Opinión de Claudia Hilb. Fotografía de Cuba presente y futura

Claudia Hilb. “En Cuba hay una transición de un régimen totalitario a un régimen autoritario”

Claudia Hilb. “En Cuba hay una transición de un régimen totalitario a un régimen autoritario”

La socióloga, crítica de la izquierda local por ignorar la concentración de poder y la represión en la isla, cree que el acercamiento con EE.UU. abre desafíos políticos y simbólicos al país

Por Astrid Pikielny  | Para LA NACION

 
Patricio Pidal / AFV. 

El 17 de diciembre de 2014 las palabras parecieron no alcanzar. Algunos lo consideraron un “hito”. Otros, “un giro histórico” o a “una nueva era”. Así fue recibido el anuncio -tan inesperado como bienvenido- del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales entre Cuba y Estados Unidos, después de cinco décadas de enemistad histórica.

Asfixiada por la crisis rusa primero y ahora por la situación de Venezuela, su principal sostén y benefactor, la revolución cubana dio inicio a una nueva etapa y las especulaciones sobre el futuro del régimen castrista y, por consiguiente, de la isla no tardaron en llegar.

“Creo que hay una transición en marcha de un régimen totalitario a un régimen autoritario. Un régimen autoritario supone una manipulación menor de la vida de cada uno, un control férreo del poder, pero ciertos ambientes posibles de desarrollo de una sociedad civil”, afirma la socióloga Claudia Hilb, militante de izquierda, integrante de una generación fuertemente marcada por la revolución cubana y una de las voces críticas sobre el régimen de la isla, plasmada años atrás en su libro Silencio, Cuba (Edhasa), un texto incómodo para la izquierda democrática siempre dispuesta a resaltar los logros sociales de los primeros años de la revolución, y a soslayar la anulación de las libertades, la concentración de poder político, la persecución de la disidencia y el brutal deterioro económico que padecen los cubanos desde hace ya demasiados años.

Aunque Hilb cree que en un primer momento Cuba elegirá el camino de China o Vietnam -apertura económica y comercial con férreo control político-, advierte que es difícil controlar un proceso que en principio producirá cierto alivio e impactará en la vida cotidiana de los cubanos.

Autora de Usos del pasado (Siglo XXI), Hilb es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires e investigadora del Conicet.

-¿Cuáles fueron las marcas intelectuales y políticas que la revolución cubana dejó a las generaciones del 60 y 70?

-La marca que la revolución cubana dejó en esas generaciones es la de una revolución exitosa, la marca del heroísmo y la épica revolucionaria, y en ese sentido aparece, para una parte enorme de la izquierda latinoamericana, como un modelo, un faro y una referencia. Cuando yo empecé a militar a los 17 años, había una especie de idealismo revolucionario. Había una lectura épica y nada crítica de lo que era la revolución cubana, por lo menos yo no conocía los detalles del proceso sino lo general y lo que se hacía visible, o sea el proceso de igualación social en salud y educación que se dio en los primeros años.

-¿Por dónde comenzaron las críticas? ¿Por el lado de la concentración de poder en la figura del líder? ¿Por el proceso de cooptación y anulación de todo atisbo de agrupación autónoma crítica del régimen?

-Sí, efectivamente, por la ausencia de todo tipo de libertades. Cuando uno sale del esquema en el que está atrapado, de una cierta filosofía de la historia que hace que uno vea todo a partir de la realización de una idea, empieza a ver por donde hace agua y a decir “si esto es tan fantástico, ¿por qué no hay libertades? ¿Por qué no hay libertad de expresión? ¿Por qué la gente no puede salir del país? ¿Por qué hay represión a todo tipo de oposición? ¿Por qué todo esto va acompañado de un régimen de dominación política total?”

-¿Y por qué cree que la fascinación del progresismo vernáculo hacia la revolución cubana y la figura de Fidel perduró tanto tiempo?

