Cuba entre dos orillas: Rusia y Estados Unidos

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Cuba entre dos orillas: Rusia y Estados Unidos
El gobierno cubano tendrá que repensar su política exterior para el próximo decenio

Luis Carlos Battista, Miami

La gira por América Latina del presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, marca un “relanzamiento” de las relaciones rusas con la región. El comienzo de la mencionada gira por Cuba, no es dejada al azar. La Isla significa un fuerte aliado tradicional, con historia, cultura y tradiciones compartidas, sumando el alto reconocimiento que mantiene la revolución cubana en Latinoamérica, lo que le constituye en un país bisagra entre Rusia y el subcontinente. Es por ello que el presidente ruso ha calificado a Cuba como un “aliado estratégico”.
En una etapa donde resurge la multipolaridad de las relaciones internacionales, debido en gran parte a las decisiones estratégicas de Rusia, como la anexión de Crimea y el conflicto con Ucrania y las tensiones con la OTAN, una relación más estrecha con Cuba no constituye una mera decisión para el Kremlin. Putin ha anunciado la firma junto a Raúl Castro de una decena de acuerdos y declaraciones en materias variadas como salud, seguridad internacional de la información, armamento espacial, energía y combustibles fósiles, manejo de catástrofes y cultura.

Sin embargo, lo más comentado ha sido la condonación de la mayoría de la deuda externa de Cuba con Rusia. Una deuda heredada del Estado Soviético ascendiente a $35.000 millones. La decisión de Moscú de condonar el 90 % de dicho compromiso y asegurar el monto restante en proyectos de inversión conjuntos demuestra la habilidad política del gobernante ruso. La decisión tomada sobre una vieja deuda, cuyo adeudado (seamos realistas) mantiene en la actualidad poca capacidad de cumplimiento significa tomar la delantera y asegurarse la gratitud y correspondencia de los caribeños, a la vez que marca un reconocimiento por el apoyo mostrado en los foros multilaterales luego de las decisiones del renacido nacionalismo ruso.

Se ha mencionado por los mandatarios que el monto restante de la deuda citada será invertido dentro de la Isla en proyectos como el megapuerto del Mariel, el nuevo ciclo de prospecciones petroleras en el Golfo de México y un aeropuerto en San Antonio de los Baños que será utilizado por Aeroflot y otras aerolíneas rusas como hub de conexión para las Américas en el transporte de carga y pasajeros. Una vez más queda demostrado la fuerte posición geoestratégica de Cuba como la llave de entrada a las Américas.

Es interesante el porqué de este despliegue informativo y la atención que genera en Moscú y La Habana la visita a la isla caribeña: la posición de péndulo en que se encuentra Cuba entre su antigua aliada Rusia y unos Estados Unidos coqueteando tímidamente con el restablecimiento, parcial al menos, de relaciones. En el último año se ha producido una serie de llamados por parte de personalidades políticas estadounidenses para acabar con el bloqueo o embargo (según se mencione en Cuba o en Norteamérica).

Moscú no es ajeno a esta situación cubana. La Habana necesita desesperadamente de inversiones extranjeras para levantar la economía, según han confirmado los propios funcionarios cubanos. Por ello no es de extrañar que el presidente ruso haya decidido pagar una visita a la Isla y asegurar su antiguo aliado con generosos incentivos y promesas de inversiones, antes que desde la otra orilla se inicie un proceso irreversible de acercamiento ansiado tanto por Cuba como por la comunidad empresarial de Estados Unidos.

