Cuba: la ruta necesaria del cambio económico

En el libro Cuba: la ruta necesaria del cambio económico (Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2014), compilación de textos realizada por Omar Everleny y Ricardo Torres, se desliza un amago de enfocar la realidad cubana de estos tiempos mediante el sentido común, aun cuando sus múltiples matizaciones no le permitan a los autores ir mucho más all

Origen: Un manicomio entre las nubes | Diario de Cuba

 

En el libro Cuba: la ruta necesaria del cambio económico (Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2014), compilación de textos realizada por Omar Everleny y Ricardo Torres, se desliza un amago de enfocar la realidad cubana de estos tiempos mediante el sentido común, aun cuando sus múltiples matizaciones no le permitan a los autores ir mucho más allá del amago. No obstante, nos revelan atisbos como el de la inflación no oficializada que existe en la Isla, pero que no se ve porque es otro de nuestros estados de irrealidad impuestos por el régimen.

Sus autores, investigadores del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, afirman en la página 20: “Cabe señalar que en el índice de precios al consumidor (IPC) publicado oficialmente, los precios regulados abarcan alrededor de 40% del total y se excluye a los productos denominados en pesos convertibles cubanos (CUC)… Al no incluirse todos los mercados, esto puede indicar que los valores de la inflación son superiores a los valores publicados”.

O sea, se trata de lo que todos sabemos pero a nadie le consta, puesto que jamás aparece en los informes oficiales: la inflación, entre otros bichos, amenaza con tragarse de un bocado a la gente en la Isla, y sin apenas mover las quijadas, como la gente misma.

Entretanto, el régimen distrae al personal haciendo trampas de bodeguero pícaro, como las recientes rebajas de algunos productos que se venden en las shopping, aún a precios excesivamente inflados, a juzgar no solo por el salario medio, sino también por la correspondencia de costos contra ganancias que fue impuesta desde su creación en esas tiendas.

Se conoce —pues no pudieron ocultarlo durante tanto tiempo— que desde su inicio hasta hoy, en todas las shopping de la Isla, el precio oficial de los productos sobrepasa en más de 200% su valor de adquisición por parte del Estado. Así que las cacareadas rebajas de estos días (entre 6 y 30% para algunos alimentos o ciertos tipos de calzado infantil), más bien dan ganas de reír por no llorar.

Sin embargo, ocurre que mientras los más pobres —que son mayoría—continúan con las mismas limitaciones de antes para acceder a los productos “favorecidos” por esas rebajas, la televisión y otros medios de propaganda al servicio del régimen atiborran el éter con testimonios recogidos en las calles, donde no pocos expresan sentirse satisfechos o esperanzados con la noticia en cuestión.

Tal vez no se ha insistido suficientemente en el hecho de que para que esta casa de locos —que es la casa de todos los cubanos, donde quiera que vivamos—, se convirtiera en lo que es actualmente, no bastó que nos tocara en desgracia el fidelismo exterminador. Ya que cada persona es responsable de los fantasmas que visiona, la verdad es que cada uno de nosotros ha puesto su granito de arena en la hecatombe. Nuestra ingenuidad, indolencia, insolvencia, incompetencia, liviandad y falta de sensatez conformaron también los cimientos del manicomio.

Hemos perdido el sentido de la realidad. Según los que saben, se le llama realidad a lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio. Pero en Cuba es otra cosa. Allí la realidad más bien se acerca al modo en que la concibió Einstein en uno de sus minutos de máximo arrebato. Es la capacidad que tenemos para engañarnos a nosotros mismos, creyendo lo que no es y viendo lo que no ven los ojos.

Cuba enfrenta una desaceleración del crecimiento económico que hasta los propios generales y tecnócratas del régimen se han visto obligados a reconocer públicamente, pero no como la cruda realidad que es, ni como la evidencia de que mintieron con sus promesas de ayer de tarde, porque los cálculos hechos por economistas y sesudos no se correspondían con la reales realidades del país.

Y a pesar de los pesares, esos mismos economistas y sesudos continúan incurriendo en su estilo digamos sui géneris de apreciar la realidad. Ahora dicen que los Lineamientos están desplegando medidas más profundas y con mayor alcance estructural, por lo cual habrá que sentarse para esperar los resultados.

Ya más que escandalosa, llega a ser alucinante la testarudez del régimen, dispuesto a seguir imponiendo su ineptitud, amparada por la carga de un poder absoluto sobre todas las fuentes básicas de la economía. Y tanto o más resulta la actitud de los economistas a su servicio, que no solo atentan contra ellos mismos, contra su presunta sabia ciencia, sino contra el propio principio de realidad.

Y mientras el palo va y viene, los mayoritarios pobres comen una vez al día. Al tiempo que en los círculos concéntricos del jet set habanero (conformado por parásitos hijos de papá y de funcionarios corruptos, así como por tránsfugas del robo y del dinero fácil, además de algún que otro artista o científico cómplice), se despilfarran cientos de miles en una sola noche de gozadera, lujo y droga.

La Isla es todo un manicomio sobre nubes. Los economistas no se basan en números sino en actos de fe. Los gobernantes no gobiernan, solo se atornillan. Entre la gente común, cada día somos más los que huimos, burlando la gravitación histórica. Y cada día son menos los que producen y más los que quieren vender, no importa el valor de lo que vendan, ni que todos vendan lo mismo, apilados unos encima de los otros, al tiempo que los jefes aprueban, pues cada timbiriche en acción es un ciudadano que no tiene ojos para ver la realidad, no solo la que está delante de sus ojos, sino un poco más allá, en el futuro; un futuro que, a fuerza de no ser real, ni siquiera cuenta ya en los planes de nadie.