 200 000 cubanos. La diferencia es notable.

El crecimiento de la cifra de turistas extranjeros que llegan al país no rebasa siquiera el medio millón por año. Tendríamos que estar unos 15 años aproximadamente a este ritmo, para lograr la rentabilidad deseada. Y eso, a pesar de que en Cuba, en las actuales condiciones, crece muy poco la población.

Otro inconveniente es el aumento del precio de los productos en el mercado mundial cada día, lo cual hace que haya que gastar más para la adquirir las mercancías necesarias. Esto implica subir el precio de los servicios hoteleros y los alimentos que consuman los turistas. Pero el mayor gancho turístico en Cuba, son los paquetes con bajos precios, porque nuestro principal mercado son personas con pocos ingresos, los cuales ahorran para en las vacaciones venir a Cuba, debido a la buena oferta. Si se hace más caro, esas personas escogerían otros destinos más baratos.

Una parte significativa de los turistas que llegan a Cuba se alojan en viviendas particulares y comen en las paladares, porque les resulta menos costoso. Esto trae como consecuencia que los beneficios estatales descansen en los impuestos sobre los llamados cuentapropistas, algo que tampoco brinda una gran ganancia al país.

Como los alimentos y enseres necesarios que abastecen a los cuentapropistas provienen del mercado minorista, no dan una suficiente rentabilidad para el gobierno. Los pequeños comerciantes privados, al verse obligados a surtirse en el mercado minorista, originan un verdadero problema para la población, por el desabastecimiento que causan de productos como el pan, la cerveza, el agua embotellada, etc.

El turismo, por sí solo, no es quien puede resolver la desastrosa situación en que se encuentra nuestra economía. La verdadera solución descansa en aumentar la producción nacional, y abaratar los costos.

No es secreto para nadie, incluso es admitido por los máximos dirigentes del gobierno, que los míseros salarios que se pagan en Cuba no estimulan el aumento de esa imprescindible producción. Entonces, ¿cómo podremos salir de esta crisis?

Los cambios en el modelo económico (la llamada actualización) sin cambios políticos conducirán una vez más al fracaso. No hay que ser un estadista para comprender algo tan sencillo.

Mientras se buscan soluciones a muy largo plazo, el pueblo sufre. Su angustia se refleja en una frase popular que hoy se repite a diario: ¿Hasta cuándo?

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