Manual para construir una Balsa Scout

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Manual para realizar una balsa scout
Alejandro Pérez Grupo 23 Mérida, Yucatán, Marzo 2009

1. Introducción:
Este manual es el resultado de las sugerencias para la mejor realización de la
actividad de Balseada en la Semana Scout 2009 de Yucatán y va dirigido a todos los jefes
(as) de tropa scout ya sea que hayan construido una balsa o no con anterioridad.

La balsa scout que nos servirá para este tipo de competencias (balseada) se puede definir como una embarcación pequeña de forma plana hecha con  bajareques unidos
fuertemente entre ellos, utilizando recamaras de autobús como medio de flotación.

Con esta pequeña definición espero aterrizar un poco la idea del tipo de balsa que se
desea construir, ya que la palabra balsa es bastante amplia y por lo general la primera
idea que tenemos es de maderas unidas entre sí navegando por un calmado rio.

2. Materiales:
2.1. Materiales permitidos

A continuación se explica los materiales permitidos para construir la balsa.
• Bajareques o palos
El primer material son los atados de bajareques o palos, dependiendo del diseño de la
balsa es el número de palos que se van a necesitar,  por lo general un atado trae
aproximadamente 10 palos de poco más de 2mts de longitud. Para un diseño cuadrado
básico de balsa se necesitan 6 palos por lo que un atado es suficiente para hacer este
tipo básico de balsa. Se recomienda que los bajareques tengan las puntas cortadas para
que no representen peligro para las recamaras de otras balsas.

• Mecahilo o hilo de mecate
El mecahilo es la cuerda, hilo o cordón con el que se amarran los palos y las recamaras
para que queden firmes. Usualmente se vende en las tlapalerías por bolas de una hebra y
de dos hebras. Las bolas de dos hebras son más gruesas y al momento de tesar con
fuerza un amarre no se rompe, pero se necesita más fuerza para que quede debidamente apretado. Se recomienda no usar hilo de rafia por ser muy poco resistente y por correr el riesgo de mangarse.

• Recamaras de autobús o tráiler.
Las recamaras son  la parte medular de la balsa ya que son lo que nos mantendrá flotando. Las recamaras que se necesitan para una balsa deben ser de autobús o tráiler debido al tamaño, una balsa de diseño cuadrado puede llevar 4 recamaras grandes y fácilmente puede sostener de 4 a 6 niños(as) de 40kg aprox.

2.2. Materiales y modificaciones no permitidos:

Hay materiales que usualmente no se permiten en las competencias de balsas
(balseadas) por ser más difíciles de conseguir y por representar una clara ventaja para los equipos que los consigan. Se debe checar en el reglamento de la competencia para saber si estos materiales o modificaciones están permitidos, recuerda que de no especificar si el material está permitido no quiere decir que se pueda usar, lo correcto es contactar con los organizadores del evento y despejar dudas que puedan llevar a descalificaciones posteriores.

• Bamboo
Usar bamboo en vez de palos o bajareques no es permitido debido a que el bamboo tiene
un factor de flotabilidad mucho mayor que los palos normales. En adición este material al
mojarse es propenso a quebrarse y doblarse corriendo el riesgo de hundirse.

• Vulcanizar recamaras para convertirlas en “salchichas”
Una modificación posible a las recamaras es cortarlas a la mitad para que en vez de tener una forma de dona tengamos una forma de salchicha. Esta modificación se lleva a cabo parchando los dos extremos de la recamará para que solo quede una larga recamara. No es permitido debido a la ventaja en velocidad que representa para los equipos que las tengan. De igual manera no es permitida esta modificación debido a la dificultad y el costo de hacer esto, sin mencionar que si no funciona se pierde una recamara.

• Clavos y tornillos
No es permitido unir y sostener los palos con tornillos o con clavos debido a que el crear
la balsa sirve como un proceso de aprendizaje para los scouts, en dicho proceso se
fomenta la adquisición de nuevos conocimientos, el examen de conocimientos anteriores
adquiridos y la transmisión de conocimientos. El usar herramientas como clavos o tornillos haría que todo el conocimiento en cabuyería no se dé.

• Velas
No está permitido utilizar velas o cualquier objeto que utilice la fuerza del viento para
ayudar a la balsa a desplazarse ya que la única forma permitida de desplazamiento es
remar.

2.3. Materiales de seguridad

• Chalecos saraviadas

Es necesario que todos los participantes lleven en la balsa sus dispositivos personales de
flotación, estos pueden ser comprados o fabricados. En el caso de que sean comprados
es necesario ver que no le quede grande al muchacho/a ya que en caso de caer al agua
es posible que al quedarle grande se le salga o no le provea de la protección necesaria.

Asi mismo el chaleco tampoco debe ser demasiado pequeño para quien lo use ya que
puede no proveer la flotabilidad necesaria. Acerca de este mismo termino los chalecos
fabricados por uno mismo deben proveer la flotabilidad necesaria para permanecer en el
agua en tiempo suficiente para ser asistido. No todos los reglamentos permiten chalecos
fabricados por uno mismo, debido a esto es necesario consultar el reglamento de la
Balsa de bamboo y recamaras vulcanizadas como salchichas, este tipo de balsas son rápidas y livianas pero no están permitidas por representar una gran ventaja sobre quien no puede conseguir dichos materiales.competencia a la que se quiera asistir y en su caso hablar con los organizadores del evento.

