¿Hacia dónde va Cuba después de la visita de Obama?

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¿Hacia dónde va Cuba después de la visita de Obama?
JOSÉ HUGO FERNÁNDEZ | Miami | 23 Mar 2016 – 11:57 am. | 0
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ALEN LAUZÁN.

Por obvia, la respuesta equivale a la de aquel viejo chiste que pregunta de qué color era el caballo blanco del Llanero Solitario. Después de la visita de Obama, Cuba irá hacia donde mismo iba con anterioridad, incluso antes del 17 de diciembre de 2015, cuando nuestros caciques reiniciaron relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Lo difícil en todo caso sería establecer exactamente hacia dónde va.

Se ha dicho que avanza hacia un neocomunismo con base capitalista, lo que en nuestras circunstancias de caos no podría responder al modelo chino o vietnamita, ni al de ningún país real, sino más bien al de ciertas sectas latinoamericanas (como la llamada Pare de Sufrir), que hoy viven sumidas en el patriarcado más bárbaro, pero conformes con la esperanza que les sobra y con todo lo demás que les falta.

Claro que de momento —y ojalá no solo sea de momento— las esperanzas se justifican. Pues ya empieza a ser corriente la publicación de noticias sobre nuevos convenios y planes de progresos económicos, por más que hasta ahora ninguno se ha revertido ni promete revertirse a corto plazo en mejoras para las mesas de los pobres, que es la mayor parte de la población. Esperanzas a un lado, lo verdaderamente constatable es que los cubanos de a pie continúan siendo como aquellos caramelos que no pueden participar en la fiesta de los bombones. Por más que se inflen los verbos a la hora de pronosticar las cosas buenas que les esperan, ellos continúan estando olímpicamente al margen. El hecho de que celebren la visita de Obama, no los suma en modo alguno a esos planes en los que no han tenido la menor posibilidad de involucrarse, como no sea emocionalmente.

Hubo un momento, con las primeras noticias sobre la reanudación de relaciones Cuba-EEUU, en que pareció que al fin la gente iba a despertar de la vieja modorra. Sin embargo, muy pronto, mucho antes que los politólogos, la propia población pudo intuir que más allá de la esperanza, la novedad no les traería sino lo mismo con casi lo mismo. Demasiados años de adiestramiento les desarrolló el olfato para identificar los rejuegos y las manipulaciones políticas a una distancia infinitamente superior a aquella en que el macho de la polilla puede oler a su hembra.

Existe otra hipótesis con respecto hacia dónde se dirigirá Cuba después de la visita de Obama. Esta hipótesis, que parece estar mejor fundada que la anterior, se basa en la teoría del punto de no retorno. Esencialmente, cualquier avance económico o socio-político que experimente la población gracias al acercamiento con EEUU representará un escalón hacia la independencia económica, así que política, aun cuando no pase de ser eso, un mero escalón de una larga escalera.

Antes y después de la visita, los dogmas ideológicos continuarán primando sobre la racionalidad económica. El PIB seguirá meciéndose sin remedio en el cachumbambé de los retrocesos y las ralentizaciones. El panorama de las importaciones se mantendrá sin encontrar sostén en el crecimiento de las exportaciones. Los economistas y tecnócratas del régimen seguirán comportándose como el carpintero loco, un martillazo sobre el clavo y 99 sobre el dedo. Los caciques o sus herederos no van a encontrar el modo (porque no existe para ellos) de fortalecer el mercado interno con el fin de reevaluar la moneda nacional y potenciar la producción. Y aun cuando se atrevan a dictar una ley que afiance la pequeña y mediana empresa privada, lo harán mañosamente, calculando sus beneficios por encima de todo lo demás. Así que la situación financiera del país seguirá siendo de bomba de tiempo, con incremento de la deuda externa, insolvencia bancaria, exceso de liquidez en las calles, aumento del déficit presupuestario, y con la amenaza de inflación planeando siempre sobre nuestras cabezas.

Lo poco que va a quedar, luego del derroche, el robo y la malversación del dinero ingresado por las nuevas inversiones, o el turismo, o la exportación esclavista de servicios profesionales, o las remesas y alguna que otra venta de materias primas, tendrán que utilizarlo para importar todo lo que consume el país, que ahora mismo es todo, desde el arroz hasta el papel sanitario. Ciertamente a los caciques de Cuba, o a sus descendientes, no les quedará otro remedio que acoger al mercado mundial, pero seguirán insistiendo en hacerlo a su mañosa forma, que es aquella en que únicamente ganan ellos y su parentela, a costa de la desgracia nacional.

En fin, ya que los milagros no tienen cabida en la política, y muchísimo menos dentro de las dictaduras totalitarias, todo indica que después de esta visita de Obama, Cuba seguirá marchando irremisiblemente hacia donde el régimen quiera llevarla.

Puesto que el nuestro es un destino de barranca sin frenos, con itinerario que nos fue trazado con el dedo del diablo desde 1959, y puesto que por ese itinerario nos conducen los pies sin que intervengan las cabezas, tal vez, en el mejor de los casos, vayamos hacia cierto tipo de Medioevo con dólares. Y aunque resulte triste reconocerlo, al mismo tiempo en que el mundo civilizado aplaude y apuesta por ese destino, a nosotros, los únicos reales dolientes, no parece importarnos demasiado.