¿Corrupción en Cuba? | AJC

¿Corrupción en Cuba? | Asociación Jurídica Cubana.

¿Corrupción en Cuba?

1 Eliocer CutiñoLic. Eliocer Cutiño

Aplauden esfuerzos cubanos en lucha contra la corrupción: “…el director de la subdivisión de Lucha contra la Corrupción y de Delitos Económicos de Naciones Unidas, Dimitri Vlassis, elogió en La Habana los esfuerzos de Cuba en el enfrentamiento de ese flagelo” y la VIII Comprobación Nacional al Control Interno, estructurada con carácter preventivo y educativo, supervisara 309 entidades en todo el país, donde más del 70 por ciento pertenecen al sector agroalimentario.

Estas noticias formaron parte de la primera plana de la prensa digital cubana al cierre del 2013.

El ciudadano común se pregunta: ¿A qué casos de corrupción se refieren? ¿Si se llego a supervisar más del 70 % del sector agroalimentario, por qué la producción y distribución de alimentos sigue tan mal?

La verdad es que la prensa y la literatura accesible sobre corrupción en nuestro país se refiere, casi exclusivamente, a la que existe en el capitalismo y a la que surgió en los países ex-socialistas al desmoronarse el sistema. Desconocemos si se han realizado estudios sobre la corrupción en Cuba, pero en cualquier caso no se han divulgado sus resultados, lo que dificulta la investigación.

Como excepción, cabe citar las Causas 1 y 2 de 1989, (Caso Ochoa-de la Guardia), cuyo juicio fue trasmitido íntegramente por la televisión y anteriormente, los casos de Diocles Torralba y Luis Orlando Domínguez, también divulgados públicamente por la prensa.

Pero la divulgación de los casos de corrupción se aboca a una disyuntiva difícil. Por un lado, da criterios y argumentos diversos, fuera y dentro del país. Por el otro, no divulgarlos crea sensación de impunidad; y debilita tanto o más el prestigio y la credibilidad de las autoridades que informarlos, junto con las sanciones adoptadas.

En muchos casos, los cuadros corruptos han nacido o se han formado después de 1959, de modo que no se trata de una “herencia” o lacra del pasado. Hay que buscar sus orígenes y desarrollo en fenómenos presentes en nuestra sociedad. Muchos tienen una trayectoria destacada como “revolucionarios”, lo que significa que los organismos políticos y de control y prevención no han podido detectar a tiempo las deformaciones durante su vida laboral. Para ello, hay que esclarecer primero su esencia, el concepto mismo de “corrupción” que no está del todo definido.

Por otro lado, en nuestro país ni el Código Penal ni la doctrina penal definen ni mencionan la corrupción, es decir, no existe como concepto penal. No obstante, figuran una serie de delitos económicos (concepto tampoco definido penalmente) “asociados a la corrupción”, lo que indica una insuficiencia definitoria de los instrumentos legales.

Pero las actividades corruptas, por muy sigilosas que sean, trascienden, y a la larga son conocidas por una parte considerable de la población. Esto provoca irritación, como si los corruptos actuaran libremente, elemento que merece una atención especial, porque afecta el prestigio y la credibilidad de cualquier gobierno. Al adoptarse medidas que, por lo general, se consideran benevolentes, se suscitan estados de opinión negativos, especialmente cuando no se está lo suficientemente informado.

La corrupción no puede ser considerada como un asunto meramente punitivo, sino como un serio problema socio-político, y como tal, debe ser enfrentado.