3. Nudos y amarres
Antes de realizar la balsa se debe de aprender y practicar unos cuantos nudos y amarres
necesarios para la construcción de la misma. En este apartado se explica cómo hacer los nudos y amarres que nos servirán al momento de hacer la balsa. Las palabras que se han subrayado  son debido a que su definición aparece más adelante del escrito o unos
párrafos antes.

3.1. Nudos

Vuelta de ballestrinque:
Se utiliza para hacer firme un cabo, especialmente si ni va a sufrir tirones fuertes. Se comienza dando una  vuelta alrededor del objeto a donde se asegura, mordiéndolo por encima y dando una segunda vueltaque de nuevo es mordida al pasar el chicote por debajo.

Palabras que es bueno conocer su significado.
CABO: cualquier cuerda.
CHICOTE: extremo o punta de todo cabo.
VUELTA: amarradura de un cabo a un objeto, para asegurar el cabo o para mover o
suspender el objeto. Las voces de vuelta y nudo no son siempre fáciles de distinguir.

3.2. Amarres
Se utiliza para unir dos maderos, que, por las fuerzas que soportan tenderán a deslizarse uno del otro. Una vez presentados los maderos en su posición definitiva, se hace firme el

AMARRE CUADRADO: cabo en uno de ellos, por medio de uno llano o de una vuelta de dos cotes. Si el llano se azoca en mal sentido, se convertirá por sí solo en un Dos  Cotes que no reviste mayor importancia. Dejar un chicote lo suficientemente largo para poder finalizar el amarre. Una vez hecho firme el  cabo, éste se pasa por debajo de otro madero, por encima del siguiente, y así sucesivamente dos o tres veces completas. Terminadas estas vueltas completas, se varía el sentido de las mismas, de forma que ahora la misma cuerda aprieta la  ligadura anterior. Resta unir el  chicote por medio de un  nudo con el  chicote inicial debajo y el amarre queda concluido.Palabras que es bueno conocer lo que significan:

CABO: cualquier cuerda.
VUELTA: amarradura de un cabo a un objeto, para asegurar el cabo o para mover o
suspender el objeto. Las voces de vuelta y nudo no son siempre fáciles de distinguir.
COTE: vuelta que se forma pasando el chicote de un cabo alrededor del firme y por
detrás del seno.
AZOCAR: apretar bien un nudo o una vuelta.
CHICOTE: extremo o punta de todo cabo.
AMARRE: también llamado trinca.
LIGADA: conjunto de vueltas de un cabo delgado para unir dos cabos o el chicote de uno
en determinado punto del mismo o en otro sitio.
NUDO: lazo hecho de tal modo que cuanto más se tira de sus chicotes, más se aprieta o
cierra.
SENO: arco formado por el cabo, ya sea al trabajar o cuando se hace un nudo.
FIRME: resto del cabo respecto a uno de sus chicotes.
GAZA: lazo, ojo, círculo u óvalo que se forma en un cabo doblándolo y uniéndolo con una
costura o ligada.

Para unir dos piezas de madera que, por los esfuerzos a que se verán sometidas, tenderán a separarse. Se inicia colocando ambos maderos por el centro de la cruz, con un llano, si pueden presentarse juntas. En otro caso es mejor comenzar con Dos

AMARRE DIAGONAL:
Cotes pues así se puede ir azocando desde el primer momento. Luego se continúa dando otras dos vueltas por el mismo lugar, antes de cambiar su sentido. Ahora se dan otras tres vueltas por los otros ángulos del cruce y es el momento de iniciar las vueltas de freno, antes de terminar con un llano efectuando con el cabo sobrante y el chicote inicial que se dejó al efecto.

AMARRE PARALELO:

Es muy similar al redondo, pero se ponen unas cuñas para separar ambas
piezas. Estas cuñas no son siempre necesarias ya que a veces las propias
rugosidades y nudos de las piezas dejan suficiente hueco. El amarre se
efectuará siguiendo las pautas del redondo hasta introducir parte del
firme bajo las vueltas del amarre. Hecho esto, se introduce el cabo sobrante
entre ambas piezas y se dan dos o tres vueltas de freno azocando mucho,
para terminar uniendo los chicotes con un llano.

AMARRE REDONDO:

Una vez presentadas las piezas, se toma el cabo y se extiende con un seno, algo más largo que la longitud que pensemos dar al amarre en sí. Hecho esto, se pasa el firme sobre el chicote y se sigue envolviendo y azocando. Cuando se han dado las vueltas que se consideran suficientes, se pasa el chicote por el extremo del seno, que ahora asomará a modo de gaza, de forma que se introduzca dicha gaza y parte del firme bajo las vueltas del amarre. Sin azocar demasiado para no deformar el amarre se unen ambos chicotes por encima con un llano.

4. Diseño de la balsa

La balsa puede hacerse de variadas formas, las más comunes son la cuadrada y la triangular, también puede haber otro tipo de diseños como balsas en forma de cruz o con diseños personales y con partes intercaladas, es decir que el largo de la balsa no es el mismo que el de los bajareques. En este manual se explicará cómo hacer la balsa cuadrada y la balsa triangular.

