La creación y evolución del bien y del mal, parte I
El desconocimiento de nuestros antepasados les impidió comprender los efectos más comunes que se generan durante el proceso de rotación y traslación de la Tierra, y mucho más aún cuando se desataban las fuerzas de la naturaleza. Su incomprensión o ignorancia de los diferentes hechos extraordinarios que se manifestaban en ella, llegaron a perturbarlos de tal manera que se acobardaban ante las consecuencias generadas por esos fenómenos, llegando a ser eso lo que les permitió a los hombres más astutos e imaginativos de los clanes, emitir una serie de opiniones disparatadas por no tomarse el tiempo para obtener la información necesaria que les permitiera darse cuenta de la realidad.
Todo esto se debió, porque inicialmente le prestó atención a las consecuencias de esos eventos que los afectaban emocionalmente de manera desagradable. Esta situación los llevó a imaginar lo primero que se les ocurría sobre esos acontecimientos que les causaban aflicciones, y como sus estados de consciencia eran tan pobres como para permitirles comprender sus causas, el miedo se fue apoderando lentamente de ellos hasta llegar a aterrorizarse, cuando vislumbraban algunos síntomas que anunciaban la proximidad de esos eventos, o al momento de manifestarse.
Nadie llegó a percatarse que las conclusiones a las que llegaron aquellas personas, le trajeron resultados nefastos al resto de la humanidad, desde el principio hasta nuestros días, porque esas eventualidades fueron vistas como algo totalmente sobrenatural o misterioso. Pese a percibir a diario la salida y la puesta del sol, no supo por qué su medio ambiente se alumbraba o ennegrecía, menos aún por qué se presentaban las estaciones del año.
La presencia de la luz y la oscuridad fue aprovechado por los brujos o sacerdotes para intimidar a sus miedosos compañeros, y gracias al mezquino comportamiento de estos personajes, se llegó a crear la mítica fábula que más daño nos ha causado, porque el orden que lamentablemente establecieron esos marrulleros en la superficie de nuestro planeta, desde el Neolítico o un poco antes, fue sustentado en esa absurda invención humana, que todavía les sigue causando terror a las personas de nuestro tiempo, me refiero al bien y el mal.
Esta patraña ideada por aquellos astutos individuos de la Edad de Piedra que hablaron de unos seres superiores a los humanos, los cuales desataban las diferentes situaciones que los llegaban a amilanar, fue concebida de la manera más infantil que usted jamás llegaría imaginar. Pero las acciones de intimidación producidas por los charlatanes de esa época y los que los reemplazaron, para aprovecharse de la candidez de sus coterráneos, ha sido lo que ha mantenido vigente todo este embrollo formado por los ancestros de los primeros parásitos sociales.
La farsa del bien y el mal surgió en los cerebros de estos individuos de la siguiente manera. En el pasado remoto, cuando despuntaba el alba y comenzaban a aparecer los primeros rayos del Sol, como muestra del nacimiento de un nuevo día, las personas se sentían tranquilas porque la luz iluminaba el entorno donde se desenvolvían, permitiéndoles realizar cómodamente su diaria faena para cubrir sus necesidades físicas más elementales, las únicas que conocían en esa época.
Durante las horas que su medio ambiente se mantenía iluminado, los integrantes de esos grupos familiares podían realizar las actividades que les eran placenteras, cazaban, pescaban, recolectaban algunos frutos y semillas, compartían con los otros miembros de la comunidad y hasta se apareaban como el resto de los animales de hábitos diurnos. Ante la presencia de la luz todo era placentero, advertía la presencia de cualquier cosa física que amenazara su seguridad, tomaba las previsiones del caso para mantenerse a salvo y sufrir menos accidentes, e igualmente pudo conocer parte de la fauna.
Cuando comenzaba a ocultarse el astro rey en el horizonte, poco a poco esa misma parte del planeta era cubierta por la oscuridad, todos observaban como un manto invisible que no podían explicar de dónde salía, cubría los alrededores, hasta llegar el momento de no permitirles distinguir los acontecimientos suscitados a una distancia mayor a la de sus narices, a pesar de percibir distintos sonidos, los cuales indicaban la presencia de algunos especímenes con los que estaban bastante familiarizados, pero también escuchaban muchos ruidos desconocidos.
Los acontecimientos nocturnos los llevaron a intranquilizarse ante la tenebrosidad, y permitieron que el miedo volviese a hacer de las suyas, porque las cercanías de sus improvisados e inseguros refugios funcionaban como los teatros donde actuaban esos enigmáticos actores, que eran capaces de generar directa e indirectamente una atmósfera aterradora con sus movimientos. Al volver a hacer su aparición el Sol para iluminarlo todo nuevamente, apreciaba las consecuencias de las acciones de esos seres que brotaban de las tinieblas, y jamás se manifestaban ante la presencia de la luz.
Esa situación también fue aprovechada de manera astuta por aquellos individuos que fueron los precursores de quienes se hicieron llamar más tarde brujos, sacerdotes o chamanes de los clanes, para darle rienda suelta a su charlatanería, pues, ya venían hablando de las entidades superiores a los humanos, las deidades o divinidades, que según ellos eran los encargados de regir los fenómenos naturales, los elementos (tierra, fuego, aire y agua), o eran protectores de ciertos lugares como las márgenes de los ríos, las montañas, los desiertos, los bosques, etc.
