Los que no crecieron. Opinión. Pedro Campos Santos

(2) Escrito por Pedro Campos Santos Sobre la… – Julio Cesar Morales.

Escrito por Pedro Campos Santos

Sobre la elección del Presidente y Vicepresidente por medio del sufragio universal .
Democratizar la sociedad cubana es un imperativo de la actual etapa del proceso revolucionario. Cómo parte del análisis hecho público por algunos partidarios del Socialismo Participativo y Democrático, sobre la necesidad de democratizar el sistema político-electoral de la sociedad cubana, en el documento “Una acción afirmativa por la democratización”, se plantearon tres elementos claves que muchos cubanos comparten. Uno de ellos, la elección por el voto secreto y directo del Presiente y Vicepresidente de la República.

¿Qué importancia tiene esto, en el contexto histórico cubano concreto actual?

Puede haber otras opiniones. Hay quien no está de acuerdo y tiene sus argumentos, todos honorables y bienvenidos, siempre que se expresen con base y respeto.

Para los cubanos la figura del líder siempre ha sido muy importante. Recuérdese los problemas de liderazgo en las guerras del 68 y el 95, y que las guerras civiles en el Siglo XX estuvieron asociados a los intentos de los caudillos de permanecer en el poder y a la falta de vías democráticas para canalizar el descontento: 1906, 1912-13, 1933, 1952 y la ultima guerra civil en 1960-63 –Escambray- también relativa a la carencia de vías democráticas.

Hoy es una demanda bastante extendida, que cualquier intento de democratización en Cuba debe contemplar, aunque esas figuras no existan en la Constitución, la elección directa por medio del sufragio universal del Presidente y vicepresidente de la República, así como la de los gobernadores de las Provincias y los Alcaldes municipales, de manera que quienes allí lleguen se sientan comprometidos con los intereses de las mayorías que los eligieron y respondan a ellas.

En Cuba tenemos un sistema político que, teóricamente, es parlamentario; pero que en la práctica ha sido más presidencialista que los modelos democrático-burgueses de ese tipo, pues en verdad mientras Fidel Castro era el Presidente, éste era el que tomaba todas las decisiones importantes, si bien en una época se consultaban los llamados “parlamentos obreros”, o se pedía a los presentes en la Plaza de la Revolución que votaran levantando la mano.

Ahora su hermano Raúl tiene en cuenta lo que piensa Fidel, lo que cree su entorno de generales y hace consultas a las bases del partido, los trabajadores y el pueblo; pero su gobierno ha funcionado fundamentalmente con decretos presidenciales, con alguna participación, sobre todo en la aprobación final, del parlamento. Tal instancia, en verdad, poco decide y sigue siendo electa según un sistema electoral que garantiza la elección como diputados de los arriba deseados y propuestos, por medio de comisiones de candidaturas controladas por el Partido a todos los niveles. Es ese parlamento, el que elige al Presidente y Vicepresidente.

Los de arriba deciden quiénes son abajo, los que deciden quiénes siguen arriba.

De manera que nuestro sistema “parlamentario”, es realmente el mismo que existía en el “socialismo real” fracasado -democracias populares y el denominado estado de todo el pueblo en la URSS-, y en nada se parece a los modelos parlamentarios europeos tradicionales, como pretenden algunos, dónde existe la libre concurrencia de partidos políticos a las elecciones, la libertad de expresión y asociación, los parlamentarios no responden a una sola línea política y están reunidos permanentemente discutiendo y votando leyes.

Y los cubanos no somos europeos, aunque de allá tengamos mucha sangre, si no americanos y en estas tierras, desde los Grandes Lagos de Norteamericana, hasta la Patagonia, nuestras gestas independentistas, produjeron sistemas presidencialistas, actualmente vigentes en la mayoría de los pises del ALBA. Es lo que está en nuestras tradiciones mambisas y en las constituciones posteriores, menos en la última del 76 que sin exponerlo fue diseñada para que el Presidente concentrara un gran poder decisión.