-Porque la izquierda vernácula tardó muchísimo, si es que alguna vez terminó de hacerlo, en revisar su relación con los regímenes implantados a partir de la revolución rusa y lo que vino después, y en eso incluyo China, Vietnam, la revolución cubana. Ahí hay un proceso de revisión que no se hizo o se hizo muy incompletamente. Por otro lado, porque siempre el asunto del embargo de Estados Unidos sirvió de argumento del pequeño país que luchaba por su autonomía y su independencia, frente al gran imperio que trataba de aplastarlo. Creo que en buena parte se da por la comodidad de no revisar lo que había sucedido con las experiencias del socialismo real en todas partes del mundo. Cuando uno empieza a mirar de cerca el proceso cubano, es muy difícil mantener la fascinación con la revolución, porque los impresionantes logros en igualación en los 60 fueron acompañados de un proceso no menos impresionante de concentración del poder y de represión creciente de toda opinión disidente. Y parecen difíciles de ser escindidos, uno del otro. El apoyo de la izquierda vernácula a Cuba parece ignorar lo segundo, o no le parece importante, o en el mejor de los casos, considera que los logros igualitarios de los 60 proyectados y obtenidos desde el poder político son fenómenos escindibles de la concentración total de poder y la instalación de un régimen de dominación total. Y además es difícil mantener la fascinación porque además la actual situación económico-social es deplorable.

-Sobre todo a partir de la crisis de los 90.

-Claro, desde que se cayó la ayuda soviética en el 89 hubo una crisis monumental. El sistema cubano de igualación se mantuvo a partir de la ayuda soviética. Cuando cae la URSS, Cuba se volvió absolutamente in viable como economía. Entonces, ¿qué se construyó, desde el 59, al precio de todas las libertades? ¿Un sistema que sólo se puede sostener con la ayuda externa? Lo que pasó a partir de lo que se conoce como el “período especial” del año 90, es que crecieron las inequidades, los sistemas de salud y educación colapsaron, todos esos avances entraron en una crisis muy fuerte y se empezó a diferenciar un sistema de salud para funcionarios, para las Fuerzas Armadas y para extranjeros, del sistema de salud al que accede el resto de la población. Y las diferencias sociales crecieron exponencialmente. Entonces, ni siquiera se mantuvo aquello de que si uno cerraba los ojos sobre todas las libertades, se podía seguir defendiendo. Hasta eso se vuelve indefendible.

-¿Por qué cree que cualquier crítica al régimen cubano siempre era tomada como una crítica reaccionaria y que le hacía el juego a la derecha?

-Porque eso supone resignificar un poco qué es la izquierda y qué es la derecha. Una crítica por izquierda de Cuba es una crítica que atiende, desde mi punto de vista, las libertades, la participación política, la posibilidad de hacer ciertos planes de vida individuales y no que te digiten absolutamente todo desde arriba. En los últimos años, por la crisis misma del régimen y por los cambios generacionales, un poco ha ido cambiando, pero la vocación del régimen es esa. Por eso, ¿qué es ser de izquierda? Para mí es oponerte a un régimen que cercena todo tipo de libertades y que tampoco hoy en día asegura cosas bastante básicas en la población.

-¿Qué cree que puede pasar a partir del restablecimiento de las relaciones comerciales y diplomáticas?

-Por un lado, va a haber un alivio real en la vida del cubano de a pie en la medida que sus parientes de Estados Unidos o de España le van a poder enviar más plata y lo van a poder ir a visitar libremente. Hay que ver si también lo pueden invitar a ir y venir libremente. Desde marzo cayeron las restricciones para salir, lo que pasa es que es muy difícil salir, por dinero. A mucha gente le va a cambiar la vida poder salir, viajar, ver otras situaciones, disponer de más remesas del extranjero, tener acceso en serio a Internet. Si entra inversión norteamericana, se va a generar empleo.

-Uno podría pensar que puede haber una apertura económica y comercial y, al mismo tiempo, que el régimen político se mantenga intacto.

