EL MARIEL NUNCA DEJÓ DE SORPRENDERME

EL MARIEL NUNCA DEJÓ DE SORPRENDERME
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Para la juventud cubana que no conoció la barbarie de los dias previos y durante las jornadas de la salida masiva y popular por el Mariel (esa que hoy quieren hacerla Area de Desarrollo Especial) y el empeño del Gobierno de hacer ver a los mejores hijos de Cuba como escoria y gusanos. El Fascismo de Hitler se quedó pequeño en aquellas tristes jornadas. Hoy esos dirigentes siguen en el Poder , el pueblo “indignado” pasa hambre en Cuba, añora irse del país o muchos viven en el extranjero, con ese tremendo cargo de conciencia Nacional. Los que vivimos en el ´80 la represión y los Actos de Repudio contra simples ciudadanos que lo único que querian era abandonar el pais y el sistema pilítico-económico con el cual no compartian, sabemos muy bien lo que puede pasar en las calles de Cuba ante una estampida popular por cansancio y agotamiento popular, pues los perros de castro siempre están entrenados y dispuesto a morder al prójimo hasta hacerles perder la vida como sucedió en esta historia real en Cárdenas Matanzas, con Amarando Fernández un ciudadano cubano más!! o la de Miguelón el flaco grande, chofer de Alquiler que corrió todo Quemado de guines con sus Represores que le tiraban huevos, y al final los puso a todos a tomar ron en el bar de la salida para el Central Panchito (Tronco Palma). Otras historias fueron mucho más crueles y abusivas, incluso con violaciones de domicilio y con niños como victimas de la Represión Totalitaria. Mientras la policia y el PCC quien era el que mandaba a ostigar y reprimir se hacian los de la vista gorda. Hoy quieren que el pueblo confie en ellos!!! Yo en aquella época terminaba el pre-universitario y me preparaba para entrar a la universidad, lleno de sueños e ilusiones, pero lo que ví me impactó para toda la vida y supe apreciar la esencia del sistema, aunque conviví con ella. Por lo tanto me siento un pecador!!

A. Boente
Una típica escena represiva y violadora de los DD.HH de aquel triste 1980, descrita en su Libro por Martín Guevara, el sobrino del Ché.
Una tarde (…), se acercó una comitiva formada por vecinos de los edificios de al lado. Acudían al nuestro a informarle al presidente del CDR que los del cuarto piso, una familia de cuatro personas, tenían pedida la salida para Estados Unidos y que de un momento a otro llegarían, así tenían tiempo de prepararles el recibimiento.

A las dos horas llegó un patrullero conduciendo a los cuatro vecinos. Él era marinero, la esposa ama de casa, el niño y la niña eran pioneros, como todos los críos. Ni bien cerró la puerta el coche de la policía y empezaron a caminar por el pasillo hasta su escalera, salió un grupo de militantes que los estaban esperando detrás de una escalera, y comenzaron a gritarles a voz en cuello, todo tipo de insultos, como escoria, homosexuales, prostitutas, y gusanos, se gritaba más que nunca: ¡Pim Pom Fuera, Abajo la gusanera! alternándolo con: ¡Fidel, seguro, al gusano dale duro! (…) …pude ver la cara de miedo en los rostros de nuestros vecinos, de los niños que hasta el día anterior jugaban allí mismo protegidos por ese mismo CDR. (…) …cuando ya estaban cerca la muchedumbre comenzó a asestarles golpes, los primeros con las manos abiertas, a modo de bofetadas, sobre la cara, la nuca, la espalda, y entonces el bravo revolucionario policía que vivía en nuestro edificio, le dio en la cabeza con una porra de goma al hombre, (…) le agarré la mano a la niña y no dejé de mirarla diciéndole que no pasaba nada, que se calmase, y en eso Jesús, uno de los muchachos mayores, (que) había estado en todo tipo de reformatorios, (se) acercó a la multitud acalorada y violenta, y les dijo con voz tranquila y profunda, pero determinada: ¡Caballero dejen el abuso, esa gente tienen niños! Y de un hábil salto se interpuso entre el teniente de policía, y el matrimonio, momento que los cuatro aprovecharon para subir raudos las escaleras (…). Sólo entonces solté la mano de la niña que aún estaba ataviada con el uniforme de pionera, con el que cada mañana debía jurar por el comunismo, que sería como mi tío.

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Lo que no puede negar todo el que vivió esos años, es que todo el tiempo, en todos los barrios, con la aquiescencia de las autoridades, esas golpizas, humillaciones y abusos, eran tan generalizados que parecían una catarsis colectiva, como si castigaran al que se atrevió a hacer lo que colectivamente en el inconsciente, deseaban casi todos: pirarse al norte.

EL MARIEL.
Amaranto Fernández.
Escrito por Roberto Luque Escalona.
Les cuento esto para hacerles comprender que, con semejante interés por los nombres peculiares, no es de extrañar que yo recuerde a alguien llamado Amaranto. Amaranto Fernández, que sólo usaba su nombre de pila. Se trata (se trataba, diría Quintín Banderas) de un músico de Cárdenas que había alcanzado cierto renombre a finales de los años 70’. Su big band, una de las pocas que quedaban en Cuba, sonaba bien, a pesar de que Amaranto se había dejado arrastrar por la nuevo ritmo manía con el “nuevo ritmo” taco-taco, una de esas papa-rruchas musicales nacidas en la prolongada estela del mambo y el chachachá.
En eso sucedió lo de El Mariel con sus “actos de repudio”, las multitudinarias agresiones contra gente indefensa en las que decenas de miles de cubanos exhibieron su insondable hijeputez. Se dijo que entre los “repudiados” estaba Amaranto y que el repudio de que había sido objeto estaba entre los más violentos y crueles de aquella muestra nacional de violencia y crueldad; tanto, que los comentarios sobre lo sucedido alcanzaron a llegar a La Habana, por supuesto, de boca en boca, pues la prensa, la radio y la televisión nada publicaron sobre esa o alguna otra salvajada.
Nunca volví a saber de Amaranto. Supuse que estaba entre los 125 000 fugitivos que habían cruzado el Estrecho de la Florida en aquellas terribles semanas de 1980. Cuando llegué aquí, doce años después, pregunté por él, pero parecía como si la única memoria en la que tuviese cabida el músico de Cárdenas fuese la mía.
No era así. En Mi vida saxual, la autobiografía de Paquito D’Rivera, como una nota siniestra, aparecía el testimonio de Marcos Miranda sobre la suerte de Amaranto. Sobre la muerte, que muerto estaba.
“Le partieron los dos brazos, le pusieron sobre su cabeza uno de esos tanques que se usan para la basura y lo pasearon por todo el pueblo golpeando el tanque. Cuando se cansaron de golpearlo y humillarlo lo dejaron tirado en un basurero. El pobre negro pianista murió de un ataque cardiaco”.
Me pregunto cuántos de aquellos que asesinaron a Amaranto estarán aquí. Me pregunto también si semejante morralla merece vivir bajo un sistema democrático. Aquí o allá. Ahora o en el futuro.