Los vientos cambiantes del arte en Cuba. La Muerte del Gato

Los vientos cambiantes del arte en Cuba.

Por Julio Aleaga Pesant/Especial para CENTRO Tampa

Julio Aleaga Pesant es un periodista disidente cubano y está disponible en aleagapesant@yahoo.es

LA HABANA — Se apagaron las luces y entre las cortinas del Teatro Mella en el Vedado habanero apareció el maestro Leo Brower, que fue aclamado de inmediato. Con su modestia perenne, decidió presentar a los que sin lugar a dudas fue de los fenómenos más impactantes del festival de Música de Cámara.

 La orquesta de guitarras eléctricas Sinfonity, una hermandad de nueve guitarristas que recrean los sonidos de una orquesta sinfónica de apariencia estrafalaria y sonido inusual que sin nuevos intermedios interpretó Las Cuatro Estaciones de Vivaldi.

 No fue esa una experiencia única, dos días atrás Hayde Milanés, había conmocionado al público con la presentación del disco Palabras, un sentido homenaje a la anciana cantautora Martha Valdés. En el escenario acompañaron a la voz femenina más prominente de la década estrellas como Ernán Lopez-Nusa (piano), Enrique Plá (drums), Jorge Reyes (contrabajo), Nan San (guitarra), Pablo Milanés y la octogenaria Valdés, para cerrar por todo lo alto.

 Pero no todo fue luces en estos días. El festival comenzó el 26 de septiembre con una fuerte declaración de Brower, su principal organizador, sobre las trabas que enfrentó en la organización del evento por parte del Ministro de Cultura.

 Brower, relevante miembro del Partido Comunista de Cuba, y hasta el momento un artista leal al régimen, pareció romper la buena convivencia con la dictadura de los hermanos Castro, para dar su opinión sobre la forma en que se organizan los eventos culturales

 Según fuentes bien informadas, todo comenzó con el regreso a Cuba por intermedio del festival de artistas exiliados, como el cantante Pancho Céspedes. Pareció ser una compleja operación política parecida al concierto Paz sin Fronteras, que en septiembre de 2009 el músico colombiano Juanes realizó en La Habana, y que produjo muchas tensiones entre el Ministerio de Cultura la policía de seguridad del estado y los organizadores del evento.

 Pero si algo demostró este encuentro fue la capacidad de convocatoria de los artistas cubanos por encima de las estructuras del gobierno. Brower, como lo hicieron en su momento Chucho Valdez, o Pablo Milanés, es capaz de convocar a nivel mundial a los más importantes intérpretes, entre ellos, además del músico argentino Fito Páez, y el violonchelista chino-francés Yo Yo Ma.

 Disidencia cultural

 Pero la rebeldía de Leo y su equipo no es un hecho aislado. Viene acompañado de una exposición de artes plásticas, una película y una obra de teatro que atacan directamente al sistema político cubano. Acciones que indican que los artistas y creadores cubanos dentro de la isla asumen una actitud más crítica frente al régimen, y que la censura es más permisiva.

 Ya venían dándose ejemplos en el cine, el teatro y las artes plásticas, de expresiones críticas y de duda razonable sobre la legitimidad del régimen de los hermanos Castro Ruz.

 Pero este pasado mes de septiembre arrasa con ejemplos de soberanía artística. Uno de los más comentados en los corrillos intelectuales es el filme La muerte del Gato, un corto de 15 minutos de Lilo Vilaplana, que narra la vendetta de los desclasados de siempre, contra la delatora comunista del barrio, responsable por odio de todas las maldades contra sus vecinos. La película se centra en la vendetta de tres víctimas de la chivata Delfina, quienes luego de muchos años se rebelan contra el control que ella ejerce sobre la comunidad. La política llena de alegorías, como la misma muerte del gato negro, o el suicidio de uno de los personajes, es el film con mejor marcado desafío al castrismo y al comunismo dentro de la isla. Y debe crear un precedente inestimable en la historia del cine cubano.

 En el teatro, entre otras polémicas obras se presenta la obra Sueños de un Seductor. La pieza es escrita por Woody Allen, fue estrenada con éxito en Broadway en 1972. En el original es la historia de un cinéfilo que afectado por su divorcio busca una joven con quien estar.