-Hay una gran duda. El modelo de la dirigencia cubana obviamente es el modelo chino o vietnamita. Es decir, apertura económica y control político férreo. Una cosa es en China, otra cosa es en Cuba, con este flujo de las familias y una isla que está en el medio de Occidente. De todos modos, los que se oponen desde Cuba a esta apertura dicen que “se le está dando aire a Raúl”. Creo que hay una transición en marcha de un régimen totalitario a un régimen autoritario. Un régimen autoritario supone, respecto del totalitario, una manipulación menor de la vida de cada uno, un control férreo del poder, pero ciertos ambientes posibles de desarrollo de una sociedad civil. Eso efectivamente parece estar en marcha al estilo del sudeste asiático. Si eso luego da lugar a que se desarrolle una sociedad civil es imposible saberlo. De todos modos, yo estoy de acuerdo con aquellos que dicen que sea cual fuere el desarrollo de esto hacia el futuro, algo se va a mover. No podemos saber qué, pero tampoco es cierto que si se seguía así el régimen estaba por caer. La población está en una situación tremenda desde hace décadas y el régimen no estaba por caer, y la sociedad civil no se estaba fortaleciendo. Es muy interesante y muy alentador que esto suceda y que algo se mueva en un país donde nada se mueve.

-¿Por qué sucede ahora y no hace tres años o dentro de cuatro?

-Por el lado de Obama, creo que en vez de ser un pato rengo, eligió ser un pato rengo que hace cosas interesantes desde el punto de vista simbólico. Hay que ver si lo logra en el Congreso, pero aparentemente también hay sectores republicanos que están a favor de esto porque ven posibilidades de negocios. Y la comunidad cubana más recalcitrante a todo tipo de acuerdo con Cuba ya es muy minoritaria y su peso electoral no es tan importante. Sucede algo distinto con las generaciones más jóvenes, porque se fueron en otras circunstancias, por otros motivos, tienen sus amigos y sus familias allá, les importa poder ir y volver, y poder tener una relación fluida con la isla. Y desde el punto de vista de la política exterior me parece que Obama ha decidido que Cuba iba a ser un partenaire como cualquier otro régimen antipático. Además de la crisis venezolana, por supuesto.

-¿Cree que hay quienes en la isla lo pueden tomar como una claudicación después de tantos años de sacrificio en pos de una épica política?

-Creo que lo más interesante que puede pasar en la isla es que al régimen se le pierde uno de sus grandes argumentos: “Toda nuestra penuria es por el embargo norteamericano”. Si la persona que habla y piensa distinto ya no es un espía norteamericano, si Estados Unidos se convierte en un país más, entonces se les complica el discurso que han mantenido durante tantos años.

-El relato.

-Se les complica el relato. Alguien dijo que lo único que sí había entendido Sartre de la revolución cubana fue cuando dijo: “Si Estados Unidos no existiera, Cuba debería inventarlo”. Ahora ese enemigo monstruoso deja de existir. Hay que ver cómo reinventan al otro del régimen. Durante 50 años, Estados Unidos figuró como ese otro monstruoso del régimen. Todo lo malo, toda disidencia, toda voz en contra, era la voz de esa alteridad monstruosa y diabólica. El régimen va a tener que construir sobre esto un relato. De todos modos, Raúl Castro dijo que esto no significaba que se iban a arreglar las desavenencias.

-Hay un dato interesante que tiene que ver con la edad de los hermanos Castro y la finitud: Fidel con 88 y el hermano con 83.

-Por supuesto. Se está acabando la generación de la revolución. Es una gran pregunta porque hace mucho que se está acabando. En esta generación hay algunos que son muy longevos, pero es evidente que hay un fin biológico a la hegemonía de los hermanos Castro, y ese fin está cerca. Ahí también hay un paso de un régimen totalitario a uno autoritario de tipo más tradicional. Está por salir una legislación en Cuba por la cual a partir del año 2016 o 2017 empiezan a limitarse los períodos de duración en los cargos.

