Castro en su Laberinto. La sospechosa economía cubana para 2016 | Cubanet

Varios hechos son sintomáticos de que algo chocante está sucediendo en los más oscuros entresijos de nuestra economía

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La sospechosa economía cubana para 2016

Varios hechos son sintomáticos de que algo chocante está sucediendo en los más oscuros entresijos de nuestra economía

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Raúl Castro junto a Marino Murillo, ministro de Economía (foto tomada de Internet)

Raúl Castro junto a Marino Murillo, ministro de Economía (foto tomada de Internet)

LA HABANA, Cuba.- Otro año concluye y en el balance anual del gobierno cubano, en reunión conducida por el presidente de los consejos de Estado y de ministros, no se escucharon datos alentadores sino una sarta de obstáculos a superar, indicaciones de redoblar las exigencias y, sobre todo, muchas contradicciones entre la idea de un mejoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos y las nuevas estrategias de desarrollo, diseñadas en las antípodas de aquel viejo discurso donde a muchos nos llegó a parecer que el ser humano sería el centro de todo.

Si algo ha quedado claro en este 2015 que culmina, a un año del 17D (17 de diciembre), es que, en cuestiones de economía, el gobierno cubano ha estado trabajando en el montaje escénico de varios planos de representación paralelos y contradictorios. Planos de representación que no son más que protocolos de salida segura en el ocaso de un sistema político fallido.

El primero de los protocolos pudiera decirse que funciona como una especie de cortina de humo para atraer a empresarios extranjeros. El país aparenta que se abre a cambios que lo actualizan y lo ponen en sintonía con el mercado mundial y eso sirve para captar capital no con el fin de sanear la economía sino para reunir, mediante préstamos y regalías, suficiente dinero como para soportar la ineludible debacle; el segundo, fundado en el discurso tradicional pleno de utopías y promesas de mejoramiento futuro, funciona como una especie de señuelo para retener lo que va quedando de esa mermada tropa de “revolucionarios fieles” quienes, decepcionados por los sucesivos fracasos en la construcción del socialismo, amenazan con retirar su voto de lealtad y, de paso, contagiar a las nuevas generaciones con un fatal desencanto.

El tercer protocolo económico es, quizás, aquel en el cual de verdad confían como única balsa de salvamento. Es el que con más esmero despliegan y el que con más secretismo moldean a pesar de que, por las profundas contradicciones que genera a la luz de los informes de las propias instituciones estatales, se torna visible por las sospechas que despierta entre aquellos que han aprendido a  leer lo que se oculta, entre líneas, en las declaraciones oficiales.

La pregunta sobre lo qué está pasando realmente con el dinero que ingresa el sistema económico de las Fuerzas Armadas que, en un cálculo bien conservador, basado en los datos publicados por la Cámara de Comercio de Cuba, reúne a más del 80 por ciento del total de las empresas con facultades para exportar e importar de manera directa, debido al carácter extremadamente confidencial de sus operaciones, quedará siempre sin la respuesta adecuada pero, en cambio, contiene los generalizados temores de que algo se cocina al interior de los altos mandos militares.

Estas obras al fondo del hospital Ameijeiras llevan años en ejecución (foto del autor)

Estas obras al fondo del hospital Ameijeiras llevan años en ejecución (foto del autor)

En este ámbito de los proyectos económicos ocultos y raros, por no decir sospechosos, no hay mejor ejemplo que el de los seis grandes campos de golf en proceso de construcción con respaldo de capital exterior.

Aunque atribuidos a empresas europeas y asiáticas, no resultan bien definidos los socios gestores en las notas de prensa oficiales, como tampoco se justifican los propósitos de tales inversiones en un país donde la presidenta del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) insiste en demostrar con datos alarmantes el estado precario de las reservas de agua en el país.

La pregunta que se impone, en el caso de los campos de golf, no sería esa que cuestiona cómo un mercado turístico de muy bajos estándares como el cubano atraerá clientes que aseguren la recuperación de unas inversiones que ocupan el segundo lugar en la Cartera de Inversiones (tanto en la del 2014 como en la del 2015); tampoco valdrá de mucho preguntar si será un proyecto ecológicamente sostenible o si las alarmas de la presidenta del INRH son mera actuación para justificar el desabastecimiento del líquido a la población, en beneficio de la extracción petrolera y la fiebre de golf.

La pregunta más esencial, a mi modo de ver, sería: ¿por qué este disparate total no ha llamado la atención de los dirigentes cubanos? ¿Quiénes serán los verdaderos beneficiarios de estos megaproyectos de campos de golf, insostenibles desde cualquier punto de vista (a favor del beneficio público) que se analice? Y la pregunta del millón de dólares sería: ¿Alguien en nuestro gobierno, o muy vinculado a él, estará lavando dinero?