 Pero que en la historia llevada a las tablas por Alexis Díaz de Villegas, bajo la dirección de Carlos Díaz, el personaje principal es un viejo cinéfilo, que imita en ademanes y posturas a Alfredo Guevara, que a diferencia del original, trata de atrapar a un joven efebo con unos sueños muy particulares, que terminan asesinando al joven al dejarlo sin futuro.

 Guevara trascendió en la historia de Cuba, como Presidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, y ser el mayor censor cinematográfico desde desatara una caza de brujas contra la producción cinematográfica independiente.

 ¿Son estos ejemplos, muestras de un nuevo aire cultural? No se puede adelantar mucho por el compromiso que tienen la mayoría de los artistas con alta presencia en los medios, como Buena Fé o el cantante Tony Ávila entre los que hay escritores y artistas plásticos con el gobierno. Y es demasiado temprano para precisarlo. Pero por lo pronto, el área artística insular destapada de su eterno servilismo al régimen se mueve, y de qué manera.

– See more at: http://centrotampa.com/ce/columns/opinion/los-vientos-cambiantes-del-arte-en-cuba-20141016/#sthash.7UP7s9Ov.dpuf

Los vientos cambiantes del arte en Cuba

Por Julio Aleaga Pesant/Especial para CENTRO Tampa
Publicado en: October 16, 2014   |   Actualizado en: October 16, 2014 at 11:34 AM

LA HABANA — Se apagaron las luces y entre las cortinas del Teatro Mella en el Vedado habanero apareció el maestro Leo Brower, que fue aclamado de inmediato. Con su modestia perenne, decidió presentar a los que sin lugar a dudas fue de los fenómenos más impactantes del festival de Música de Cámara.

La orquesta de guitarras eléctricas Sinfonity, una hermandad de nueve guitarristas que recrean los sonidos de una orquesta sinfónica de apariencia estrafalaria y sonido inusual que sin nuevos intermedios interpretó Las Cuatro Estaciones de Vivaldi.

No fue esa una experiencia única, dos días atrás Hayde Milanés, había conmocionado al público con la presentación del disco Palabras, un sentido homenaje a la anciana cantautora Martha Valdés. En el escenario acompañaron a la voz femenina más prominente de la década estrellas como Ernán Lopez-Nusa (piano), Enrique Plá (drums), Jorge Reyes (contrabajo), Nan San (guitarra), Pablo Milanés y la octogenaria Valdés, para cerrar por todo lo alto.

Pero no todo fue luces en estos días. El festival comenzó el 26 de septiembre con una fuerte declaración de Brower, su principal organizador, sobre las trabas que enfrentó en la organización del evento por parte del Ministro de Cultura.

Brower, relevante miembro del Partido Comunista de Cuba, y hasta el momento un artista leal al régimen, pareció romper la buena convivencia con la dictadura de los hermanos Castro, para dar su opinión sobre la forma en que se organizan los eventos culturales

Según fuentes bien informadas, todo comenzó con el regreso a Cuba por intermedio del festival de artistas exiliados, como el cantante Pancho Céspedes. Pareció ser una compleja operación política parecida al concierto Paz sin Fronteras, que en septiembre de 2009 el músico colombiano Juanes realizó en La Habana, y que produjo muchas tensiones entre el Ministerio de Cultura la policía de seguridad del estado y los organizadores del evento.

Pero si algo demostró este encuentro fue la capacidad de convocatoria de los artistas cubanos por encima de las estructuras del gobierno. Brower, como lo hicieron en su momento Chucho Valdez, o Pablo Milanés, es capaz de convocar a nivel mundial a los más importantes intérpretes, entre ellos, además del músico argentino Fito Páez, y el violonchelista chino-francés Yo Yo Ma.

Disidencia cultural

Pero la rebeldía de Leo y su equipo no es un hecho aislado. Viene acompañado de una exposición de artes plásticas, una película y una obra de teatro que atacan directamente al sistema político cubano. Acciones que indican que los artistas y creadores cubanos dentro de la isla asumen una actitud más crítica frente al régimen, y que la censura es más permisiva.

