2 Enfoques sobre un Tema. Iniciativa para cambiar la Constitución

Iniciativa para cambiar la constitución cubana busca recoger 100.000 firmas – Noticias – Cuba – Cuba Encuentro.

1er Enfoque:

Una nueva iniciativa busca recoger al menos 100.000 firmas, para solicitar cambios en la constitución o redactar una nueva.

Con este objetivo, un total de 314 “Mesas de Iniciativa Constitucional”, con 2.400 participantes sesionaron el fin de semana en Cuba.

La iniciativa forma parte de un proyecto para construir un consenso entre los actores políticos y de la sociedad civil, dentro y fuera de la Isla, acerca de una nueva propuesta constitucional.

La campaña, que comprende a grupos opositores en la Isla y el exterior, se lanzó en febrero pasado, con actividades en Cuba, Estados Unidos (Miami y Nueva Jersey), Puerto Rico y España, según el sitio en internet Infobae.

Según las leyes cubanas, se puede solicitar al Parlamento que considere una reforma constitucional con el respaldo de las firmas legalmente acreditadas de 10.000 ciudadanos.

Los debates de la denominada Hoja de Ruta Constitucional, impulsada por el opositor Manuel Cuesta Morúa, están acompañados por una recolección de firmas dentro del proyecto Asamblea Constituyente Ahora.

Morúa, quien es líder del movimiento Arco Progresista y actualmente está bajo una medida cautelar, informó al diario El Nuevo Herald que las discusiones se centraron en buscar un consenso sobre si se debe reformar la constitución actual, recuperar la Constitución de 1940 o crear una nueva carta magna.

Aunque las 72 organizaciones que suscriben actualmente esta hoja de ruta son en su mayoría opositoras, en Cuba y en el exilio, de acuerdo a la información de El Nuevo Herald.

Morúa afirmó el martes que “la idea es que el proceso esté abierto a todos los ciudadanos. Se trata de lograr una mayor legitimidad con la participación de ciudadanos que no están vinculados con la oposición. Esta no es una discusión entre grupos opositores y esta primera actividad así lo demostró”.

El opositor puntualizó que entre los 2.400 participantes se encontraban muchas personas que no eran opositoras o activistas pues las mesas debían justamente “abrir la discusión a la ciudadanía en sus comunidades”, según El Nuevo Herald.

En mayo del 2002, el opositor Movimiento Cristiano Liberación, que encabezaba Oswaldo Payá (fallecido en 2012), presentó una iniciativa similar denominada “Proyecto Varela”, que fue rechazada por el Parlamento.

En respuesta, el Parlamento cubano aprobó una modificación constitucional que consagró al régimen socialista como “irrevocable”, señala en su página Infobae.

Sin embargo, Morúa confía en que a diferencia de los años 90, “la necesidad de cambio es compartida por la mayoría de la población cubana. Nosotros no queremos quedarnos con las 10.000 firmas mínimas que requiere la constitución cubana para pedir cambios sino que queremos generar un movimiento y una cifra crítica de presión para que las autoridades no puedan engavetar la propuesta”.

Armando Chaguaceda, politólogo cubano residente en México, cree que esta iniciativa tiene pocas posibilidades legales de éxito aunque sí constituye una buena estrategia política pues “recupera el tema legal y de derechos de la ciudadanía; apelar al derecho, aunque sea al que está vigente, es altamente subversivo en un contexto como el cubano. Por otra parte, recupera la idea de convivencia entre los cubanos”, de acuerdo a la información aparecida en El Nuevo Herald.

Morúa admitió en la fecha del lanzamiento, a la prensa internacional acreditada en la Isla, que su campaña “va a ser apoyada política, social y financieramente por organizaciones no gubernamentales extranjeras”, pero afirmó que no hay ningún gobierno que la financie, según Infobae.

Morúa informó que en julio próximo se realizará un evento similar a las “Mesas de Iniciativa Constitucional” en Miami, agregó El Nuevo Herald.

 

2do Enfoque:

http://jovencuba.com/2014/06/04/cuba-en-transito-conversacion-con-el-sociologo-cubano-juan-valdes-paz/

 

Una comisión del gobierno estudia una propuesta de modelo económico a implementar después del 2015, de cuyas características no existe hasta el momento conocimiento público. Se ha sugerido que, en alguna medida, las reformas económicas en curso preconizan dicho modelo. Como mencioné, acerca de dicho modelo existe un creciente debate en la sociedad. Pero como ya se había advertido, las reformas en curso impondrán una definición más amplia del modelo de transición socialista que lo contiene o fundamenta; al respecto, ya el Presidente Raúl Castro planteó en su discurso por el LV aniversario del triunfo de la Revolución la necesidad de elaborar “una creativa conceptualización del socialismo posible en las condiciones de Cuba…” Por otra parte, tanto el modelo económico como el del socialismo cubano reclamarán una importante reforma constitucional, cosa ya asumida oficialmente. Algo previsible y en mi opinión muy importante, es que tanto la formulación de los nuevos modelos como la reforma constitucional darán lugar a respectivos escenarios de intensa lucha ideológica entre las distintas corrientes políticas internas.

El régimen cubano enfrenta la oposición política e ideológica de personas, grupos y gobiernos, particularmente el de EE.UU. Esta oposición se ubica doctrinalmente desde el neoliberalismo hasta una cierta socialdemocracia, pasando por todos sus matices. Un aspecto compartido por todos ellos, aunque con diferentes argumentos, es su anticomunismo. Aunque esta es fundamentalmente una oposición externa, también tiene alguna representación interna.