4.1. Balsa cuadrada
Para hacer esta balsa de debe hacer un cuadrado con los bajareques:
Una vez delineado el cuadrado hay que medir que las recamaras quepan en el armazón:
Si el largo no es correcto se debe cambiar tantas veces sea necesario. Una vez que el
largo sea correcto se colocan dos bajareques más para que sea fácil amarrar las
recamaras:Una vez que quedemos satisfechos con el diseño de la balsa quitamos las recamaras y comenzamos a amarrar los bajareques de las esquinas con amarres cuadrados.  Es necesario mojar el mecahilo antes de hacer cualquier amarre en la balsa
Si se desea más estabilidad se puede amarrar dos bajareques en forma de equis atreves
de la balsa. También se pueden amarrar estos dos bajareques en vez de los que sirven
solamente para las recamaras y al amarrar las recamaras se ajustan fuertemente a los
bajareques en forma de equis. En caso de amarrar estos dos últimos bajareques es
necesario utilizar el amarre diagonal. esto es debido a que al mojarse se expande un poco y si se hacen los amarres con el mecahilo seco cuando la balsa entre al agua se aflojarán.

Una vez que se ha amarrado la balsa se procede a atar las recamaras al armazón, si se
desea antes de colocar las recamaras se pueden amarrar palos cortados que sirvan como ayudas para tener a donde amarrar las recamaras.Una vez que se tiene el armazón de la balsa se colocan las recamaras Y de esta forma tenemos nuestra balsa cuadrada, los diseños que se pueden hacer con el espaciado de bajareques, tejidos a realizarse etc. son variado.

De esta forma se elabora una balsa cuadrada, pero no ahondamos en dos aspectos: el amarrado de las recamaras y los tejidos.

4.2. Amarrado de recamaras
Para amarrar una recamara se necesitan al menos dos personas, una que se siente
encima de ella y otra que la amarre. El primer paso es parar la recamara y sentarse en
ella para que quede aplastada, como se parecía en la siguente figura:
Una vez que una persona está sentada en la recamara otra la amarra de tal modo que
quede “aplastada”, al final la recamara debe quedar amarrada y aplastada para que se
desplace mejor en el agua sin frenar la balsa. La siguiente imagen muestra una recamara
ya “aplastada”:

4.3. Tejidos
En las balsas se pueden practicar varios tejidos que se hacen a menudo en construcciones scouts como en mesas, trípodes, alacenas etc. Estos tejidos nos pueden
servir en una balsa para colocar cosas que no se quieren que se mojen, o para que
personas que no estén remando se sienten. A continuación se muestra un ejemplo de
tejido en balsa.

4.4. Balsa triangular
Esta balsa es un poco más compleja de armar que la cuadrada ya que la mayoría de los
amarres necesarios son poligonales y hay menor espacio de donde amarrar las recamaras.

Se inicia construyendo un triangulo con bajareques, después de lo cual se colocan 3 recamaras para probar el tamaño de las mismas con respecto a los bajareques Una vez satisfechos con el largo se puede comenzar a amarrar los  bajareques con amarres diagonales, terminado el armazón se pueden colocar si se desea dos bajareques más para tener una ayuda al amarrar las recamaras.Al amarrar las recamaras quedará un espacio en el medio que puede ser utilizado para hacer un tejido y ahí colocar las cosas de la tripulación.

5. Transporte
Como apartado especial se ha agregado el transporte de la balsa ya que esto hay que
tenerlo en mente al escoger el lugar donde se va a armar la balsa. La forma más sencilla
de transportarla es en una camioneta, no cabrá en la cama así que es necesario amarrarla a los costados del vehículo y ver que no se dañen las recamaras ni que se aflojen los nudos (también hay que tener cuidado en no rayar el vehículo). La balsa puede ser transportada en otros vehículos, no solo en camionetas, también es necesario tener seguridad en la carretera y ver que todo este amarrado y en su lugar.

NE.

La Madre de las Balsas La Kon Tiki

Resumen de Amarres

Amarre Redondo
Se utiliza para amarrar dos postes de modo que uno sea una “extensión” del otro, para hacer un asta bandera, por ejemplo. Se comienza con un ballestrinque y se da vueltas a la cuerda alrededor de los dos postes como muestra la figura. Se “ahorca” el amarre y se asegura con otro ballestrinque. Igualmente es necesario apretar cada vuelta del amarre para darle mayor solidez. Un buen truco para que los mástiles queden mucho más sólidos es unirlos con dos amarres redondos pequeños, uno arriba y otro abajo (ver figura).

Amarre Diagonal
Este amarre es usado para unir dos postes que no van a quedar perpendiculares el uno del otro. Se comienza con una vuelta de braza alrededor de ambos postes y se le da vuelta a la cuerda como se muestra. Se “ahorca” el amarre y se asegura ya sea con un ballestrinque o con otra vuelta de braza. Usándolo en combinación con el amarre cuadrado permite la construcción de estructuras muy sólidas.

Amarre Cuadrado
Este amarre es utilizado para unir dos postes, de manera que queden perpendiculares el uno del otro. Se comienza haciendo un ballestrinque en uno de los postes y se le da vuelta a la cuerda como muestran las figuras. Se “ahorca” el amarre y se asegura con un ballestrinque. Es muy importante apretar lo más posible cada vuelta del amarre para darle solidez. Se pueden formar distintas estructuras utilizando varios amarres cuadrados, o en combinación con otros tipos de amarres.

