3 Lecciones de la Carta Magna a sus 800 años de nacida en Inglaterra

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La fuerza de la organización es lo que realmente cuenta a la hora de enfrentar el despotismo con éxito.
El pasado 15 de junio se celebraron 800 años de la firma de la Carta Magna en Inglaterra. Propuesta por 25 nobles y varios eclesiásticos, el objetivo del documento era la limitación de los poderes del rey Juan I, también conocido como Juán Sin Tierra. La Carta Magna marcó un hito en la historia del mundo occidental como el comienzo de la democracia moderna y se fue convirtiendo en la constitución del país. Todos aquellos que abogan por la democracia se beneficiarían de conocer su fascinante historia, especialmente en los países gobernados por dictadores.
Su carácter universal consistió en el principio de la limitación de poderes de los gobernantes. Mucho antes de que la humanidad aprendiera a abogar de manera más amplia por los derechos civiles de los ciudadanos y otras libertades y derechos individuales, la Carta Magna se concentraba en un concepto relativamante simple pero revolucionario entonces: el rey no puede hacer uso ilimitado de su poder a expensas de los intereses de sus súbditos.
Cierto; el documento no incluía entonces a todos los ciudadanos, sino a la élite de la sociedad inglesa, principalmente nobles y eclesiásticos prominentes. Pero la limitación de poderes del gobernante era un comienzo hacia la construcción de un Estado de derecho donde todos los ciudadanos, sin excepción, serían iguales ante la ley. Y sin embargo, un principio tan relevante que ha gobernado a una parte importante del mundo por varios siglos es todavía extraño a muchas sociedades. Cuba y Venezuela son ejemplos de gran actualidad.
Entre las lecciones que podemos derivar de las numerosas y largas luchas que se libraron hasta la adopción definitiva de la Carta Magna, se encuentra el modo en que un grupo de ciudadanos pudo llegar a un acuerdo de acción colectiva en defensa de sus intereses en oposición a los del monarca. La redacción del documento, que estuvo a cargo del Arzobispo de Canterbury actuando en consonancia con sus promotores, fue resultado de discusiones que llegaron a converger en los objetivos específicos del documento, a saber: no se puede privar de libertad a un ciudadano arbitrariamente, ni quitarle sus propiedades ni el derecho a ser juzgado por sus pares.
Todo esto constituye una lección muy significativa: la importancia crítica de la capacidad de un grupo de personas de coincidir en un número relativamente pequeño de principios básicos, combinada con la capacidad de organizarse (y mantenerse organizados) en torno a un plan de acción para hacerlos valer. Es la fuerza de la organización, además de declaraciones y protestas, lo que realmente cuenta para enfrentar al despotismo con éxito.
Pero estos nobles poseían recursos para enfrentar al rey, lo que hacía su gestión factible y de lo que se deriva otra importante lección. Las propiedades de los nobles eran la base material de su fuerza. El rey, aunque monopolizaba el poder político, no controlaba la economía. O sea, el poder de los nobles emanaba de los derechos de propiedad y si ellos mantenían sus fuerzas unidas, podrían enfrentarse al rey y limitar sus poderes. De ahí que muchas de las tiranías modernas, en especial las que adoptan la vestimenta o disfraz del socialismo, comienzan por expropiaciones masivas.
Una tercera lección que aprendemos de la historia de la Carta Magna es sobre cómo una cultura de perseverancia le permitió a un grupo reducido de la sociedad mantener la lucha por sus derechos durante varias generaciones. Poco después que Juan Sin Tierra firmara a regañadientes la primera versión del documento, el papa Inocencio III lo anuló mediante una bula papal. Pero posteriormente una nueva versión fue acordada por otro rey y los nobles de turno, cubriendo varios ciclos que incluyeron revisiones sucesivas hasta nuestros días.
Con este trasfondo histórico no puedo evitar una reflexión que surge al comparar a Cuba y Venezuela con la Inglaterra del Siglo XIII. Aquél monarca era un déspota, pero los derechos de propiedad existentes y la organización y fuerza de los nobles en combinación con los eclesiásticos hicieron posible limitar sus poderes. ¿Cómo podrán Cuba y Venezuela en sus luchas por la democracia superar un atraso institucional y organizativo de ocho siglos?