Ya venían dándose ejemplos en el cine, el teatro y las artes plásticas, de expresiones críticas y de duda razonable sobre la legitimidad del régimen de los hermanos Castro Ruz.

Pero este pasado mes de septiembre arrasa con ejemplos de soberanía artística. Uno de los más comentados en los corrillos intelectuales es el filme La muerte del Gato, un corto de 15 minutos de Lilo Vilaplana, que narra la vendetta de los desclasados de siempre, contra la delatora comunista del barrio, responsable por odio de todas las maldades contra sus vecinos. La película se centra en la vendetta de tres víctimas de la chivata Delfina, quienes luego de muchos años se rebelan contra el control que ella ejerce sobre la comunidad. La política llena de alegorías, como la misma muerte del gato negro, o el suicidio de uno de los personajes, es el film con mejor marcado desafío al castrismo y al comunismo dentro de la isla. Y debe crear un precedente inestimable en la historia del cine cubano.

En el teatro, entre otras polémicas obras se presenta la obra Sueños de un Seductor. La pieza es escrita por Woody Allen, fue estrenada con éxito en Broadway en 1972. En el original es la historia de un cinéfilo que afectado por su divorcio busca una joven con quien estar.

Pero que en la historia llevada a las tablas por Alexis Díaz de Villegas, bajo la dirección de Carlos Díaz, el personaje principal es un viejo cinéfilo, que imita en ademanes y posturas a Alfredo Guevara, que a diferencia del original, trata de atrapar a un joven efebo con unos sueños muy particulares, que terminan asesinando al joven al dejarlo sin futuro.

Guevara trascendió en la historia de Cuba, como Presidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, y ser el mayor censor cinematográfico desde desatara una caza de brujas contra la producción cinematográfica independiente.

¿Son estos ejemplos, muestras de un nuevo aire cultural? No se puede adelantar mucho por el compromiso que tienen la mayoría de los artistas con alta presencia en los medios, como Buena Fé o el cantante Tony Ávila entre los que hay escritores y artistas plásticos con el gobierno. Y es demasiado temprano para precisarlo. Pero por lo pronto, el área artística insular destapada de su eterno servilismo al régimen se mueve, y de qué manera.

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Los vientos cambiantes del arte en Cuba

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Publicado en: October 16, 2014   |   Actualizado en: October 16, 2014 at 11:34 AM

LA HABANA — Se apagaron las luces y entre las cortinas del Teatro Mella en el Vedado habanero apareció el maestro Leo Brower, que fue aclamado de inmediato. Con su modestia perenne, decidió presentar a los que sin lugar a dudas fue de los fenómenos más impactantes del festival de Música de Cámara.

La orquesta de guitarras eléctricas Sinfonity, una hermandad de nueve guitarristas que recrean los sonidos de una orquesta sinfónica de apariencia estrafalaria y sonido inusual que sin nuevos intermedios interpretó Las Cuatro Estaciones de Vivaldi.

No fue esa una experiencia única, dos días atrás Hayde Milanés, había conmocionado al público con la presentación del disco Palabras, un sentido homenaje a la anciana cantautora Martha Valdés. En el escenario acompañaron a la voz femenina más prominente de la década estrellas como Ernán Lopez-Nusa (piano), Enrique Plá (drums), Jorge Reyes (contrabajo), Nan San (guitarra), Pablo Milanés y la octogenaria Valdés, para cerrar por todo lo alto.

Pero no todo fue luces en estos días. El festival comenzó el 26 de septiembre con una fuerte declaración de Brower, su principal organizador, sobre las trabas que enfrentó en la organización del evento por parte del Ministro de Cultura.

Brower, relevante miembro del Partido Comunista de Cuba, y hasta el momento un artista leal al régimen, pareció romper la buena convivencia con la dictadura de los hermanos Castro, para dar su opinión sobre la forma en que se organizan los eventos culturales

Según fuentes bien informadas, todo comenzó con el regreso a Cuba por intermedio del festival de artistas exiliados, como el cantante Pancho Céspedes. Pareció ser una compleja operación política parecida al concierto Paz sin Fronteras, que en septiembre de 2009 el músico colombiano Juanes realizó en La Habana, y que produjo muchas tensiones entre el Ministerio de Cultura la policía de seguridad del estado y los organizadores del evento.