Amarre en Ocho
Permite unir varios troncos uno junto a otro. Es utilizado para hacer balsas, mesas y bases para campamentos elevados, por ejemplo. Se inicia con un ballestrinque y se da vueltas a la cuerda en forma de ocho (por arriba y por abajo) alrededor de los troncos. Luego, se “ahorca” el amarre en cada juntura (cuando son muchos troncos, es conveniente usar una cuerda para cada “ahorcado”). Se termina el amarre con un ballestrinque. Para que las bases así armadas sean más sólidas, es conveniente amarrarlas por ambos extremos, así como montarlas sobre troncos colocados perpendicularmente cerca de los extremos (ver figura).

Alondra
Permite unir una cuerda a un poste a una argolla. Es un nudo fácil de hacer y deshacer, es resistente a la tensión. Se puede utilizar para colgar pesos de ramas de árboles o para arrastrar troncos por medio de cuerdas.
Nudo cuadrado
Permite unir dos cuerdas, de modo que queden en ángulo recto una con respecto a la otra. También puede utilizarse como un nudo decorativo en la elaboración de tejidos
Nudo diamante
Un nudo decorativo muy común (se utiliza normalmente en las Insignias de Madera). Se elabora un nudo de ajuste doble de manera que las puntas queden opuestas una de la otra. Luego, se pasan éstas por en medio del nudo como muestra la figura y se aprieta. Este nudo puede usarse también como remate de una cuerda trenzada.
Nudo Middleman
Se utiliza para hacer gazas que no se deslizan en la parte media de una cuerda. Muy útil, por ejemplo, para las cordadas de alpinistas. Se hacen dos presillas encontradas; se coloca la de la derecha por encima de la izquierda y la presilla que queda abajo (ver figuras) se pasa por en medio de ambas. Ésta última es la que forma la gaza.
Nudo del vagabundo
Este nudo sirve para hacer una gaza que no se corre en cualquier parte de una cuerda. Consiste en formar una presilla y con ésta elaborar un Nudo en Forma de Ocho.
Piña
Es un nudo terminal, útil para rematar cuerdas de tres o cuatro cordones. Se hace una presilla con cada cordón, y se pasa la punta de cada uno por debajo de la presilla adyacente (ver figura). La característica de las piñas es que los cordones salen siempre hacia arriba.
Nudo Margarita
Empleo: Es un nudo de gran utilidad en los casos en que los cabos estén ocupados y tu desees acortar la soga, o para evitar la tensión en una parte de la soga que amenaza romperse, tiene el inconveniente de que solo resiste tracciones constantes.
Vuelta de braza
Para hacer firme y también leñador, para tirar y arrastrar.
 

La expedición de la Kon-Tiki

Historias de la Ciencia | La expedición de la Kon-Tiki.

La expedición de la Kon-Tiki

Publicado el 17 de diciembre de 2007 en Libros por omalaled
Tiempo aproximado de lectura: 10 minutos y 59 segundos
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Hace años hice un viaje a Noruega donde supe de la existencia de Thor Heyerdahl, el autor del libro que hoy os presento. El guía dijo que era conocido en todo el mundo, menos en España. Y la verdad es que si lo conozco y he leído este libro es gracias a aquel viaje.

 

Thor Heyerdahl fue un explorador noruego que estudió Biología y Geografía en la Universidad de Oslo, especializándose en antropología de la Polinesia.

Cuando Jakob Roggeveen descubrió la isla de Pascua en 1722 se sorprendió al ver hombres blancos de entre los que salieron a recibirle a la playa. En la Polinesia, la historia se confundía con la religión. Siguió la pista de sus antepasados hasta Tiki, del que decían era hijo del Sol. Casi sin excepción en todas las islas, los hombres ilustrados podían enumerar el nombre de sus jefes hasta el primer desembarco y para memorizarlos utilizaban un complicado sistema de nudos hechos en cuerdas retorcidas. Todo esto no dejaría de ser una anécdota, salvo que los incas en el Perú lo hacían igual.

Thor Heyerdahl, fue profundizando en la cultura, mitología y lenguajes del Perú y descubrió que en una leyenda se hablaba del Rey-Sol Virakocha y que el nombre original era Kon-Tiki o Illa-Tiki que quería decir Sol-Tiki o Fuego-Tiki, extraordinariamente parecido a la Polinesia. Afirmaba que los monolitos hallados en la isla de Pascua se parecían mucho a los hallazgos encontrados en Sudamérica.

La conclusión que extrajo de todo esto es que, antiguamente, algunos habitantes del Perú se habían instalado en aquellas islas. Pero hay un pequeño problema: ambas zonas están separadas en la actualidad por unos 8.000 km de Océano Pacífico. ¿Era posible que hubiera habido algún tipo de puente o camino que hoy no existiera? Pues no. Los zoólogos dijeron que el estudio de insectos y caracoles encontrados en los Mares del Sur y en el Perú concluía que eran totalmente diferentes. Ambas zonas habían estado separadas durante toda la historia. ¿De dónde podían haber venido entonces los descendientes de esos hombres? ¿Podían venir acaso del Perú?

