La Censura un pilar de la Revolución Oculta

Quienes castigan a los periodistas por publicar verdades promueven la mentira, la simulación y la doble moral. Escamotean al pueblo de Cuba el acceso a la información veraz, lo cual convierte al ciudadano en un elemento fácilmente manipulable.

La Revolución Cubana, siendo apenas una niña, les dijo a los ciudadanos que no creyeran, que leyeran. Décadas después la burocracia nacida de sus entrañas parece decidida a censurar a los que escriben, para limitar a los que ya pueden leer.

Lo ocurrido al colega José Ramírez es un ejemplo aleccionador. Su pecado fue publicar íntegras las palabras de la subdirectora de Granma, donde Karina Marrón criticó la forma en que se maneja la prensa, de la cual los medios solo habían publicado fragmentos “light”.

Lo acusan de hacer pública información de una reunión de la Unión de Periodista (UPEC) y cabría preguntarse ¿por qué razón son secretos los debates de una asociación profesional?, ¿temen que el enemigo se entere de que la prensa cubana no funciona bien?

Si los medios de prensa nacionales pertenecen al pueblo, legalmente podría considerarse una estafa esconder los problemas, debates y críticas que hay en su interior al legítimo propietario, es decir a los 11 millones de cubanos que, además, los financian.

El periodista José Ramírez tal vez no pueda volver a trabajar en la prensa nacional, es uno de los jóvenes periodistas castigados por decir la verdad

¿Dónde está el peligro de revelar lo que se debate en la UPEC?, ni que se tratara de la discusión del plan de defensa del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. ¿Qué debate periodístico podría afectar la seguridad nacional?

Acusan a José de publicar sin la autorización de Karina pero ¿debería haber pedido permiso?. Si alguien hace declaraciones de interés nacional que no quiere ver publicadas, debe aclarar que son “off the record”, de lo contrario se pueden utilizar en los medios.

La alocución proviene nada menos que de la Subdirectora del periódico oficial del Partido Comunista y fue expresada en una reunión en la que participaban decenas de periodistas y autoridades de la UPEC. ¿Por qué escondérselas entonces a la ciudadanía?

Declaran a José culpable de publicar en su blog y en las redes pronunciamientos críticos sin permiso del director del medio en el que labora. Esto es una contradicción, si se trata de una “bitácora personal”, ¿porque pedir permiso al jefe en el centro de trabajo?

Lo que parece estar ocurriendo es una extensión de la censura al ciberespacio. Empezó con una guerra ideológica contra los medios no oficiales. “Trabajan para el enemigo”, dijeron los voceros del extremismo en un recorrido por las universidades pero nadie los tomó en serio.

Karina Marrón forma parte del grupo de jóvenes periodistas que están ocupando posiciones de dirección en los medios

Los jóvenes siguieron escribiendo en esos espacios de prensa. Pero los Defensores de la Fe no se limitan, si no entienden por las buenas entenderán por las malas, así que prohíben simultanear el trabajo en los medios oficiales y en los “alternativos”.

Algunos jóvenes renunciaron a los medios no oficiales, otros abandonaron los oficiales, unos cuantos emigraron y hay quienes, burlándose de la prohibición, siguen trabajando en ambos. El poder de los censores ya no es lo que era pero no se les debe subestimar.

Adujeron que los medios “alternativos” responden a una estrategia del enemigo pero cuando dejan sin trabajo a un periodista cubano por lo que publicó en su blog personal, demuestran que “el enemigo” es una excusa para extender su poder al ciberespacio.

Ya lo habían intentado antes, cuando le cortaron al blog La Joven Cuba el acceso a Internet. Entonces el tiro les salió por la culata porque muy importantes personalidades cubanas desde dentro y fuera de la isla intervinieron para impedir que fueran llevados a la pira.

Karina Marrón no trabaja para el “enemigo” ni José Ramírez es corresponsal de Radio Martí. Son periodistas cubanos, jóvenes que se quedan en Cuba a pesar de la irracional política informativa y de salarios que no llegan a mediados de mes.

Seguramente, ellos tienen la esperanza de que el socialismo cubano pueda ser próspero y la prensa racional. Estigmatizar a los jóvenes por decir lo que piensan y publicar lo que creen los empuja a la migración más de lo que lo hace la Ley de Ajuste Cubano.

Ningún dirigente político quedará para semilla, lo más que podrán hacer es sembrarlas en las almas más jóvenes pero para germinar estas necesitan espacio, necesitan que su voz se oiga y necesitan ejercer el poder que un día, irremediablemente, estará en sus manos.

Fueron jóvenes los que se alzaron en la manigua, los que derrocaron a los dictadores Machado y Batista, los que terminaron con la Enmienda Platt, los que alfabetizaron al país, los que construyeron la biotecnología y los que curan a cientos de miles de personas por todo el mundo.

La nación no tiene nada que temer de la juventud cubana, por el contrario, debería proteger a sus jóvenes, impedir que se les castigue por ser auténticos o por pretender construir una sociedad mejor, lo cual es el más sano instinto de la juventud.

Un viejo guerrillero latinoamericano me dijo una vez que la juventud sin rebeldía es sumisión precoz. Castigar a jóvenes por ser valientes y expresar lo que piensan es dar rienda suelta a los castradores, esos que solo pueden convertir a Cuba en una nación estéril.