Cuba El maltrato contra Eliecer Avila “El relevo Neceario” | Los hechos y una decisión

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Los hechos y una decisión

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La Habana 9 de abril del 2017

Como ya se sabe, en la mañana de ayer se perpetró la segunda parte de un escandaloso ataque contra mi persona. En un acto desmedido de fuerza, mi hogar fue invadido por gente enferma, sádica y frustrada.

Se aparecen con una orden de registro que busca “Medios de cómputo” , (sin que me puedan decir quién y de qué se me acusa), pero el 95% de lo que se llevaron no tiene nada que ver con eso.

Tasas de tomar leche, ropa, 200 tarjetas de presentación, lapiceros, lápices, documentos de todo tipo incluyendo reclamaciones a la fiscalía de procesos activos, libros, aparatos de afeitar desechables, agendas, pegatinas, impresos, palo de selfie, diplomas de reconocimiento, baterías (pilas), mochilas, almanaques, ropa (blusas, cintos, hebillas de pelo), carpetas, escultura y fotografías regaladas por artistas cubanos, banderitas cubanas, teléfonos, cables y cargadores de todo tipo, cámaras de fotos y de video, trípode, luces, 4 computadoras (mías, de Rachell y de Pedro Acosta) y otra lista infinita de cosas que completaron un Acta de Ocupación de 17 páginas, donde cada renglón es un objeto. Para procesar toda aquella mudanza, estuvieron escribiendo 5 oficiales distintos desde las 8.30 am hasta las 7 de la noche.

Ya en la Unidad de Policía de “Aguilera”, en un cuarto pequeño y caluroso, unas diez personas entre policías y “segurosos”, todos dirigidos por Kenia, Teniente Coronel de la Seguridad del Estado, después de realizar la proeza de documentar todo, me dicen que estoy acusado formalmente de Receptación. Me acusa “de oficio” la propia Kenia. Lo curioso, es que a la hora del interrogatorio no realizan pregunta alguna que gire en torno al “delito” que del que se me acusa. Por el contrario, están muy interesados en los libros: “Cuba libre”, de Yoani Sánchez, Ética y Cívica, de Dagoberto Valdés, “Ensayos progresistas desde Cuba” de Manuel Cuestamorua y un librito de Carlos Alberto Montaner que no recuerdo su título.

Otro tema prioritario son todos los documentos referentes a Somos+ y a Otro18, “están obsesionados con las elecciones” repite acalorada la Tte. Coronel mirando a sus colegas.

Toda esta escena es digna de ser representada en un teatro y haría llorar a muchos y reírse a otros pues la sarta de boberías y estupideces que escuchas hacen que te preguntes si verdaderamente lo estás viviendo o es solo una pesadilla. Siete personas apabullan a una como una manada de depredadores que actúa al unísono para rendir a su presa de cansancio o hacerla explotar de rabia.

Mientras eso sucede, a veces trato de entender el perfil psicológico de las personas que se dedican a esto, al menos en Cuba. Los jóvenes oficiales, me parecen personas de muy baja autoestima, acostumbrados a ser maltratados por sus jefes, y deseosos de ganar un puesto desde donde puedan sentirse “más hombres”, más fuertes, más poderosos. Manifiestan una necesidad enfermiza de que alguien les tenga miedo. Supongo que habrá una parafilia específica referente a esta conducta. Políticamente son incapaces de entender nada que salga del guión dictado y aprendido a la perfección, como si recitaran el Corán. Afirman conocer al dedillo todo lo que jamás han visto y distorsionan todos los eventos ordinarios para convertirlos en extraordinarias “pruebas” de lo que quieren demostrar.

Kenia, vapulea a los policías como si de sirvientes se tratara. Es incapaz de decir “por favor” y rara vez improvisa las gracias. Se nota que está acostumbrada a que le obedezcan a la carrera y se muestra implacable, recia, desfeminizada totalmente. Con la boca y el ceño fruncidos, les da una lección a los jóvenes de cómo tratar con un “desafecto”. No deja hablar, lanza amenazas como cuchillos, grita, pregunta y ella misma responde, se ríe de costado como los mafiosos en “El Padrino”, usa el chantaje y la burla torpemente… Sus lacayos la miran con admiración y envidia, esperan que los años pasen rápido y puedan verse así de duros…

Jóvenes que pudieron ser doctores, maestros, ingenieros, emprendedores, humanistas, personas normales… se condenan a sí mismos a pasar la vida pisoteando almas, expulsando a cubanos de su tierra, robando pertenencias, estrujando y tirando a un cesto de basura los sueños de varias generaciones de hombres y mujeres sensibles a los problemas de la nación. Sirviendo de cortina para que se enriquezcan aún más y vivan a plenitud los verdaderos responsables de tanta oscuridad.

Resumiendo, hoy soy un acusado bajo fianza, privado de los bienes personales que me acompañaron durante años y que contienen la historia de mi vida, de mis luchas, y de mi fe en los cubanos.

Solo el pueblo, inerte, ausente hasta hoy, puede modificar el esquema actual de poderes en Cuba e inclinar la balanza. Si los estudiantes, intelectuales, trabajadores, la gente común, los vecinos no dicen: “ya basta”. La moledora de cerebros seguirá implacable sin que quede en poco tiempo nada que salvar, nada por qué luchar.

En los próximos meses, los cubanos tienen que decidir si quieren vivir bajo el yugo de la opresión por otro medio siglo, o si queremos ser libres para construir el país hermoso que se nos oculta tras una montaña de miedo, mentiras y manipulaciones.

Somos+ dará el máximo, hará lo imposible, se mantendrá íntegro, se romperá la garganta, redoblará sus energías, para que la nación salga del coma. Espero que la mayoría reaccione, abra los ojos, respire y haga el esfuerzo de vivir con dignidad.

Hoy renuncio formalmente a mi derecho de decepcionarme.

Apuesto todo a mi país.

Ing. Eliécer Ávila

 

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