Plano de la Polinesia

En aquella época sólo existían balsas. Entonces, ¿era posible atravesar en una balsa el Pacífico hasta llegar a la Polinesia?

Heyerdahl se propuso demostrar que sí. Para ello, tenía que construir una balsa y reclutar una serie de personas que no conocía ni se conocían de nada. Escogió gente de lo más curiosa. Uno de ellos, incluso, dejó su trabajo para embarcarse; otro de ellos sabía todo sobre transmisores, pues había estado enviando mensajes desde Noruega durante la guerra; en fin, todo personajes que hoy llamaríamos “frikis”.

Se instaló en el Hogar de los Marineros Noruegos y aprendió de ellos que el oleaje y la mar gruesa no aumentan ni con la profundidad ni con la distancia a la costa; que en alta mar los barcos tienden a cabecear, pero que los pequeños bailan libremente en las olas sucesivas como las gaviotas. Habló con marineros que habían salvado sus vidas en pequeños botes después de un naufragio.

Construyeron la balsa con madera de un árbol llamado precisamente “balsa”. Es una madera que crece en el Perú y que cuando se seca es más liviana que el corcho. Tomaron doce enormes troncos de balsa y los transportaron hasta el lugar donde debía construirse la balsa. Habló con el entonces presidente del Perú, José Luis Pablo Bustamante y Rivero, y le pidió permiso para construir su balsa dentro de la Estación Naval de su país.

Para su construcción utilizaron materiales de la época. No se utilizó ni un solo clavo o alambre y todo fue atado con cabos de cáñamo. No pusieron baranda y el estilo fue de la época a excepción de unos tablones rompeolas en proa que más tarde se demostraron completamente innecesarios. Los técnicos navales no podían creérselo, incluso un almirante les dijo que no tenían ninguna posibilidad. Le preguntaron si tenía parientes vivos y, para mayor ánimo, le hicieron firmar un papel conforme liberaba a la Marina de toda responsabilidad.

Foto de la Kon-Tiki

Con gente como ésta, las situaciones cómicas se dan en cualquier momento, y más cuando son sinceros. Al pasar por la oficina de pasaportes uno de los compañeros de Heyerdahl que había recogido los troncos de balsa y los había llevado por el río tuvo una de esas situaciones:

– ¿Cómo se llama?
- Bengt Emmerick Danielsson.
- ¿En qué barco llegó al Perú?
- Verá usted … yo no he venido en barco, sino en canoa.
- Y ¿en qué barco va a salir del Perú?
- Bueno, el caso es … No voy a salir del Perú en barco, sino en balsa.
- ¡Qué me va usted a contar! – gritó el empleado con cólera tirando la hoja de papel de la máquina – ¿Tiene la bondad de contestar correctamente a mis preguntas?

En 1947, Heyerdahl y cinco compañeros zarparon del Callao y se dispusieron a cruzar los 8.000 km de mar que separan América de la Polinesia. Una balsa no se puede gobernar, sino que está a merced del viento, así que tomaron la corriente de Humboldt. A partir de aquí, el libro narra las peripecias sucedidas durante todo el viaje y cómo la experiencia les enseñó cosas que no hubieran podido imaginar. Los que tengan espíritu aventurero o sean apasionados del mar harán sus delicias del relato.

Como siempre, la filosofía sale en estas situaciones:

El mar contiene muchas sorpresas para quien tiene el piso a nivel de superficie y va navegando lenta y silenciosamente. Un cazador que se abra camino a través de la maleza en la floresta, puede regresar y decir que no se ve ninguna pieza. Otro, en cambio, si se sienta a esperar en un tronco, es posible que pronto comience a oír rumores y crujidos de hojas y ramas, y a ver asomarse ojos curiosos. Así es también el mar. Generalmente lo cruzamos con rugientes motores y golpes de pistón, levantando olas de espuma con la proa. Luego regresamos diciendo que no hay nada que ver en el océano.

Y es que el mar es un maestro que puede enseñar muchas cosas. Las provisiones que habían guardado en cajas de cartón recubiertas de una gruesa capa de asfalto resistieron perfectamente, mientras que las modernas latas herméticamente selladas cedieron por infiltración del agua salada. Aunque, en realidad, las provisiones no hubieran hecho falta.

Uno de los problemas en alta mar, a priori, es conseguir comida. El propio mar les dio de comer: los peces voladores se estrellaban contra la balsa y caían en ella. A veces, incluso, llegaban a chocar con ellos (y se enfadaban porque no iban directamente a la sartén). O bien se los comían, o bien los utilizaban como cebo para capturar otros peces más grandes. De hecho, fue raro el día que no encontraron peces voladores u otras especies que quedaron encima de la balsa por un golpe de mar.

El otro problema era conseguir agua. A los dos meses de viaje el agua que habían cargado se les había vuelto rancia. Ese problema quedaba resuelto por la lluvia. En los días muy calurosos, añadían al agua de lluvia entre un 20% y un 40% de agua de mar; pues no es líquido lo que necesita el cuerpo, sino las sales que pierde a través de la transpiración. Se entregaba cada día un litro de agua a cada hombre. Por si no fuera suficiente, los antiguos navegantes ya sabían chupar la linfa del pescado para calmar la sed, cosa que muchos náufragos también habían redescubierto durante la Primera Guerra Mundial.

