Las Mujeres que Fidel Castro no ha Homenajeado. A su cuñada refinada y burguesa sí.

Origen: La Mujer Cubana en la Historia – EcuRed

 

Mujeres que se destacaron en la etapa de 1953

Melba Hernández y Haydee Santamaría

Melba Hernández y Haydée Santamaría participaron en los asaltos a los cuarteles militares Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de Julio de 1953.

Gracias a la tenacidad y paciente labor de estas mujeres, el Pueblo cubano pudo conocer La historia me absolverá, el extenso discurso de autodefensa en el que Fidel Castro, transformado en acusador, denunció los crímenes de la tiranía y expuso el programa revolucionario de los jóvenes asaltantes. El lider de la Revolución Cubana  les hizo llegar, por las vías más ingeniosas, el histórico documento desde el llamado Presidio Modelo de Isla de Pinos.Ellas rescataron, línea a línea, el histórico alegato. Melba Hernández ,por su parte, tuvo la responsabilidad de mecanografiar el texto y de garantizar la impresión y distribución de la valiosa Arma política.

El 25 de noviembre de 1956, Melba Hernández está entre los que despiden, en el puerto de Tuxpan, México, a los expedicionarios del Yate Granma.

Haydee Santamaría heroína de la lucha revolucionaria, presidió la Casa de las Américas desde su fundación hasta 1980, año en que fallece.

María Antonia Figueroa

La maestra santiaguera María Antonia Figueroa, también se incorpora al movimiento 26 de julio, encabezado por Frank País García.

Celia Sánchez Manduley

La manzanillera Celia Sánchez Manduley, organizó la recepción de los expedicionarios y su traslado a la Sierra Maestra.

Vilma Espín, María Antonia Figueroa,Asela de los Santos y Gloria Cuadras

Participan en el asalto al Cuartel Moncada

Vilma Espín junto a Celia Sánchez llegaron a la Sierra Maestra el 16 de febrero para participar en la primera reunión nacional entre los dirigentes de la Sierra y el Llano. Celia y Haydée se incorporan a la lucha en las montañas, desde donde salen en diferentes ocasiones para cumplir misiones de alto riesgo. Poco a poco, crece el número de mujeres que decide permanecer todo el tiempo en la guerrilla cumpliendo con disímiles tareas.

En 1958, se hace realidad el deseo de un grupo de guerrilleras: formar un pelotón femenino para participar en los combates. El jefe del Ejército Rebelde tuvo que discutir largamente con muchos oficiales de la guerrilla que no estaban de acuerdo en darle armas a las mujeres cuando eran escasas y la mayoría de las veces no alcanzaban para los hombres. El jefe guerrillero logró convencerlos y personalmente las preparó y entrenó al pelotón femenino Mariana Grajales, e incluso lo designó para que fueran su guardia personal. El ejemplo de las Marianas echó por tierra los falsos conceptos de quienes aún no creían en la capacidad y el valor de las mujeres en la contienda.

Etapa revolucionaria de 1959

Muchas de las mujeres que se destacaron en la etapa de 1953, continuaron su labor mucho tiempo después del triunfo de la Revolución Cubana.
En agosto de 1960, las organizaciones femeninas del país se reúnen para fundar la Federación de Mujeres Cubanas, organización encargada de borrar toda forma de discriminación de la mujer, como justa respuesta a sus anhelos de justicia social y dignidad humana. Las tareas de la organización se encaminaron, desde el primer momento, a favorecer la preparación plena de la mujer y su participación en todas las esferas de la sociedad.

En el informe central del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, el líder de la Revolución Cubana reconoció el papel desempeñado por la Federación de Mujeres Cubanas, cuando expresó: “La mujer cubana, doblemente humillada y relegada por la sociedad semicolonial, necesitaba de esta organización propia, que representará sus intereses específicos y que trabajará por lograr su más amplia participación en la vida económica, política y social de la Revolución”. En el perfil estadístico de la Mujer Cubana en el Umbral del Siglo XXI publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas, se recogen datos factológicos actuales que reflejan similitud en la incorporación de hembras y varones en la enseñanza primaria y en el primer nivel de la enseñanza secundaria. Sin embargo, a partir del segundo nivel, es decir preuniversitario, tiende a crecer la participación de las hembras tanto en la matrícula como en la retención escolar. La tendencia ha aumentado por años, sobre todo en el Bachillerato donde su número casi duplica al de varones, quienes por diferentes razones prefieren matricular en los cursos de Educación Técnica y Profesional.

La mujeres cubanas ocupan altos cargos de dirección

Después del triunfo revolucionario, la igualdad de derechos de las mujeres cubanas  en el acceso al trabajo asalariado y a la educación,  había alcanzado altos niveles de ocupación laboral. Así los datos muestran que, en 1981, el 31,2% de los ocupados eran mujeres; este índice se eleva a 43,2% en el año 2000. La estructura ocupacional de hombres y mujeres también se modificó de modo sorprendente, por ejemplo, ya en el 1981, las mujeres ocupan el 55% del total de los trabajadores profesionales y técnicos del país. En el año 2000, el nivel de ocupación femenina en la categoría de profesionales y técnicos se elevó hasta el 66,4%.

Aproximadamente un tercio de los cargos de dirección están ocupados por mujeres, lo que le permite participar en la toma de decisiones al más alto nivel. En junio del 2004:

La destacada participación de la mujer en la obra de la Revolución, su emancipación económica, política y social, y el lugar ascendente en la sociedad no ha limitado su papel en el seno familiar. No ha dejado de ser madre ni esposa. Es la doble jornada, que nos ha correspondido desempeñar a las mujeres cubanas en estas cuatro décadas de Revolución.

Logro de la revolución en 1961

Mujer cubana 2.jpg

La mujer comenzó a destacarse desde los primeros meses del año en la ciudad de La Habana y se llamó Plan de Educación para Campesinas Ana Betancourt.

La fundación de esta escuela fue idea de Fidel y se instaló en el mismísimo Hotel Nacional de Cuba, cara a cara con el Malecón habanero. Miles de muchachas, procedentes de las áreas rurales, recibieron clases de corte y costura, superación cultural y una preparación esencial que las capacitaba para actuar como agentes impulsores de los cambios sociales en sus comunidades.

Si la Campaña Nacional de Alfabetización tuvo el valor enorme de enseñar a leer y escribir a más de 700 mil personas en pocos meses; al proyecto de las Ana Betancourt estaba encargado de dotar a las mujeres de los campos no solo de conocimientos en letras y números, sino de herramientas para entender y emplear los cambios que la Revolución ponía en sus manos.