Nuestros antepasados opinaban que todo lo acontecido durante las oscuras noches era desagradable, porque tanto los animales como los árboles eran atacados por esos seres desconocidos, dejando ver al siguiente día cadáveres, flores y frutos marchitos, cerca de donde se escuchaban los sonidos que los estremecían. En otras oportunidades, hasta ellos mismos eran atacados por esos escurridizos y tenebrosos enemigos emergidos de las tinieblas, a los que finalmente llegaron a identificar con el nombre de Demonios.
Pese al terror sentido hacia las tinieblas y todo lo que se movilizaba durante la noche, pudieron atrapar algunos murciélagos cuando salían en busca de comida de las oscuras cavernas, y como los quirópteros presentaban características nunca antes vistas por ellos en los otros animales a los que estaban acostumbrados, dejaron que su imaginación hiciese de las suyas, siendo así como los individuos de hábitos nocturnos, con capacidad para volar o no, vinieron a representar para esta gente temerosa a las entidades del mal.
Con el paso del tiempo, aquellos astutos personajes que sólo pensaron en sacarle provecho a sus propios artificios, quienes se habían acostumbrado a darles explicaciones al resto de los integrantes de sus grupos para demostrarles su erudición, llegaron a una infantil conclusión sobre aquellos acontecimientos que terminaban causándoles desagrado y les resultaban totalmente imposibles de explicar. Los calificaron de malos y procedentes de la oscuridad más profunda.
Fue su absoluta falta de conocimiento o ignorancia de la realidad, lo que los llevó a manifestar con la mayor desfachatez, que todas estas cosas eran generadas por esos otros seres productos de su imaginación, los demonios. Luego manifestaron que esas entidades malévolas no actuaban por cuenta propia como hacían ver al principio, sino que estaban subordinados a las deidades o seres de las alturas, y se encargaban de desatar toda su furia contra quienes desobedecieran los mandatos de sus jefes.
Finalizando el Mesolítico los habitantes de las tribus comenzaron a abandonar la vida nómada, y para esos tiempos ya el Sol o la luz eran presentados por los embaucadores que decían ofrendar a las deidades, como la representación de lo agradable o el bien, mientras que a la tenebrosidad en cualquiera de sus dimensiones, la mostraban como la residencia del mal. Al desatarse la noche, los demonios salían de sus moradas para cometer todo tipo de fechorías, atacando indiscriminadamente a las personas y sus propiedades, aunque tampoco se les escapaban los animales.
Durante esos tiempos fue cuando los charlatanes comenzaron a dar pasos agigantados para embaucar a los más cándidos, aliándose con sus primeros socios para darles escarmientos a quienes no se sometieran con la debida docilidad a sus opiniones. Las pérfidas actuaciones de sus compinches se las presentaban estos marrulleros a los otros integrantes del clan, como los castigos que les proporcionaban los demonios por no aceptar sus opiniones, después se esmeraron en hablar de la desobediencia, presentándola como el primer pecado cometido por la humanidad, “El Pecado Original”.
Sustentándose en aquella errónea interpretación de los charlatanes del Mesolítico, fue como sus descendientes terminaron creando en sus mentes febriles, las primeras leyendas que se sustentaron en el bien y el mal, pero las invenciones de estos personajes que exigían ofrendas para las deidades no terminaron ahí, sino que les sirvieron de incentivo a las generaciones siguientes para que les dieran rienda suelta a su imaginación. Así fue como los sacerdotes de la ciudad de Eridú inventaron las fábulas sobre las contiendas celestiales y la fabricación de dos humanos con un barro formado con sangre y polvo de la Tierra.
Años después aparecerían entre muchas otras leyendas las siguientes que fueron plagiadas por los hebreos: 1) El ataque de los demonios del viento contra Adapa (el hombre confeccionado por Enki o Ea), mientras se encontraba dentro de su barca realizando labores de pesca. 2) El Poema épico de Gilgamesh o Gilgamés, donde se menciona el árbol cuyos frutos proporcionaban la vida eterna y a una astuta serpiente. 3) El diluvio enviado por Enlil para destruir a la humanidad por ruidosa y desobediente, donde se vio envuelto un personaje llamado Ziusudra o Utnapishtim como actor principal.
Todas esas fábulas clericales aparecidas en las ciudades más antiguas, fueron recopiladas cuando se organizaron las más grandes empresas dedicadas a engañar a los incautos, las religiones, y quienes estuvieron al frente de cada una de esas sociedades mercantiles en el pasado, generaron miles o millones de muertes para mantener vigentes a muchos de esos viejos dogmas que fueron adaptados en cada pueblo. Pero ahora que estamos en pleno siglo XXI, los jerarcas de las religiones actuales siguen valiéndose de barrabasadas mucho más elaboradas, con el propósito de impedirles a sus seguidores conocer la realidad sobre el bien y el mal, esa rancia creencia surgida por ignorancia y miedo.
Cuando los hombres tomen consciencia del verdadero significado de esta creación sacerdotal de la Edad de Piedra, y el resto de los otros dogmas implantados para apuntalarlo, comenzarán a ver todas estas cosas desde una nueva óptica, por haber comprendido des, los seres del bien o de las alturas? ¿Tenía conocimiento que los sumerios fueron los primeros en plantear, durante el Neolítico, que el bien y el mal eran dos principios exactamente iguales en magnitud, pero antagónicos, llamados Apsu y Tiamat, los cuales se juntaron para dar origen a sus tres dioses primigenios (Anú o An, Enki o Ea y Enlil) y el resto de lo existente en el universo? Continuará…
En el próximo trabajo les hablaré de “El control del fuego”.
“CONOCE LA VERDAD Y ESTA TE HARA LIBBRE”