La economía en Venezuela: ¿qué viene?

Durante los últimos meses el consenso entre la mayoría de los analistas económicos cuando se hablaba de la situación en Venezuela era caracterizarla como un país en recesión económica. Incluso, se ampliaba el concepto a estanflación, dada la problemática inflacionaria que nos acompaña desde hace algún tiempo. Sin embargo, dada la profundidad de los múltiples desequilibrios,…

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La economía en Venezuela: ¿qué viene?; por Asdrúbal Oliveros

Por Asdrúbal Oliveros |

 

Durante los últimos meses el consenso entre la mayoría de los analistas económicos cuando se hablaba de la situación en Venezuela era caracterizarla como un país en recesión económica. Incluso, se ampliaba el concepto a estanflación, dada la problemática inflacionaria que nos acompaña desde hace algún tiempo. Sin embargo, dada la profundidad de los múltiples desequilibrios, este término ya se quedó corto. Ahora lo que Venezuela experimenta es, sin duda, una depresión económica. Comparada con 2013, la economía venezolana habrá perdido en términos reales una cuarta parte de su tamaño al cierre de este 2016 y el PIB medido en dólares corrientes, tendrá una reducción de 47%. Estas cifras no tienen precedente en nuestra historia económica contemporánea.

 

 

Desde la perspectiva social y laboral, el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos no tiene precedente alguno. Según las cifras del Banco Central de Venezuela (BCV) la inflación de 2015 cerro en 180,9%. Nuestros estimados apuntan a que la inflación acumulada durante los primeros cinco meses del año se ubica en 83,2%. Con estos números es poco probable que los salarios se ajusten al incremento de los precios.

Con estos datos, el año pasado los venezolanos se hicieron 14,7% más pobres en promedio, incluso con los incrementos salariales obligatorios decretados desde el Ejecutivo Nacional. En 2016, sin duda, esta situación va empeorar. Asimismo, otro fenómeno que está acabando con los estándares de vida de los venezolanos es el fuerte recorte en las importaciones, los controles de precios y la burocracia en torno a la distribución de alimentos y medicinas. Estos son factores que impulsan la escasez desde principio de 2014. De hecho, los llamados bachaqueros (revendedores) han sabido usar estos desequilibrios para generar ingresos por encima del salario mínimo y poder surfear la crisis.

El sector privado, tras años de competir con el sector público, se ha quedado sin margen de maniobra. El monto de dólares asignados cada vez es menor, lo cual limita la importación de materia prima. La ley laboral complica la sinergia productiva y los controles de precio y margen de ganancia siguen estando presentes. Por otro lado, dada la deuda que mantiene el Ejecutivo con las empresas privadas, las empresas venezolanas no tienen acceso al crédito internacional, lo que eleva su dependencia a las divisas provenientes del Estado.

¿Qué ha hecho el Gobierno?

Ante esta situación uno pensaría que el Gobierno, en conjunto con el resto de los actores institucionales, buscaría solucionar la crisis lo antes posible, no obstante, lo único que ha hecho es correr la arruga anunciando medidas inconexas. Entre ellas destacan: el incremento del precio de la gasolina, la reformulación del sistema cambiario, el incremento en los impuestos, el impulso a los sectores productivos, entre otras, con alcance muy limitado.

Por otro lado, el Gobierno ha decido “pasar” por encima de la Asamblea Nacional (AN) demostrando una vez más que se juega bajo sus reglas y no con otras. Ante esta anulación institucional, la oposición se ha visto imposibilitada de al menos tratar de paliar la crisis. Por los momentos no hay posibilidad de entendimiento entre factores de gobierno y de oposición que permita superar la grave crisis económica y social que vive el país, a pesar de esfuerzos (especialmente venidos del exterior) para sentar en una misma mesa a los actores políticos involucrados.

En esta dinámica, los factores de oposición han ofrecido como salida la realización de un referendo para revocar el mandato del presidente Maduro. Este trámite tiene que cumplir varias etapas y también obstáculos, dado el control institucional que mantiene el chavismo. La meta es que el referendo revocatorio se realice este año, para que se pueda contar con un nuevo gobierno. Pero no es fácil. De algo sí hay que estar claro: mientras más tiempo se espere, más costoso será el ajuste tanto en términos económicos como sociales.