Nadie debe olvidar las influencias mutuas entre las guerras de intendencia de las 13 Colonias por librarse de Inglaterra y las bolivarianas y cubanas por librarse de España. Políticamente somos más de Nuestra América que europeos y nuestras naciones surgieron de guerras de independencia contra metrópolis controladas por reinados que evolucionaron a sistemas parlamentarios: una especie de metamorfosis de las cortes, que no existían en América.

Y desde luego que los sistemas presidenciales tendrían que ver con cierta tradición caudillista en nuestra región. Y en Cuba, a Fidel Castro, posiblemente nadie hubiera podido disputarle nunca la Presidencia; pero ya retirado de la política activa, la situación ha cambiado radicalmente.

Si bien Raúl es muy respetado y querido en las principales instituciones de poder real en Cuba, -Fuerzas Armadas y Ministerio del Interior, que fue (literal) ocupado por las FAR en 1989-, no tiene las cualidades de su hermano y su mantenido apego al estilo, los métodos y al personal militar, luego de haber llegado a la Presidencia, no le han ayudado en su popularidad. Ni se presenta ni es visto como el Presidente de todos los cubanos, sino como el General, que también es Presidente pues privilegia lo militar sobre lo civil y político.

Los militares ahora tienen las prebendas y los altos salarios nominales y reales que nunca tuvieron. Los generales son nombrados ministros, dirigen la economía y son puestos al frente de las empresas y proyectos económicos importantes. Los generales tratan de imponer sus métodos disciplinarios en las empresas y en la economía que pretenden “mandar”. La economía en divisa es controlada casi toda por las FAR. Dicen: Cuba está militarizada. A mí también me lo parece.

La presencia de muchos guerrilleros en las instituciones del gobierno, el estado y el partido, tenía sentido revolucionario en los primeros años de la revolución. La de militares 53 años después, cuando los que guerrearon contra Batista, están por encima de los 70 y 80, NO.

De todas formas Raúl guarda legitimidad histórica por haber sido siempre el segundo de Fidel, pero la gente ya no lo ve igual para los “otros” llamados históricos. ¿Y si desgraciadamente Raúl, ya bastante mayorcito, también se nos enferma, sin haberse democratizado el país?

El mismo Raúl fue muy claro cuando dijo que ya sin Fidel en la dirección máxima, las cosas no podrían seguir siendo iguales, que solo podría ser sustituido por el Partido todo. La práctica de estos 6 años, le ha dado la razón: ninguno allá arriba se muestra en capacidad de asumir el papel de Fidel, pero además han hecho como que cuentan con todo el Partido, pero han seguido manejando el partido, el gobierno y el estado como una agencia particular de la dirección establecida y no de sus bases, de los trabajadores y el pueblo como se supone debería ser.

Han pedido opiniones, sí: en el lugar, el tiempo y espacio que ha entendido la dirección, sin horizontalidad, sin discusiones abiertas a todos, con una prensa que sigue respondiendo a los intereses determinados por el Departamento Ideológico del Comité Central, con direcciones provinciales y municipales del partido y del gobierno siempre propuestas desde arriba a través de la cooptación y decidiendo todo en los nichos estrechos del Buró Político reformado según los pareceres de un reducido grupo.

La ausencia de Fidel era una oportunidad para la necesaria democratización del sistema político a partir, de acuerdo, del propio Partido Comunista; pero en la práctica no se han realizado cambios democratizadores, ni formales si quiera, y todo sigue funcionando como fue concebido en la época de Fidel, entonces apoyado por una mayoría indiscutible.

Los peligros de escisión, siempre vienen por la falta de vías para la participación democrática.

Los tiempos no son los mismos en Cuba ni en el mundo. Fidel, líder histórico de la Revolución con la multimillonaria ayuda económica de la URSS y el “campo socialista”, respaldado política y militarmente por esa potencia mundial, era una cosa muy distinta al actual gobierno de su hermano que no es el líder histórico y lo que heredó fue un país en crisis y sin el apoyo de entonces.

Raúl mismo lo ha dicho en sus discursos y ha apelado a una mayor democracia para el partido y la sociedad. Pero sus palabras no han sido correspondidas en la práctica. Sigue una dirección hiper-centralizada de la economía y la política; y partido y sociedad siguen sin democratización.

Socialismo por la vida.