Tuvieron todo tipo de aventuras, desde el encuentro con un tiburón ballena hasta peces que parecían de aguas profundas. Despertaron a Bengt para enseñarle uno de ellos y dijo: “No; peces como ése no existen”, se giró y se volvió a dormir. Habían sido los primeros en ver un ejemplar vivo de Gempylus serpens (este mismo Bengt se dedicó a leer durante el viaje los 73 libros de sociología que llevó consigo).

Otra cosa que les sucedió es ver pulpitos a bordo. Resulta que chupaban el agua por un tubo situado a lo largo de su cuerpo y luego lo soltaban bruscamente hacia atrás dando saltos enormes y cayendo algunos de ellos en la balsa. Vieron muchos tiburones. Al principio, al avistar uno, todos se alejaban del borde e iban rápidamente a por los arpones poniéndose en guardia. Al final cogerlos por la cola se convirtió en deporte(!). Hasta les acabaron dando sobras y desperdicios de comida.

En una ocasión, un par de ellos se subieron a un bote de caucho (atado con un cabo) y pudieron ver la Kon-Tiki desde la distancia. Se empezaron a reír tanto que as lágrimas les caían por sus barbas. Parecía un granero de Noruega en medio del mar. Por momentos, la Kon-Tiki desaparecía entre el oleaje y de golpe reaparecía en la cresta de la ola. Entonces se dieron cuenta de lo frágiles que eran y les hizo reflexionar sobre la sensación de seguridad que tenían dentro de la caseta: un curioso efecto psicológico.

Algunas veces salíamos también en el botecillo de goma para vernos de noche. Se levantaban por todas partes olas negras como montañas de carbón y una centelleante miríada de estrellas tropicales arrancaba un desmayado reflejo del plancton en el agua. El mundo era simple: estrellas en la oscuridad. Que fuera el año 1947 antes o después de Cristo, pronto careció de significado alguno. Vivíamos y nos sentíamos vivir con vigilante intensidad. Nos dábamos cuenta que para los hombres anteriores a la época de la técnica, la vida también había sido plena e intensa; en realidad, más llena y más rica en muchos aspectos que la vida del hombre moderno. En cierta forma, el tiempo y la evolución habían cesado de existir; todo lo que hoy era real e importante, lo había sido antes y lo seguiría siendo después. Estábamos sumergidos en la absoluta medida común de la historia, oscuridad sin fin e interrumpida bajo un enjambre de estrellas.

Un detalle inesperado del que se dio cuenta es de que existen cocos en la Polinesia: ¿podrían haber ido flotando desde el Perú? La Kon-Tiki les dio la respuesta: los que iban bañados por las olas se habían estropeado; sin embargo, los que iban sin que penetrara el agua, se conservaban perfectamente, así que los cocos no podían viajar solos y flotando a través del mar.

Llevaron un equipo de radioaficionado a bordo. Una noche, la señal fue captada por uno de Los Ángeles que intentaba comunicarse con otro en Suecia. Preguntó qué clase de aparato tenían, quién era y dónde vivía. Es bastante increíble si te dicen que vives en una balsa en medio del Pacífico, ¿verdad? Al final, lograron convencerle dándole detalles. Los pusieron en contacto con el jefe del Servicio Meteorológico de los EEUU, pues de esos sitios no existían informes meteorológicos ni estadísticas. Contactaron también con otro que vivía en las afueras de Oslo, cosa que sorprende si se tiene en cuenta que era un transmisor de 13 MHz que no podía producir más de 6 vatios de potencia. Hasta hablaron con el rey Haakon al que felicitaron desde la balsa por su cumpleaños.

Como los negativos de las fotos que hacían se estaban revelando mal pidieron consejo a sus nuevos amigos. La señal fue captada por uno aficionado a Holliwood, quien telefoneó a un laboratorio y obtuvo la respuesta. Tenían que enfriarlos, cosa harto compleja en medio del Pacífico cerca del Ecuador; pero Herman era ingeniero especializado en refrigeración, así que el problema quedó resuelto.

Después de 101 días de aventura llegaron al Atolón de Raroia, en el Archipiélago de las Tuamotu. Un día, se estiraron los seis en la arena de una playa. Uno de ellos trepó a un cocotero y bebieron de los cocos que cogió. Bengt dijo:

- El purgatorio estaba un poco húmedo pero el cielo es más o menos como yo me lo había imaginado.

Los polinesios que se encontraron fueron de los más hospitalarios y les ofrecieron todo lo que tenían. El jefe quiso ver el barco en que habían llegado y al ver los troncos de la Kon-Tiki exclamó:

- ¡Eso no es un barco, sino una pae pae!

Pae pae es el nombre que en la isla de Pascua significa balsa o plataforma. A modo de recepción oficial, se reunieron y les cantaron … ¡la Marsellesa! Nuestros héroes pudieron salvar a un niño nativo enfermo gracias a que pudieron ponerse en contacto con un médico y explicarle los síntomas y los medicamentos que llevaban (que incluía penicilina). Lo curaron. Los polinesios les dieron a cada uno de ellos nombres de sus dioses del pasado.

