La logística del robo de combustibles en #Mexico

La logística del robo de combustibles 

La logística del robo de combustibles



La logística del robo de combustibles

El robo de hidrocarburos se ha tornado en uno de los mayores dolores de cabeza para Petróleos Mexicanos (Pemex) en los últimos años y en un enorme desafío para la apertura del mercado energético mexicano tras la promulgación de las leyes secundarias de la reforma energética. Tan sólo de enero a agosto del presente año representó una sangría financiera para Pemex de 15,300 millones de pesos, según reconoció hace unos días Emilio Lozoya, director general de la empresa.

Pero, ¿cuál es la logística del robo de combustible en México? En términos generales, se puede decir que el ilícito tiene verificativo de dos maneras: la primera es en los ductos de Pemex, por medio de una toma clandestina, y la segunda es el robo de pipas.

Los ductos no están llenos todo el día, a diferentes horas se hacen “corridas” de combustibles y, previo a cada una, se pasa agua por el tubo.

De acuerdo con los informes que se tienen en el Consejo de Administración de Pemex, se presume la participación de personal de la estatal, que está relacionado con las bandas de crimen organizado y les informa en qué momento pasa cada producto.

La toma clandestina se abre cuando pasa el producto y la tubería por la que se mueve llega a medir varios kilómetros de largo, del ducto al sitio de almacenamiento.

Almacenamiento

El segundo paso del mercado negro es el almacenamiento del producto robado. En este acto se han detectado hasta tres modalidades: la primera es la conexión directa de un camión a la toma clandestina hasta por tres días, que es lo que tarda en llenarse el contenedor del vehículo.

La segunda son almacenamientos clandestinos situados a medias distancias del ducto, en algunos casos son bodegas o galpones que lo mismo pueden contener autotanques viejos que no fueron desechados correctamente o incluso tinacos de plástico para agua, cisternas de concreto o piletas.

Empresas pirata

La tercera modalidad es la clonación de empresas. El crimen organizado ha clonado empresas desde los logos hasta las instalaciones y opera abiertamente frente a las autoridades con camiones marcados con los permisos originales e incluso atendiendo llamados de estaciones de servicio.

En la clonación se han llegado a tener instalaciones medianas en donde despachan diésel y gasolina incluso bajo franquicias de autoconsumo. Hay casos donde se han clonado las propias pipas de Pemex de 20,000 litros de capacidad.

El tercer paso del mercado negro es la comercialización del combustible robado.

Hasta ahora se han determinado al menos cuatro maneras en que este combustible termina en poder del consumidor. La básica son tambos de gasolina que se venden en la carretera, pueblos o ciudades pequeñas, el trasiego se hace desde los autotanques hasta a los botes de exhibición final.

La segunda manera es la venta al mayoreo a medianos consumidores. En este proceso se incluye a pequeñas fábricas, aserraderos (algunos de ellos clandestinos) o empresas de autotransporte que compran tanto en el mercado legal como en el informal.

La tercera es usando a las estaciones de servicio a quienes se les vende el combustible robado. El costo de una pipa de combustible robado, de 20,000 litros, puede llegar a ser desde 120,000 hasta 160,000 pesos, es decir a un costo de seis a ocho pesos por litro, y en algunos casos hasta crédito otorgan.

Gasolineras pirata

Cabe mencionar que la venta de combustible por medio de las estaciones de servicio se hace bajo coacción y por medio de amenazas, incluso con hombres armados.

La cuarta manera en que entra al mercado formal la gasolina robada es por medio de estaciones de servicio pirata, es hasta ahora la menos socorrida por sus altos costos de construcción y grandes necesidades de terrenos que se necesitan.

Hay que destacar que el autoconsumo del crimen organizado es muy alto. Ante la imposibilidad de conseguir turbosina muchas de sus avionetas usan gasolina Prémium, aunque ello desgaste prematuramente sus motores o incluso dañe sus equipos.

luis.carriles@eleconomista.com.mx