Entrar en USA desde México: el Sueño de muchos latinos pobres

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EL FRENAZO POLÍTICO A LA BESTIA

En la ciudad de Arriaga, en Chiapas, el viento sopla tanto que a la gente de ahí la conocen como los “traga tierra”. El viento permanece y el tren también pero nada queda de la imagen de migrantes atiborrados en el techo de los vagones. Apenas algunos están escondidos entre las ruedas del tren, sus ojos brillantes resaltan entre el óxido de las vías.

 

 El lomo de La Bestia, el tren que cruza México desde la frontera del Sur con Guatemala hasta el Norte, dejó de cargar a los miles de migrantes mexicanos y centroamericanos que a través de las vías del tren pretendían llegar a Estados Unidos desde que el secretario de Gobernación de México, Osorio Chong anunció el inicio del programa “Frontera Sur” .

 

 A partir de Julio de 2014, La Bestia dejó de ser la opción porque los controles migratorios aumentaron. No sólo en los puntos donde tradicionalmente se espera el tren sino en la  carretera.

 

Un vecino de Arriaga reconoce: “La verdad había muchas familias que vivían de ellos porque había tortas, garnachas, hoteles y ahora todos los hoteles tienen prohibido tener un inmigrante porque los meten a la cárcel”.

 

 Los comerciantes que ofrecían tacos, quesadillas y tamales cerraron sus negocios. Ya no tiene sentido el letrero que advierte: “No molestar” colocado afuera de un casa frente a las vías. Aquel hotel donde rentaban habitaciones o hasta un pedazo de piso por 10 pesos está solo. Los migrantes no pasan por Arriaga, solo algunos se arriesgan a tomar el tren a sabiendas que  un retén del Instituto Nacional de Migración está próximo.

 

 Sin las ruedas del tren la opción es caminar. El tramo de Tapachula, Chiapas hasta Arriaga en auto toma un promedio de tres horas, mientras a pie son tres días. Entre cerros los migrantes esquivan los operativos migratorios que junto a la “modernización del tren” forman parte del programa “Frontera Sur”.  En palabras del coordinador para la atención integral en migración de la  programa Frontera Sur, Humberto Mayans, se busca evitar que los migrantes “no pongan en riesgo su integridad al usar un tren que es de carga y no de pasajeros”.

 

 Para este programa el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto ha destinado 6,058 millones de pesos entre 2014 y 2018 dentro del Programa Nacional de Infraestructura para  la rehabilitación de las vías, el reemplazo de durmientes de madera  por durmientes de concreto  con candados para evitar el robo.

 

 Desde El Salvador, William Espino, jefe de la Unidad del Migrante de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos en El Salvador, quien ha visitado las estaciones confirma los cambios en las estaciones:  “En la estación de Tlaxcala (Apizacol) hay una parte de la orillita del tren que hay como postes (los durmientes) intermedios y que la Comisión Estatal de Derechos Humanos de México está pronunciándose para que se eliminaran porque la municipalidad los colocó para evitar que la gente corriera tras el tren, pero al caerse no era el peligro de quedar mutilados, sino la muerte segura”.

 

 

 

En Arriaga, Chiapas el responsable de la casa del migrante “Hogar de la Misericordia”, Carlos Bartolo, camina por las vías y detrás de él están apilados decenas de durmientes de concreto con los que van a cambiar los de madera. La inversión, para él,  sólo  se traduce en mayor riesgo y peligro para los migrantes.

 

 Es más duro  en todos los sentidos porque el tren va más rápido, es difícil de agarrar. El migrante desde que está el programa Frontera Sur se le va hacer imposible, lo que hacía en un mes llegar allá, ahora lo va hacer en tres o cuatro meses, incluso más”, describe Bartolo y asegura que este programa migratorio es “deshumanizante”.

 

 Esos riesgos a los que se refiere Carlos Bartolo, quien desde hace ocho años trabaja en la casa del migrante, fue lo que le pasó a  Virgilio, originario de Honduras, que  llegó al albergue de doña Olga después de perder su pierna izquierda al caer del tren.  Su muñón ya no sangra y está listo para iniciar el proceso de protetización. Su accidente ocurrió en Torreón, Coahuila, el 21 de Enero de 2014.