Del lado del régimen socialista “realmente existente” en Cuba hay también personas y grupos con posiciones críticas, algunas de los cuales le pasan por la izquierda y otras por la derecha. Doctrinalmente, estas corrientes se ubican desde posiciones libertarias hasta socialdemócratas de izquierda, pasando por el guevarismo, el fidelismo y el sovietismo. La prioridad absoluta atribuida a la unidad política de las fuerzas de la revolución ha propiciado una cultura, un estilo y una práctica políticos –tanto en el Partido dirigente como en la sociedad– que lleva a “opinar de la manera adecuada, en el momento oportuno y en el lugar conveniente”. Ello hace que la crítica sea un insumo de poco peso en el diseño e implementación de las políticas.

Por otra parte, en cuanto a los contenidos de esas críticas, estas abarcan desde políticas en curso o en proyecto, hasta el modelo mismo de transición socialista.

Transición socialista… ¿Cuáles son los modelos sobre los que se discute?

Oficialmente existen sendas comisiones de Partido y Gobierno que estudian propuestas del “modelo económico, del “modelo socialista” y de la “reforma constitucional”. Siguiendo la práctica establecida, cuando estas propuestas se consideren acabadas se someterán a la consulta de algunas instituciones y de la opinión pública. En ambos momentos influyen e influirán las corrientes de pensamiento más o menos afines a los modelos “socialistas” – soviéticos, chino-vietnamitas, socialdemócratas y también a las experiencias de los gobiernos populares latinoamericanos– sin que ninguna de éstas se adecue a las condiciones de la Revolución Cubana ni a su historia. De manera que los dirigentes y el pueblo cubano tendrán que ser eclécticos y creadores de un modelo propio alrededor del cual se construya el consenso nacional.

Dejando a un lado el desafortunado uso del término disidencia para denominar la oposición a los regímenes establecidos, independientemente de su legitimidad y reconocimiento popular, en el caso cubano habría que distinguir la oposición ideológica y programática que existe independientemente de intereses foráneos, de aquella vinculada de manera directa o indirecta a la política de otras potencias, principalmente de EEUU. En mi opinión, ambas oposiciones son minoritarias y disponen de escasa legitimidad.

Más preocupante para la hegemonía de la Revolución es el estrechamiento de su base de apoyo popular activo en la medida que se prolonga el período de recuperación económica y social del país, las reformas en curso no concluyen y la sucesión política generacional se dilata.

Mi vinculación a medio siglo de la Revolución cubana me hace más optimista que pesimista, pero uno u otro estado de ánimo no me impiden ver los enormes desafíos presentes y futuros que ella deberá enfrentar. Los pesimistas suelen compartir el criterio de que la Revolución concluyó con su primer ciclo de transformaciones estructurales más o menos a mediados de los años setenta; desde entonces reproduce su propio régimen. Los optimistas retienen la visión de que mientras los “objetivos históricos” del proyecto nacional y socialista cubano no se hayan alcanzado, la Revolución estará inconclusa y su proyecto vigente. Obviamente, aquí se introduce el problema de la interpretación que cada generación hará de tales objetivos y de las vías para alcanzarlo. Pero en el escenario histórico actual la continuidad de la Revolución aparece vinculada a la existencia de un poder soberano y popular, a la legitimidad del régimen y a la hegemonía cultural alcanzada por éste, en la cual se incluyen los “tres miedos”, a saber: miedo a perder la soberanía nacional; miedo a perder las conquistas de la revolución; y miedo al capitalismo que visiblemente nos tocaría, sea este a la “mexicana” o a la “dominicana”.

la región latinoamericana y caribeña ha transitado hacia una posición más independiente, antiimperialista y de mayor desarrollo autónomo; para Cuba esta es una oportunidad extraordinaria para una mayor concertación política e integración. Sin embargo, si agrupamos los países de la región por su progresismo y posición frente a EEUU, podemos distinguir tres ejes en los que se alinean: países con gobiernos populares, como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros; países con posiciones moderadas o centristas, como Brasil, Argentina, Uruguay, los países caribeños y otros; y países con posiciones más cercanas al neoliberalismo y con alianzas más estrechas con EEUU, como Chile, Colombia, Perú, México, Costa Rica y otros.

¿Y cómo enfoca Cuba sus relaciones con esos tres distintos ejes?

Cuba proyecta su política exterior tratando de, por un lado, fortalecer la concertación entre los países de los ejes centrista y popular y, por el otro, de concertar a todos los países en el marco de los esquemas de integración y de concertación política vigentes que son transversales a estos ejes. Con esta política, Cuba propicia la acumulación de fuerzas en la región para sostener agendas compartidas y contribuye a la definición de una agenda común que exprese los intereses estratégicos de la región. En esta proyección, los Gobiernos de turno en cada país son factores más o menos favorables a los intereses comunes pero la fuerza de la posición cubana estriba en el fundamento invariable de sus relaciones interestatales y en la defensa de tales intereses estratégicos.

No obstante esta visión de conjunto, es evidente que Cuba concede a los países del eje radical, en su mayor número integrado en el esquema del ALBA, una importancia mayor, en la medida que sostienen agendas más independientes y hasta contrapuestas a EEUU, y que promueven formas más avanzadas de integración económica y de concertación política en la región.

(Tomado de La Ventana)