Para finalizar, acabo con el párrafo con el que empieza este libro, que ha sido traducido a no menos de 66 idiomas, y que lo resume de un modo magistral:

A veces nos encontramos en situaciones raras, sin saber cómo. Nos metemos en ellas paso a paso y del modo más natural, hasta que de súbito, cuando ya estamos enzarzados, el corazón nos da un vuelco y nos preguntamos cómo diablos pudo ocurrir aquello.

(Notas añadidas posteriormente a la lectura del libro)

No sé si las teorías actuales coinciden con lo que nuestro héroe pensaba, pero demostró técnicamente su posibilidad. Sea como sea, lo que sí está claro es que incrementó el interés por la historia antigua. Hizo otros viajes de los que intentaré documentarme para comentaros en otras historias. En los años 90 se interesó en las pirámides de piedra de las islas Canarias, fijó su residencia en Tenerife y fue uno de los grandes impulsores del Parque etnográfico de las pirámides de Güímar, situado al sur de la isla, que se inauguró en 1998. Thor Heyerdahl murió en 2002 víctima de un cáncer a los 87 años. Un asteroide recibió su apellido.

En cierta ocasión dijo:

Si me hubieran preguntado a los 17 años de edad si viajaría en el mar en una balsa, hubiera negado absolutamente esa posibilidad. A esa edad, sufría de fobia al agua.

Puede que eso mismo pensara su nieto, Olav Heyerdahl, quien el año 2006 y con 28 años volvía a repetir la experiencia de su abuelo. Animado por su padre (Thor Heyerdahl Jr., biólogo marino y oceanógrafo) partió de nuevo el mismo día y también desde el Callao pero exactamente 59 años después. Esta vez el viaje duró 85 días y fue en una Kon-Tiki mejorada que tenía por nombre Tangaroa.

Foto de la Tangaroa

Tres días después de regresar a Noruega fue al Museo Kon-Tiki de Oslo a contemplar la balsa de su abuelo.

Una familia de lo más aventurera, sin duda.

Portada del libro

Título: “La expedición de la Kon-Tiki”
Autor: Thor Heyerdahl

Otras opiniones sobre el libro:
http://www.grijalvo.com/articulos/k_heyerdahl_kon_tiki.htm

Un fragmento del libro:
http://www.elnavegante.com.mx/rev05/thor_heyerdahl.html

Más sobre Thor Heyerdahl:
http://www.playasperu.com/articulos/Heyerdahl.htm
http://www.turismoaventura.com/comunidad/contenidos/actualidad/act14.shtml
http://www.nuestromar.org/noticias/mar_calmo052006_del_peru_a_la_polinesia_en_balsa_y_por_un_sueno
http://www.terra.com/noticias/articulo/html/act473017.htm

Entrevista al hijo de Thor Heyerdahl (y padre de Olav)
http://www.enigmasperu.org/articulo.php?id=123

 

La expedición de la Kon-Tiki, por Thor Heyerdahl

Juan Manuel Grijalvo – La expedición de la Kon-Tiki, por Thor Heyerdahl.

Juan Manuel Grijalvo – Thor Heyerdahl – La expedición de la “Kon Tiki”

Kon-Tiki

Dedicado a M.C. y U.I.B.

Verá usted, uno de mis héroes de toda la vida es Thor Heyerdahl. Nació en Larvik, Noruega, el 6 de octubre de 1914. En 1935 estuvo en Fatu Hiva, una de las islas Marquesas, haciendo investigaciones científicas. Allí vio unas estatuas de piedra, similares a las de América del Sur y la isla de Pascua, y decidió estudiar antropología. Su tesis era que hubo una migración por mar desde el Perú hasta la Polinesia. Con eso se daría razón de una serie de coincidencias lingüísticas y culturales.

Los alemanes invadieron Noruega en 1940. Durante la guerra, Heyerdahl fue paracaidista y conoció a Knut Haugland, un experto en eso que se llama ahora “operaciones especiales”. En otro lugar coincidió con Torstein Raaby, el operador de radio que había enviado partes sobre los movimientos del acorazado “Tirpitz” durante diez meses, conectando su transmisor clandestino… a una antena de los alemanes, ¿cómo si no? Los bombarderos aliados habían conseguido hundirlo gracias a sus informes. Al final de la guerra, Heyerdahl ya había demostrado tener… lo que hay que tener.

Entonces se fue a Nueva York en busca de una editorial para su libro “Polinesia y América. Un estudio sobre relaciones prehistóricas”. Pero nadie le hacía caso. Nos relata el siguiente diálogo con una de las mayores autoridades en la materia:

“- Es verdad que Sudamérica ha sido la sede de algunas de las más extrañas civilizaciones de la antigüedad, y que nosotros no sabemos ni quiénes fueron sus hombres ni por dónde desaparecieron cuando los incas se apoderaron del país; pero sí sabemos una cosa con certeza, y es que ninguno de esos pueblos de Sudamérica llegó a las islas del Pacífico.

Me miró inquisitivamente y continuó:

- ¿Sabe usted por qué? Por una razón muy simple: ¡porque no tenían barcos!

- Tenían balsas – le objeté con cierta vacilación -. ¿Sabe?, balsas de maderos acoplados.

El viejo se sonrió y dijo con toda calma:

- Bueno, si quiere puede intentar un viaje del Perú a las islas del Pacífico en una balsa.