Varios hechos son sintomáticos de que algo chocante, muy distante del caos aparente y hasta amparado por él, está sucediendo en los más oscuros entresijos de nuestra economía.

Hace apenas unos meses, el diario oficialista Tribuna de La Habana, publicaba un reportaje sobre una fábrica procesadora de alimentos en polvo que fue adquirida en la India y que, transcurrido más de un año de inaugurada, aún no había echado a andar supuestamente por una cadena de negligencias e ineptitudes.

Al parecer, a nadie ha preocupado el costo de la inversión ni su recuperación porque tal vez, como explica un funcionario del Ministerio de Comercio Exterior que no desea revelar su identidad, la operación real “concluyó con la adquisición y el montaje de la fábrica, [ambos] como “tapadera” de otra [operación] donde alguien se echó buen dinero en el bolsillo”. Una maniobra que, según esta misma persona, es “muy normal” entre los compradores cubanos.

Manuel González, un ex trabajador de un megaproyecto para un supuesto Centro de Salud, en el municipio Santiago de las Vegas, en La Habana, perteneciente al Ministerio del Interior, me aseguraba que, durante casi una década, se habían invertido en la obra cerca de 10 millones de dólares en la compra de equipamientos hospitalarios y menajes a los cuales no se les daba ninguna utilidad. Todo permanecía en locales clausurados, echándose a perder, mientras los planes de construcción y adquisición de insumos continuaban ejecutándose con normalidad  para un futuro que jamás llegaba.

“Me fui porque aquello era demasiado extraño y yo no sé si lo que hacen los jefes es legal o ilegal. Mira, al final la soga siempre corta por el lado más débil”, cuenta Manuel entre anécdotas de su paso por ese lugar sobre el cual no aparecen publicados datos en la prensa.

¿Campos de golf en un país donde escasea el agua!

¿Campos de golf en un país donde escasea el agua! (foto del autor)

El panorama de las inversiones en Cuba está plagado de este tipo de hechos más enigmáticos que confusos. Aquellos proyectos que tienen que ver directamente con ambiciosos planes constructivos y la importación de grandes volúmenes de insumos de alta calidad, casi siempre asociados al turismo, a los planes de salud o de restauración patrimonial, generalmente terminan por dar amparo a verdaderos agujeros negros por donde se escapa más de la mitad de lo invertido, unas veces hacia el mercado subterráneo pero, otras, a destinos insospechados porque ni siquiera pasa por los inventarios y jamás se refleja en la contabilidad.

“Con lo que se ha importado tan solo en mármoles y cristalería [para la restauración del Capitolio] se pueden restaurar dos capitolios más”, asegura un inversionista de la obra que prefiere no ser identificado. Por su experiencia de años en la construcción, sabe cómo funciona el sistema: “Si se necesita una sola lata de pintura, hay que pedir diez para que te lleguen cinco. La mitad no sabes dónde se quedó y es bueno que ni lo averigües; las otras son para que uses la mitad de una en la pared, la otra mitad te la llevas para la casa, y el resto es para callar bocas”.

Nadie logra explicarse por qué en las cíclicas redadas anticorrupción, en Cuba (uno de los países que, según informes de Transparencia Internacional, está entre los menos corruptos de la región latinoamericana), algunos “atrapados”  son juzgados con severidad, mientras otros “pejes gordos” son perdonados y hasta reciclados, de modo silencioso, en el sistema de ministerios y empresas estatales.

Más allá de aquel famoso escándalo que involucraba al presidente del Instituto de Aeronáutica Civil y su esposa, o de la inmunidad de la cual goza el golfista de la familia Castro, sobran los ejemplos que convierten el asunto del doble rasero en un auténtico misterio.

Lo que nos deja el 2015 como herencia para el 2016 son cientos de contradicciones entre los planes y estrategias de desarrollo y la ejecución de estos por parte de los propios dirigentes, más escasez de mercancías, más bajos salarios, más precios exorbitantes que no se corresponden con la calidad de los productos y un exceso de circulante que no se respaldará jamás con un aumento de la producción en las empresas estatales, todas tributando a un mercado negro que pareciera marchar a la “institucionalización”. En fin, el mismo panorama que ha definido a la economía cubana en varias décadas de intentos,  por parte del gobierno, de hallarle alguna solución a eso que los mejores economistas del patio no han dudado en definir como un caso perdido.