Lo peor está por venir…

Frente al segundo semestre de 2016 es claro que Venezuela tendrá una profundización de la crisis económica con presiones para el cambio político. El actual modelo es inviable y tendrá que cambiar ya sea con precios del petróleo altos o no. No obstante, es imposible predecir la velocidad del cambio. Asimismo, a priori no se puede saber si el cambio que vendrá es mejor o peor que el actual escenario. La incertidumbre parece apoderarse del panorama de mediano plazo en Venezuela.

Por el lado de la economía, mientras las distorsiones no se resuelvan, las variables claves de ajuste —es decir, las válvulas de escape— serán: la escasez, el incremento significativo de la inflación y el tipo de cambio no oficial (paralelo). Adicionalmente se avizora otro riesgo en el horizonte: dado el aumento en las presiones sociales y el incremento de la polarización política, Venezuela podría encaminarse a una crisis de gobernabilidad con consecuencias impredecibles.

Más allá de las medidas anunciadas, las cartas sobre el desempeño económico de 2016 están echadas para Venezuela. Estimamos una contracción de 10,5%, una inflación de 419,5% y una contracción de las importaciones de 35,5%. La clave está a mediano plazo. Hay que evaluar si efectivamente la situación política tiene algún tipo de solución para pensar en mecanismos de estabilización de la economía. La oposición apuesta por un cambio del Poder Ejecutivo que permita un cambio de modelo para comenzar la recuperación. Por el contrario, el chavismo apuesta llegar hasta 2017 para evitar un cambio que pase por una solución electoral.

En 2016 los riesgos —más allá de la posibilidad de que la conflictividad política derive en una crisis institucional— están en que la situación respecto a la inflación derive en una crisis hiperinflacionaria. De hecho, hasta mayo, la inflación subyacente ya escala hasta 807,2% en base interanual. En 2015, la inflación subyacente se ubicó en 383,1%, mientras que en los cinco primeros meses de 2016 ya escaló a 249,2%. El otro foco de tensión es el servicio de la deuda externa. Venezuela tiene un servicio de deuda externa (incluyendo a China) de 14.114 millones de dólares, lo que representa un 64,2% del total de los ingresos proyectados para este año.

 

¿En transición?

Cuando se analiza la crisis económica, es difícil pensar que esta situación se pueda mantener por mucho más tiempo. incluso partidos allegados al Gobierno han sugerido realizar ajustes para tratar de minimizar los efectos negativos de la crisis. El Gobierno sabe que medirse en el campo electoral sería un error, especialmente cuando las próximas elecciones son para gobernaciones y alcaldías y las zonas que más han sido afectadas por la crisis son las del interior del país. Adicionalmente, las encuestas más serias muestran que de realizarse un referéndum revocatorio al mandatario de Nicolás Maduro, éste lo perdería.

Pensar en una transición de Gobierno no es descabellado, especialmente cuando se analizan los números. Sin embargo, no se puede saber si lo que viene será mejor o peor para el país y cuándo llegará. Lo que sí tenemos que tener claro es que venga quien venga, el ajuste será necesario y no libre de obstáculos. Si la oposición quiere hacerse con el poder, tendrá que saber jugar sus cartas sobre todo si no quiere ser visto como el culpable del malestar causado por los ajustes, en caso de hacerlos. Y el chavismo necesita reinventarse para asegurar su sobrevivencia política en el mediano y largo plazo. Desde los políticos, pasando por empresas, hasta los ciudadanos debemos tener presente que la economía necesitará un conjunto de medidas, algunas con bastante grado de complejidad, para resolver los múltiples desequilibrios. También es importante el diseño de estrategias para operar antes, durante y después de un período como éste. Para el sector privado será clave el manejo del flujo de caja, la revisión de las opciones de cobertura, las decisiones respecto a los ajustes de precios, la retención del talento y el cuidar la cuota de mercado. Frente a los cambios, la espera ha de ser activa.