‘Farewell’, Míster Obama

‘Farewell’, Míster Obama

FRANCISCO ALMAGRO DOMÍNGUEZ | Miami | 21 de Octubre de 2016

Faltan pocos días para que la administración Obama sea historia. Más allá de consideraciones partidistas e ideológicas, siempre se podrá decir que ha sido el Gobierno que mayor interés —y capital político— ha puesto en normalizar relaciones con el régimen cubano. Incluso ahora, cuando apenas quedan semanas para elegir otro presidente, una directiva con su firma trata de blindar las medidas tomadas, añade otras, y niega cualquier intención de provocar un cambio político en la Isla. Finalmente, Obama podrá escribir sus memorias y hablar de su paseo por la Habana Vieja sin temer a la crítica de amigos y enemigos.

Porque Barack Obama ha tenido la virtud, respecto a Cuba, de unir a los enemigos y enemistar a los amigos. Tanto el Gobierno cubano como los líderes políticos del exilio coinciden en que el presidente pudo haber hecho mucho más por los cubanos; unos porque no liquidó el embargo, otros porque lo aflojó demasiado. Para los políticos de ambas orillas, el resultado de la gestión de Obama ha sido casi nula, e incluso contraproducente. Quienes lo defendían al principio han terminado criticándolo, y sus críticos ahora lo tienen como un mal menor frente a la tormenta electoral que se avecina.

Con sus directivas y órdenes ejecutivas el presidente ha echado a pelear a los anticastristas del llamado exilio histórico con los políticos bisoños y los hombres de negocio cubanoamericanos. Y también con sus acciones, al interior de la Isla, ha enemistado a la oposición, ha fracturado metas y estrategias. Y algo más: ha logrado que la oposición pierda terreno allí donde antes era un interlocutor válido, como en el Parlamento Europeo; como resultado hay prisa y no hay casi impedimento para echar abajo la llamada Posición Común. De tantas golpizas y detenciones domingo tras domingo, los disidentes ya no son noticia ni siquiera en el sur de la Florida. Por supuesto, todo comenzó hace casi tres años, y un dato revelador del nivel conspirativo: ni los propios congresistas cubanoamericanos estaban al tanto de las negociaciones.

Obama no ha entendido nada. Cuando el régimen dice que no se moverá un milímetro de sus posiciones, y que los derechos humanos que defiende son diferentes a los de los demás, y que no habrá normalización hasta que los EEUU quiten el "bloqueo", no hay otras intenciones, no hay dobleces ni disimulo. Cuando dice que apoya a Venezuela y al Irán expansionista, y que Coreo del Norte en amigo tire el cohete que tire, tampoco miente, y es capaz de probarlo. Cuando quiere inversiones, dinero fresco, acceso a préstamos de bancos sin que medien restricciones, no está loco ni es iluso; cree, de verdad, merecerlo, y que es factible lograrlo.

El problema no lo tiene el régimen; sus metas y objetivos están muy claros: sobrevivir. El problema lo tiene Obama: no saber lidiar con los sobrevivientes. Un sobreviviente al que, por cierto, le queda todavía muchísimos recursos, y el mejor de todos, curiosamente, es su emigración a los propios Estados Unidos. En el sur de la Florida florecen ya decenas y tal vez cientos de inversiones castristas en bienes raíces y otros negocios. Y eso lo sabe muy bien el Gobierno norteamericano.

Al mismo tiempo, puede parecer grotesco, pero es muy serio: Josefina Vidal, la misma persona que conversa con los diplomáticos norteamericanos para "normalizar" las relaciones, está sentada en el medio del "avispero universitario" diciendo que el presidente no ha hecho lo suficiente para mejorar esas relaciones; un abogado de la cancillería, versado en Derecho Internacional, afirma que los derechos humanos que defiende Cuba —sin ratificar los pactos correspondientes— son distintos a los de otros países; una brigada de constructores indios remodela un antiguo edificio de La Habana —mi Habana, la suya, mi amigo, construida casi toda en menos de 50 años— porque no hay nacionales que hagan el trabajo como ellos; a unos pasos, a solo unas pocas cuadras, el Gran Teatro de la Habana, el Hotel Sevilla, el increíble Edificio BacardÍ, diseñados, construidos por cubanos. De verdad, Míster Barack Obama, ¿usted creyó poder con tanta "cosa"?

El presidente número 44, un hombre listo, ético, un ejemplo del sueño americano, está a punto de abandonar la Casa Blanca sin aprender muy bien las lecciones que esa diminuta Isla ha tratado —consta en actas— de enseñarle durante los últimos años. Al régimen se le podrá acusar de cualquier cosa menos de tonto o ambiguo. En fin, cualquier inquilino que ocupe la Casa Blanca el 20 de enero de 2017 podrá encontrar olvidado en una gaveta un mapa de la Habana, o el menú de un "paladar", escrito de puño y letra del anterior presidente de Estados Unidos. Y podría leer algo así como un epitafio:

"Por aquí pase tratando de hacer el bien… sin saber muy bien de que se trataba".