Pero si algo demostró este encuentro fue la capacidad de convocatoria de los artistas cubanos por encima de las estructuras del gobierno. Brower, como lo hicieron en su momento Chucho Valdez, o Pablo Milanés, es capaz de convocar a nivel mundial a los más importantes intérpretes, entre ellos, además del músico argentino Fito Páez, y el violonchelista chino-francés Yo Yo Ma.

Disidencia cultural

Pero la rebeldía de Leo y su equipo no es un hecho aislado. Viene acompañado de una exposición de artes plásticas, una película y una obra de teatro que atacan directamente al sistema político cubano. Acciones que indican que los artistas y creadores cubanos dentro de la isla asumen una actitud más crítica frente al régimen, y que la censura es más permisiva.

Ya venían dándose ejemplos en el cine, el teatro y las artes plásticas, de expresiones críticas y de duda razonable sobre la legitimidad del régimen de los hermanos Castro Ruz.

Pero este pasado mes de septiembre arrasa con ejemplos de soberanía artística. Uno de los más comentados en los corrillos intelectuales es el filme La muerte del Gato, un corto de 15 minutos de Lilo Vilaplana, que narra la vendetta de los desclasados de siempre, contra la delatora comunista del barrio, responsable por odio de todas las maldades contra sus vecinos. La película se centra en la vendetta de tres víctimas de la chivata Delfina, quienes luego de muchos años se rebelan contra el control que ella ejerce sobre la comunidad. La política llena de alegorías, como la misma muerte del gato negro, o el suicidio de uno de los personajes, es el film con mejor marcado desafío al castrismo y al comunismo dentro de la isla. Y debe crear un precedente inestimable en la historia del cine cubano.

En el teatro, entre otras polémicas obras se presenta la obra Sueños de un Seductor. La pieza es escrita por Woody Allen, fue estrenada con éxito en Broadway en 1972. En el original es la historia de un cinéfilo que afectado por su divorcio busca una joven con quien estar.

Pero que en la historia llevada a las tablas por Alexis Díaz de Villegas, bajo la dirección de Carlos Díaz, el personaje principal es un viejo cinéfilo, que imita en ademanes y posturas a Alfredo Guevara, que a diferencia del original, trata de atrapar a un joven efebo con unos sueños muy particulares, que terminan asesinando al joven al dejarlo sin futuro.

Guevara trascendió en la historia de Cuba, como Presidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, y ser el mayor censor cinematográfico desde desatara una caza de brujas contra la producción cinematográfica independiente.

¿Son estos ejemplos, muestras de un nuevo aire cultural? No se puede adelantar mucho por el compromiso que tienen la mayoría de los artistas con alta presencia en los medios, como Buena Fé o el cantante Tony Ávila entre los que hay escritores y artistas plásticos con el gobierno. Y es demasiado temprano para precisarlo. Pero por lo pronto, el área artística insular destapada de su eterno servilismo al régimen se mueve, y de qué manera.

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Publicado en: October 16, 2014   |   Actualizado en: October 16, 2014 at 11:34 AM

LA HABANA — Se apagaron las luces y entre las cortinas del Teatro Mella en el Vedado habanero apareció el maestro Leo Brower, que fue aclamado de inmediato. Con su modestia perenne, decidió presentar a los que sin lugar a dudas fue de los fenómenos más impactantes del festival de Música de Cámara.

La orquesta de guitarras eléctricas Sinfonity, una hermandad de nueve guitarristas que recrean los sonidos de una orquesta sinfónica de apariencia estrafalaria y sonido inusual que sin nuevos intermedios interpretó Las Cuatro Estaciones de Vivaldi.