Cuba y su vecino Estados Unidos
Sin embargo en el otro margen del Golfo de México la cosa no se queda atrás. Hillary Clinton, exsecretaria de Estado, y fuerte contendiente presidencial si lo decide, comentó en su más reciente autobiografía que le había sugerido al presidente Barack Obama eliminar el embargo hacia Cuba. Además el aspirante a gobernador demócrata de la Florida Charlie Crist, ha hecho un anuncio sin precedente en más de cinco décadas: encabezar una delegación comercial a la vecina Cuba. La visita había sido prevista a realizarse en los meses de verano en plena campaña electoral. Sin embargo, luego anunció que esta nunca se haría antes de las elecciones estatales. No obstante, siguió acaparando titulares al realizar un llamado en el corazón de La Pequeña Habana para el restablecimiento de las relaciones Cuba-EEUU. Varios aspectos lo han llevado a tomar este tipo de decisiones: las más recientes encuestas en la Florida avalan la aprobación del público para mejorar las relaciones con La Habana, las declaraciones de “Alfy” Fanjul, y el empresario inmobiliario Jorge Pérez sobre la posibilidad de invertir en Cuba, además que busca una imagen de pragmático de cara a los comerciantes floridanos y ávido de reimpulsar la economía estatal.
Recientemente se ha difundido por los medios de prensa una encuesta realizada por el Adrienne Arsht Latin America Center of the Atlantic Council donde una mayoría de encuestados apoya una normalización de las relaciones con Cuba. La encuesta ha revelado que el 63 % de los floridanos apoyan el comienzo de estas relaciones, frente a un 30 % que se opone. Sin embargo, la sorpresa ha sido que 8 de cada 10 residentes de origen cubano en el estado por primera vez apoyan esta normalización. Esta nueva encuesta le da un fuerte impulso a Crist, luego de haber empezado la campaña con el llamado a levantar el embargo contra Cuba. Por ello no es de extrañar que Crist se vuelque de a lleno para obtener el voto cubano del sur de la Florida.

Por otra parte, a principios de este año “Alfy” Fanjul y Jorge Pérez, dos tradicionales opositores del gobierno cubano, declararon mantener intenciones de estrechar lazos con la Isla. Algo que sería profundamente beneficioso para ambos teniendo en cuenta la larga tradición cañera en Cuba y el creciente interés de compañías inmobiliarias por desarrollar grandes proyectos en el litoral norte del país. Incluso, Fanjul declaró en entrevista con The Washington Post que ya había realizado varias visitas a Cuba. Ambos empresarios de origen cubano, son conocidas figuras con fuertes conexiones en Washington y cercanos a la familia Clinton y otras figuras demócratas.

En semanas pasadas fue publicado un artículo de opinión firmado por William K. Reilly, exdirector de la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos y por Bob Graham, exgobernador y exsenador por Florida, en el cual ambos exhortan a la administración actual a un levantamiento parcial, al menos, del embargo contra Cuba a fin de establecer un mecanismo para proveer a Cuba de recursos y capacitación que permitan operaciones seguras de las plataformas petroleras y la participación de equipos norteamericanos para el manejo de catástrofes que eviten otro desastre como el Deepwater Horizons en el mismo Golfo, que tomó varias semanas controlar totalmente el vertido de crudo al mar. Recuérdese que se acaba de aprobar en La Habana un convenio sobre manejo de desastres por los visitantes rusos con el gobierno cubano, o sea, que los rusos tomaron la delantera.

Tampoco puede olvidarse la reciente visita a Cuba del presidente y director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, Thomas J. Donohue, al frente de una delegación comercial junto al presidente de la junta de directores, Steve Van Andel, también chairman de Amway Corp. y Marcel Smits, director financiero de Cargill Corporation, la primera desde hace 15 años. En este viaje los empresarios se reunieron con jóvenes emprendedores, cooperativas privadas, funcionarios gubernamentales —incluyendo al propio Raúl Castro—, académicos y líderes religiosos, entre otros. Finalizando con una conferencia de Donohue en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.
Con esta pujanza entre antiguos aliados y rivales, y los ojos puestos en esa pequeña isla, que por azares del destino parece juega a ser nuevamente como una balanza entre grandes superpotencias, Cuba tendrá que repensar su política exterior para el próximo decenio. En una etapa en la cual probablemente se tensarán aún más las relaciones Este-Oeste, Cuba tendrá el reto de navegar por estas aguas, sabiendo mantener sus intereses entre ambas orillas y con la posibilidad de contar con nuevos timoneles, con el desafío de tomar por primera vez sus propias decisiones sin la guía de una generación que se ha llamado histórica.

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