Los 3 altares del matrimonio cristiano

Los tres altares del matrimonio cristiano

Los antiguos hablan de tres altares en el matrimonio cristiano. El primer altar es el altar de la iglesia donde se nos sirve el pan de la palabra de Dios y de la eucaristía para vida eterna. El segundo altar es la mesa familiar donde se comparten los alimentos, donde la familia ora, donde se educan los hijos.

El tercer altar es el tálamo nupcial, es decir, la cama matrimonial. Es un altar. No es para menos porque es lugar donde Cristo se entrega a su esposa la Iglesia. Es un monumento, es un lugar sagrado.

Bajemos al llano y veamos qué consecuencias tiene esto. Es evidente que esta realidad sacramemtal requiere de una estética muy particular y esmerada. El marco exterior favorece o destruye esa conciencia de sacralidad.

Igual que el altar de la Iglesia la mesa familiar debe ser siempre un lugar digno y hermoso, especialmente cuando la familia se reúne, también el tálamo nupcial ha de ser un lugar digno, bien dispuesto. Es un santuario, es un altar. Los hijos no deben entrar allí sin permiso expreso.

¿Acaso no creen que esta realidad de fe ha de iluminar todo lo que hacen los esposos especialmente en los momentos cumbre de su matrimonio? ¿Se dan cuenta de la tragedia de los matrimonios que no tienen fe o de los que han entrado en una rutina mortal porque todo se realiza por costumbre y ya no hay corazón ni presencia divina porque no hay conciencia de ella?

Todo se vuelve búsqueda egoísta del placer. Miren, la rutina sin fe, sin amor no es sólo problema de los casados. También los sacerdotes estamos en peligro de celebrar el misterio eucarístico rutinariamente y ya no hay amor ni fe. Siempre de nuevo hay que recuperar el primer amor

Las expresiones de hoy que describen lo que hacen los esposos en el dormitorio denuncian la pobreza de la concepción que se tiene del momento de realizar la unión: “tener relaciones”, “realizar el acto matrimonial”, etc. La más aceptable podría ser “hacer el amor”. Pero también esta expresión es pobre, muy pobre.

De todo lo que hemos dicho anteriormente pueden ustedes deducir que el acto matrimonial no “se hace”, sino "se celebra”. Ya lo indica la estética y el decoro que debe rodearlo.