La droga 1537 puede salvarnos del cancer en 10 años. #Chile

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CIENCIA
En busca de la bala mágica

La droga contra el cáncer desarrollada y financiada completamente por chilenos comienza en los próximos días un camino decisivo: el inicio de las pruebas clínicas, es decir, en humanos. Aunque es imposible aventurar el desenlace, las experiencias en laboratorio y en modelos animales sugieren un futuro casi revolucionario. Esta es la historia de un descubrimiento y el grupo de científicos que han dedicado su vida a sacarlo adelante.

Por Francisco Aravena //

Hasta ahora no podemos saber mucho sobre la paciente 1. Sí sabemos que es mujer y que su vida está en peligro. Sufre un cáncer ovárico avanzado. Ya ha recibido la noticia de que no existen tratamientos disponibles para intentar salvarla. No tiene más opciones. Excepto esta: firmar un consentimiento informado, acordando participar en una prueba clínica de la droga 1537 que la autoridad estadounidense, la Food and Drug Administration, ha autorizado iniciar. La paciente 1 llegará el lunes 16 de noviembre hasta el hospital de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), para convertirse en el primer ser humano en recibir la primera dosis de un compuesto que, en su etapa preclínica —en el laboratorio y en modelos animales—, ha mostrado resultados, por decir lo menos, promisorios. En UCSF la recibirá el equipo de la doctora Pamela Munster, y después de administrarle la droga le tomarán una muestra de sangre, para ver cómo se ha distribuido por su cuerpo.

En particular, la fase 1 tiene como objetivo principal determinar el nivel de toxicidad de la droga. Para ello, la mujer recibirá una dosis inicial diez veces más baja que aquella determinada como tóxica en los animales (ratones y macacos) en los que se probó antes. Si no presenta problemas, a un siguiente grupo de pacientes se les suministrará una dosis 50% mayor que la inicial. Si esos pacientes tampoco presentan problemas, es posible que esa primera mujer de la prueba acceda a esa dosis aumentada. En total, se espera que en esta fase 1 participen de 18 a 20 pacientes.

Si todo resultara perfecto en el largo camino de la experimentación en humanos, la droga podría acercarse al ideal de la “bala mágica”, aquella que destruya exclusivamente las células cancerígenas sin dañar las células normales.

Es muy probable que esa primera paciente no se entere, pero la droga 1537, que estará accediendo a liberar dentro de su organismo, tiene un par de particularidades que la hacen distinta a las 1.034 drogas que iniciaron sus pruebas clínicas de fase 1 en todo el mundo el año 2014, y desde luego muy distinta a las 10 nuevas drogas para el cáncer aprobadas el mismo año para salir al mercado. La primera: que ha sido desarrollada completamente en Chile, por científicos chilenos, financiados en un cien por ciento con capitales chilenos, que hasta la fecha suman unos 18 millones de dólares, de los cuales cerca de 15 corresponden a fondos de inversión y aportes de privados, y el resto a fondos estatales concursables.

La segunda, que los resultados que se han obtenido en las pruebas preclínicas entregan fundadas razones para pensar que el principio y la tecnología pueden ser eficaces en prácticamente todos los tipos de cáncer. Si todo resultara perfecto en el camino de la experimentación en humanos —algo que, por ahora, es poco menos que una utopía—, la 1537 podría acercarse al ideal de la “bala mágica”, aquella que destruya exclusivamente las células cancerígenas sin dañar las células normales.

Pero si algo enseña la lucha contra el cáncer, es que el fin del emperador de todos los males nunca está tan cerca como parece. De manera que los investigadores chilenos son muy cautos al hablar de su potencial, y en la empresa que los agrupa, Andes Biotechnologies, celebran los logros paso a paso.
Por eso destaparon una champaña el 13 de septiembre pasado, cuando recibieron la confirmación oficial de la FDA, autorizando el inicio de la prueba clínica. La postulación de cerca de seis mil páginas había al fin rendido el fruto esperado. Era un hito importante en la historia del dream team encabezado por el científico y empresario Pablo Valenzuela, Premio Nacional de Ciencias 2002, y el director científico Luis Burzio, el hombre tras el descubrimiento y la investigación que se tradujo en la droga, y Bernardita Méndez, el cerebro detrás de los temas de propiedad intelectual y de la FDA.