El difícil oficio de plantar recuerdos

Origen: 90 Millas Magazine | El difícil oficio de plantar recuerdos

 

Cuba: Sanar a distancia…

El difícil oficio de plantar recuerdos

Por: Ana Belkis Chirino

Tengo en mi memoria un baúl de recuerdos, no hay orden lógico, no se clasifican por fecha o intensidad. Simplemente están allí. Intento hacer limpieza a diario, tratar de disciplinar el caos. Al menos intento acomodar delante los más felices. Allí Diego me remite cada noche a la hora de dormir: Mamá, hazme cuentos de cuando yo era bebé.

Y con eso entiendo que necesita ser parte de una historia que no recuerda, que se le va escapando con los días. Entonces rescato para él los recuerdos más tiernos. Los resano, les doy luz o simplemente los cuento exactamente como fueron. Y él retorna a mi vientre, regresa a cabalgar en los hombros de papá, vuelve vivir en familia de a tres.

Después de tanta ausencia y tempestades, sembrar recuerdos es un acto de infinito amor. Le muestro las fotos de ayer. Por suerte nunca se archivan instantáneas de la tristeza, y si las hay no quiero conservarlas, no para él. A Diego le guardo cada instante de alegría y él, aunque aun no lo sabe, lo agradece. Ha aprendido a asumir la distancia como un elemento natural de su existencia.

Ser mamá hoy, con papá viviendo más allá del mar, es tremendamente intenso. Eres la dueña de todos los besos y también de todas las lágrimas. Míos han sido los primeros pasos, el primer día de Círculo infantil. Mías son todas las noches, todas las sonrisas, cada una de las enseñanzas. Mío ha sido también cada regaño, lección y ceño fruncido.

Ha sido sola y tristemente mía esta madrugada de asma y fiebre. Después de cada oración me levanto a tocarle la frente, a medirle la respiración. Y mientras escribo estas palabras, dolorosamente comunes para tantas mujeres cubanas de hoy, rezo porque la temperatura no vuelva a subir.

Intento echarme a la espalda el peso que nos toca a los dos, pero a veces Diego también sufre. Entonces me lanza sin avisar interrogantes que me duele responder. ¿Por qué papá se fue cuando era bebé? ¿El no me extraña? ¿Por qué no viene a visitarme? ¿No podemos ir a buscarlo? ¿Por qué ustedes ya no son novios?

Amén del desconcierto, he salido airosa cada vez, me lo dicen sus días de niño feliz. Un día volverá papá. Con él llegarán otros viejos recuerdos que yo olvidé y muchos nuevos aun en gestación. Regresará y no habrá mudeces ni traumas. Será el papá de siempre, el de las fotos de ayer y hoy, el que le habla en el teléfono, el que ve por Imo en el parque Vidal. Será un papá de carne y hueso. Tan real y humano que les teme a las arañas. Será exactamente el mismo de los cuentos que cada día rescato para él.

Desde aquí escucho su respiración tranquila, la frente se mantiene húmeda y fresca. Ha vuelto la calma. Su bienestar minimiza el peso de cualquier madrugada en soledad, así que vuelvo a acostarme a su lado para adueñarme de todos sus abrazos. El sol llegará pronto, pero todavía debo reservar unos minutos para regresar a mi baúl interior. El cansancio me premia con un recuerdo intocado aún. Mañana le contaré sobre su primera vez en el mar.