Lo que trae el barco Chino y Ruso

Cuba, el capitalismo de vuelta a casa 

Agarren Mínimo que esto es lo que hay y esto es lo que viene.
Si no hay primero una Constituyente con Elecciones democráticas y Libres”

A lo largo de la historia humana los proyectos de sociedades ideales basados en el colectivismo comunal o estatal han fracasado todos sin excepción, debido a que niegan la naturaleza humana. Lejos de impulsar el desarrollo y el bienestar de la gente, lo frenan.

Y es lógico. Si en un grupo humano los más talentosos, productivos y esforzados tienen que sostener con el fruto de sus innovaciones, su abnegación y su trabajo “fuera de serie” a los menos capaces y los que no se esfuerzan mucho, no hay incentivo para seguir poniendo ese “extra” ingenioso y eficiente. Y ese “extra” fue el que edificó el mundo moderno que hoy conocemos, y que no existiría de haber tenido éxito la República colectivista que propuso Platón hace 25 siglos.

Por eso esta medida del gobierno raulista de regresar al 12 de marzo de 1968 (antes de la “ofensiva” fatal) como hecho positivo se queda a mitad del camino. Y allí estará mientras la propiedad continúe siendo estatal.

Lo malsano del caso es que la cúpula dictatorial castrista está convencida de que la restauración de la economía de mercado será realidad en Cuba, pero quiere que sean los nuevos “burgueses revolucionarios” quienes controlen el poder económico y político, las fuerzas militares y represivas. En ese proyecto no hay espacio para la gente común.

Todos sabemos que eso será imposible y que el capitalismo “normal” tarde o temprano se impondrá en la isla. Pero la mafia cívico-militar que se apresta a relevar a la actual gerontocracia en el poder pretende monopolizarlo y servir en la mesa una hibridación de capitalismo de Estado con rasgos fascistas, chinos y de la Rusia postsoviética.

De controlar finalmente el país esa oligarquía cívico-militar no se va a culpar a los Castro y a los históricos de la Sierra Maestra por el cataclismo social, económico y humano causado en la mayor de las Antillas, ni se va a reconocer que la revolución socialista cubana fue la expresión caribeña de la Gran Estafa, la monumental denuncia del sistema comunista que a mediados del siglo XX hizo Eudocio Ravines.

Así ha sido en China. Casi 40 años después de la muerte de Mao Tse Tung, su foto gigante sigue dominando la colosal Plaza Tianamen en Beijing. El “Gran Timonel” aún no ha sido responsabilizado por la muerte de 65 millones de chinos, entre fusilados y muertos de inanición por la colectivización forzosa de las tierras.

No obstante, para decirlo a la manera de Galileo, eppur si muove. La decisión de dejar en manos privadas la gestión de los restaurantes y cafeterías se inscribe en el inevitable proceso de regreso de la sociedad cubana al capitalismo. Eso ya no puede ser detenido. Lo que pasa es que se trata de un camino “largo y tortuoso”, como bien decían los polacos.