Lo que no debe hacerse con la inversión extranjera | Opinión

Lo que no debe hacerse con la inversión extranjera | Diario de Cuba.

Lo que no debe hacerse con la inversión extranjera

En la Feria Internacional de La Habana no se adjudican licencias a cuentapropistas: se ofrecen oportunidades a inversores en un mundo globalizado.

Nadie tenía la menor duda que no iba a ser así. En una economía de planificación central, en la que no existe la propiedad privada, ni tampoco el libre derecho a emprender negocios por parte de los nacionales del país, el gobierno organiza una “feria internacional” para presentar a los visitantes extranjeros, en su mayoría empresarios y diplomáticos, una cartera de 246 proyectos asombrosos para que materialicen el destino de sus inversiones.

“Asombroso” es el término que se debe utilizar, porque estos proyectos van desde la “producción de pollo, carbón a partir del marabú que infecta los campos, envases de todo tipo, y la fabricación de vacunas o botellas de vidrio, latas de aluminio, pasando por el desarrollo de parques eólicos”.  Lo mejor de todo es que con esta “cartera de negocios” el régimen aspira a generar 8.700 millones de dólares, para que la economía salga del marasmo a que la han conducido los llamados “Lineamientos”.

Conviene recordar en este punto que una economía de la solvencia de la de Chile está realizando esfuerzos muy importantes para movilizar proyectos de inversión extranjera por valor de 6.000 millones. La realidad es que, visto desde esta perspectiva, la gesta de los directivos castristas, suena a chiste. Conviene, por ello, quitar el grano de la paja, y reconocer que esta “performance” castrista ante los inversores extranjeros parece más una ópera bufa que una estrategia adecuada para atraer el capital extranjero. Razones no sobran para pensar así.

A nadie se le ocurre, en un mundo globalizado en el que los capitales se mueven con total libertad en búsqueda de las mejores oportunidades de negocios, ofrecer una “cartera” cerrada de oportunidades de inversión a los empresarios internacionales. Conviene recordar al régimen que no está adjudicando licencias a cuentapropistas que se encuentran limitadas a “181 ocupaciones” para poder desarrollar sus microproyectos, sino que al intentar que la economía se abra al mundo, las reglas del juego son las mismas en todas partes. Querer predeterminar el resultado del partido de antemano, es simplemente, no jugar limpio, perder el tiempo.

Segundo, una feria internacional es un espacio para la discusión en positivo, el análisis y la toma de posiciones sobre las distintas oportunidades de negocio que existen en un país. Los empresarios, que saben mucho más de economía que los burócratas del régimen, acuden a explorar y calcular a partir de las opciones existentes en abierto cuáles son las mejores para colocar sus inversiones. Precisamente en estos foros es donde se detectan los mejores negocios. Ningún gobierno comete la imprudencia de establecer los límites de esa exploración. Basta que lo haga para que el inversor, que desconfía de este tipo de prácticas de los poderes públicos, simplemente pierda interés y abandone.

En tercer lugar, las ferias internacionales están muy bien, pero antes de ofrecer oportunidades a los inversores hay que hacer un trabajo previo, interno, que deje a la economía en las mejores condiciones para desarrollar oportunidades de negocio. Ese trabajo en la economía castrista sigue pendiente. Acciones dirigidas a mejorar la credibilidad, la confianza, la seguridad jurídica, la transparencia, son necesarias, pero no suficientes. Y lo más importante, no se puede jugar con cartas marcadas. Eso es un suicidio. La economía global exige a los países diseñar estructuras institucionales y jurídicas similares y confiables. Las aventuras ideológicas ya no aportan valor en el mundo de los negocios. Cuanto antes se percaten que el modelo de los “Lineamientos” no es adecuado para la inversión internacional, mejor.

Cuarto, el ministro comete un gran error al declarar durante la Feria que necesita la inversión extranjera, porque proporciona recursos que no existen en el interior de la economía, dada la “insuficiente capacidad de generación de ahorro” de la misma. Aunque eso fuera cierto, declarar este tipo de cosas ante los inversores internacionales, o bien es una prueba de ingenuidad por parte de quien no entiende cómo funciona la economía mundial, o bien es un supuesto de asunción de riesgo de consecuencias incalculables.

El ministro debería saber que precisamente la inversión extranjera acude a aquellas economías en las que puede desplegar sus proyectos con el ahorro nacional, con los excedentes de liquidez generados en otras actividades de la economía. Afirmando que en Cuba no hay suficiente ahorro, el ministro está despidiendo a buena parte de los inversores potenciales, sin más. Muchos comprenderán el porqué de los problemas de falta de liquidez e impagos.

Quinto, el embargo estadounidense. Una vez más, los hechos vienen a desmentir las tesis oficiales. La economía cubana puede comerciar con cualquier país del mundo, siempre y cuando tenga algo que ofrecer. Los datos de la Feria son irrefutables. Empresarios de 60 países participan en el certamen, un foro que se desarrolla hasta el 8 de noviembre, y en el que se incluyen distintas actividades. Muchos de esos empresarios se interesan por primera vez en experiencias en el desarrollo de proyectos en la Isla, y probablemente desconocen la maraña de problemas de burocracia e impagos con que se van a tropezar a la hora de realizar sus iniciativas. Incluso, con riesgo de prisión, tras los juicios severos y con falta de garantías, y condenas a diversos empresarios acusados de corrupción. No pasa nada. Los empresarios privados son dueños de su dinero y pueden hacer con él lo que crean conveniente.

Tiempo habrá de evaluar el resultado de estas iniciativas. Por lo pronto, las actuaciones en el Mariel son desconocidas. El gran proyecto financiado con fondos procedentes de Brasil se encuentra en punto muerto, y son muchos los que dudan de su viabilidad ante la escasa relación con la economía de la Isla. La “cartera de proyectos” deja mucho que desear, y por mucho que las autoridades del régimen se esfuercen en explicar que han sido elegidos por las empresas con estudios de viabilidad, lo cierto es que la dirección socialista y planificada de la economía ha hecho de las suyas.