 

 Para Virgilio  haber tomado el tren después de ese tramo fue una de las causas de su accidente “mientras más cerca de la estación menos posibilidades tiene uno de acercarse. Cuando el tren arranca está despacio, pero como uno tiene que rodear esa malla ya cuando uno quiere tomar el tren,  el tren ya lleva mucha velocidad”.  El se subió después de que esquivó esa “malla ciclónica y arriba con alambre de púas”. Virgilio describe que la malla es nueva y recién fue colocada. Él recuerda lo que le impidió subirse al tren. Lo dice sin dudarlo, “esto va a provocar más accidentes” porque cuando los migrantes toman el tren “ ya va muy rápido”.

 

 Como yo no podía acercarme a la estación, tuve que esperarme a que saliera de la estación y fue donde yo tuve el accidente”, dice Virgilio e insiste que subió al tren justo cuando terminó el tramo de vallas y mallas ciclónicas, recién colocadas como parte del programa Frontera Sur. Como él , Wilson, también hondureño, se cayó en esa zona de Coahuila y espera su prótesis.

 

  Las largas caminatas están generando otras lesiones. En el informe del CICR, Natalia Llanas reporta que  “en cuanto inmigrantes heridos, tenemos muchas fracturas, lo más común es fractura de fémur, de tibia, de peroné que son fracturas también de miembros inferiores”.

 

 

 

Esto coincide con lo que Doña Olga ve cada vez más en el albergue: “Ahorita estamos recibiendo muchos quebrados porque a veces vienen caminando a la orilla de la calle y los atropellan, los avienta el carro, la mayoría ha llegado quebrado de la costilla, de los brazos o de las piernas”. Esto para Doña Olga significa otro tipo de atenciones como el tener  tomografías, radiografías y ultrasonidos.

 

 Los cambios en la ruta migratoria también los ha notado, la coordinadora regional de migración de Comité Internacional de la Cruz Roja, Marie Astrid Blondiaux, “en el caso de las clínicas móviles y las brigadas médicas que dan asistencia médica básica, prehospitaliaria como a los que tienen ampollas porque han caminado, eso sí vemos como que ha cambiado el tipo de tratamiento que requieren los migrantes porque han tomado otras vías, no toman el tren, pero toman taxis o van caminando”.

 

 Al darse a conocer el Programa Frontera Sur, el Grupo de Trabajo sobre Política Migratoria (GTPM) conformado por más de 20 organizaciones civiles, entre ellas el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, advirtieron que este programa “mantiene una visión de seguridad nacional que antepone la gestión y control de flujos migratorios, por encima de la seguridad humana”, también cuestiona la sociedad civil la creación de la Coordinación para la Atención Integral de la Migración en la Frontera Sur  dentro de la Secretaría de Gobernación como una instancia distinta al Instituto Nacional de Migración.

 

 En Chiapas los migrantes de paso, los que apenas van a iniciar su viaje, suelen encontrarse y ver a quienes se recuperan de una amputación por el tren.  Marvin, es uno de los migrantes que inicia su travesía, caminó por días, esquivó filtros de migración y ha visto cómo sus amigos regresaron a Honduras.

 

 Si tú vieras cómo camina la gente entre los montes, ahora ni por las vías se puede caminar por la razón de que los federales hacen sus operativos y como anteriormente no lo agarraban a uno, uno se confía y ahora como que hay una nueva ley, ahora los federales sí lo están agarrando a uno”, cuenta Marvin , quien describe los operativos y puede hacer una comparación porque es la tercera vez que intenta llegar hacia Estados Unidos.

 

 De Tapachula hasta Arriaga hizo ocho días caminando, a la mitad del camino lo sorprendió un operativo del Instituto Nacional de Migración. En sus pausas traga saliva y angustia al recordar cómo llegan, “te amenazan, te gritan, normalmente no están solos, traen federales porque ellos (Migración) no están armados, pero los federales sí están armados con armas de grueso calibre. Ellos (Migración) no dicen nada, los federales son los que hablan por ellos y usan palabras pesadas para que uno se intimide y para que se detenga. Incluso dicen que lo van a balacear a uno si no se detiene. ¡Imagínate, son palabras mayores!. El que corre es porque en realidad tiene valor porque no sabe si lo van a tirar o no”.

 

 ¿Tú corriste…? Sí por eso estoy aquí”, dice Marvin tranquilamente después un rápido almuerzo en la Casa del Migrante “Hogar de la Misericordia”.

 

 Lo que uno quiere, tal vez no lujos, pero una vida digna por eso la gente emigra, por eso la gente trata de salir”, dice Marvin, uno de los tantos migrantes que  el Programa Frontera Sur no ha frenado hasta ahora…