-¿Hay elementos que se puedan rescatar y tomar de la revolución cubana?

-El impulso por la igualdad que inspiró a los movimientos revolucionarios en los 60 es algo que sigue siendo para rescatar. Desde el momento que en las experiencias revolucionarias concretas el avance de la igualdad estuvo siempre, muy pronto, asociado a la constitución de regímenes de dominación total, el gran desafío para un pensamiento que se quiere de izquierda, o favorable a la justicia, la igualdad y la libertad, es cómo pensar regímenes que promuevan la igualación de condiciones sin cristalizar en formas de opresión política extraordinarias.

-Alguna vez le pregunté a Padura por el futuro de Cuba y me dijo que le gustaría que fuera “un país normal”. ¿Qué deseos tiene usted para Cuba?

-Que sea como le gustaría a Padura que fuera, que me encanta como escritor. No me siento autorizada a hablar porque yo no soy de ahí. Que sea como les gustaría a los cubanos que yo respeto, que aprecio por cómo piensan, es decir, a lo mejor de los cubanos de adentro y de afuera. Gente como Padura, como Rafael Rojas, como Antonio José Ponte, Juan Antonio Blanco, gente como la oposición interna de Cuba, como Leonardo Calvo, del Partido Arco Progresista (socialdemócrata), Fernando Palacio, del Partido Liberal y Armando Chaguaceda, joven colega y amigo de Observatorio Crítico, que ya no puede volver sin riesgo y decidió quedarse en México. Querría que Cuba fuera como esa gente puesta junta podría imaginárselo.

Mano a mano

Una voz incómoda desde y para la izquierda

Desde su regreso a la Argentina, a mediados de los años 80, Claudia Hilb se convirtió en una voz lúcida y potente pero también, incómoda para el universo de la izquierda democrática al que pertenece. Su formación en Francia, las lecturas de Claude Leffort y las reuniones con exiliados chilenos y brasileños que ya estaban en un proceso de aggiornamiento de la izquierda tradicional le permitieron revisar críticamente no sólo los procesos de Europa del Este y la revolución cubana sino la experiencia armada en la Argentina. Entre otras cosas, el exilio le permitió ir al encuentro de un pensamiento de izquierda fuertemente crítico de los totalitarismos. De allí que no haya dudado en escribir Silencio, Cuba (Edhasa), uno de los libros fundamentales a la hora de analizar las posturas condescendientes y justificatorias de la izquierda democrática frente al cercenamiento de las libertades del régimen de la revolución cubana. Años después Hilb volvió a nadar contrarriente e ir a contrapelo del sentido común progresista con la publicación de Usos del pasado. Qué hacemos hoy con los setenta (Siglo XXI), un conjunto de ensayos escritos a lo largo de 12 años en los que revisa críticamente esa década.

Un futuro posible, según Hilb

¿Qué efectos puede tener el deshielo entre Cuba y Estados Unidos en el futuro de la isla?

Creo que efectivamente lo más inmediato es una apertura económica con control político y de consolidación de un régimen autoritario con más aire en lo económico. También es cierto que cuando se empieza a habilitar cada vez más la actividad privada, y que la gente ya no depende para sus ingresos del Estado, esa misma gente empieza a tomar más aire en el terreno político, ya no está ligada a movilizarse a la plaza si no tiene ganas porque no la van a controlar desde el trabajo. Indefectiblemente hay una parte de liberalización que entra con la liberalización económica. Yo creo que por el momento la capacidad del régimen para mantener cerrado el espacio político es alta, porque la sociedad civil en Cuba lamentablemente, después de 50 años de régimen de partido único, es débil en su organización. En un primer momento creo que esto será así. Lo mismo que China: uno ve que la capacidad del régimen de mantener la estructura política es muy alta, con una apertura económica extraordinaria y de desarrollo económico impresionante.