No fue esa una experiencia única, dos días atrás Hayde Milanés, había conmocionado al público con la presentación del disco Palabras, un sentido homenaje a la anciana cantautora Martha Valdés. En el escenario acompañaron a la voz femenina más prominente de la década estrellas como Ernán Lopez-Nusa (piano), Enrique Plá (drums), Jorge Reyes (contrabajo), Nan San (guitarra), Pablo Milanés y la octogenaria Valdés, para cerrar por todo lo alto.

Pero no todo fue luces en estos días. El festival comenzó el 26 de septiembre con una fuerte declaración de Brower, su principal organizador, sobre las trabas que enfrentó en la organización del evento por parte del Ministro de Cultura.

Brower, relevante miembro del Partido Comunista de Cuba, y hasta el momento un artista leal al régimen, pareció romper la buena convivencia con la dictadura de los hermanos Castro, para dar su opinión sobre la forma en que se organizan los eventos culturales

Según fuentes bien informadas, todo comenzó con el regreso a Cuba por intermedio del festival de artistas exiliados, como el cantante Pancho Céspedes. Pareció ser una compleja operación política parecida al concierto Paz sin Fronteras, que en septiembre de 2009 el músico colombiano Juanes realizó en La Habana, y que produjo muchas tensiones entre el Ministerio de Cultura la policía de seguridad del estado y los organizadores del evento.

Pero si algo demostró este encuentro fue la capacidad de convocatoria de los artistas cubanos por encima de las estructuras del gobierno. Brower, como lo hicieron en su momento Chucho Valdez, o Pablo Milanés, es capaz de convocar a nivel mundial a los más importantes intérpretes, entre ellos, además del músico argentino Fito Páez, y el violonchelista chino-francés Yo Yo Ma.

Disidencia cultural

Pero la rebeldía de Leo y su equipo no es un hecho aislado. Viene acompañado de una exposición de artes plásticas, una película y una obra de teatro que atacan directamente al sistema político cubano. Acciones que indican que los artistas y creadores cubanos dentro de la isla asumen una actitud más crítica frente al régimen, y que la censura es más permisiva.

Ya venían dándose ejemplos en el cine, el teatro y las artes plásticas, de expresiones críticas y de duda razonable sobre la legitimidad del régimen de los hermanos Castro Ruz.

Pero este pasado mes de septiembre arrasa con ejemplos de soberanía artística. Uno de los más comentados en los corrillos intelectuales es el filme La muerte del Gato, un corto de 15 minutos de Lilo Vilaplana, que narra la vendetta de los desclasados de siempre, contra la delatora comunista del barrio, responsable por odio de todas las maldades contra sus vecinos. La película se centra en la vendetta de tres víctimas de la chivata Delfina, quienes luego de muchos años se rebelan contra el control que ella ejerce sobre la comunidad. La política llena de alegorías, como la misma muerte del gato negro, o el suicidio de uno de los personajes, es el film con mejor marcado desafío al castrismo y al comunismo dentro de la isla. Y debe crear un precedente inestimable en la historia del cine cubano.

En el teatro, entre otras polémicas obras se presenta la obra Sueños de un Seductor. La pieza es escrita por Woody Allen, fue estrenada con éxito en Broadway en 1972. En el original es la historia de un cinéfilo que afectado por su divorcio busca una joven con quien estar.

Pero que en la historia llevada a las tablas por Alexis Díaz de Villegas, bajo la dirección de Carlos Díaz, el personaje principal es un viejo cinéfilo, que imita en ademanes y posturas a Alfredo Guevara, que a diferencia del original, trata de atrapar a un joven efebo con unos sueños muy particulares, que terminan asesinando al joven al dejarlo sin futuro.

Guevara trascendió en la historia de Cuba, como Presidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, y ser el mayor censor cinematográfico desde desatara una caza de brujas contra la producción cinematográfica independiente.

¿Son estos ejemplos, muestras de un nuevo aire cultural? No se puede adelantar mucho por el compromiso que tienen la mayoría de los artistas con alta presencia en los medios, como Buena Fé o el cantante Tony Ávila entre los que hay escritores y artistas plásticos con el gobierno. Y es demasiado temprano para precisarlo. Pero por lo pronto, el área artística insular destapada de su eterno servilismo al régimen se mueve, y de qué manera.

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