No encontré nada que decirle…”

Entonces se le ocurrió la idea, peregrina en todos los sentidos de la palabra, de construir una, con los materiales y medios técnicos de que podían disponer los habitantes de América del Sur hace un par de miles de años y… hacer la travesía, para demostrar que era factible. Aquella noche se fue a cenar con su amigo Carl. Comentando la conversación en el museo, Heyerdahl le dice:

“Estoy tan seguro de que los indios cruzaron el Pacífico en sus balsas, que ardo en deseos de construir yo mismo una de la misma clase y cruzar el mar, justamente para probar que es posible.

- ¡Está loco! Lo tomó a broma: la idea le divertía y asustaba a la vez. – ¡Está loco! ¿Una balsa?”

Alumbrar una idea, en sí, no tiene ningún mérito. Sin ir más lejos, a usted se le han ocurrido cosas bastante más raras. Pero Heyerdahl se puso a buscar patrocinadores. Según los cálculos de su amigo Wilhelm, la duración del viaje iba de ser de noventa y siete días… si todo marchaba según lo previsto. Así que mejor ir contando con cuatro meses, por lo menos. En un restaurante conoció a un ingeniero noruego, Herman Watzinger, que se apuntó a la cosa de un modo un tanto impulsivo.

Heyerdahl consiguió los patrocinadores y se puso a reclutar el resto de la tripulación. Habían de ser seis, para repartir las guardias en turnos de dos horas. El tercero fue un amigo suyo de la infancia, Erik Hesselberg, que tenía estudios náuticos. Y Heyerdahl se dijo que Knut y Torstein se estarían aburriendo en Noruega. Los invitó a dar una vuelta en balsa por el Pacífico… y los dos aceptaron.

La siguiente etapa del viaje fue ir con Herman al Ecuador a cortar los troncos de balsa en medio de la selva, hacer una almadía con ellos y bajarlos por el río Guayas hasta Guayaquil. De ahí había que llevarlos en barco hasta El Callao, donde Heyerdahl consiguió que le dejasen construir la balsa en el arsenal de la Marina. Eso dice mucho sobre su habilidad para las relaciones públicas…

Aún le faltaba el sexto tripulante. Cierto día, Heyerdahl recortó del periódico una noticia sobre la llegada de una expedición sueco-finlandesa que había remontado el Amazonas en canoa. Uno de sus componentes vino a visitarle y se produjo el diálogo que sigue:

“- Bengt Danielsson – dijo el sujeto, presentándose.

“Ha oído algo sobre la balsa”, pensé, y le invité a sentarse.

- Acabo de oír algo sobre sus planes – dijo el sueco.

“Y ahora viene a echarme abajo la teoría, porque él es un etnólogo”, pensé.

- Y ahora he venido a preguntarle si puedo ir con ustedes en la balsa – dijo el sueco apaciblemente -. Estoy interesado en la teoría de la migración.

Yo no sabía nada de aquel hombre, excepto que era un investigador y que acababa de llegar de las profundidades de la selva. Pero un sueco solitario que tenga ánimos para ir en una balsa con cinco noruegos no puede ser muy remilgado, y la verdad es que ni siquiera su imponente barba bastaba a ocultar su plácida bondad y su natural buen humor”.

En 1947 esto debía tener bastante mérito, porque Noruega se había hecho independiente de Suecia en 1905, después de noventa años de “unión”. Esas cosas suelen dejar, digamos, mal recuerdo.

La balsa se llamó “Kon-Tiki”, el nombre del mítico antepasado de los polinesios que vino del Este.

El 28 de abril de 1947 zarparon por fin de El Callao. Sólo Erik Hesselberg tenía experiencia náutica, pero no en una balsa precolombina, por supuesto. Así que aprendieron a gobernarla… en medio de la corriente de Humboldt, y sin profesor. Eso se hace con una espadilla a popa. Se trata de un remo muy grande, que transmite la fuerza del timonel al agua… y la de los golpes de mar a sus manos, naturalmente. Así que iban con más hematomas que Lucas Grijander. Muchas semanas después de zarpar, descubrieron casualmente que bastaba mover las tablas que llevaban caladas entre los troncos de la balsa, a modo de orzas, para cambiar y mantener el rumbo. Lástima que no lo hubieran sabido antes…

Kon-Tiki

El viaje estuvo repleto de anécdotas. Y es que “el mar contiene muchas sorpresas para quien tiene el piso al nivel de su superficie y va navegando lenta y silenciosamente. Un cazador que se abra camino a través de la maleza en la floresta, puede regresar y decir que no se ve ninguna pieza. Otro, en cambio, si se sienta a esperar en un tronco, es posible que pronto empiece a oír rumores y crujidos de hojas y ramas, y a ver asomarse ojos curiosos. Así es también el mar. Generalmente lo cruzamos con rugientes motores y golpes de pistón, levantando olas de espuma con la proa. Luego regresamos diciendo que no hay nada que ver en el océano”.

Siguen tres ejemplos entre docenas. “En varias ocasiones pasamos deslizándonos sobre grandes masas obscuras…”; “varias veces, cuando el mar estaba en calma, el agua negra alrededor de la balsa se poblaba súbitamente de redondas cabezas de casi un metro de diámetro, que se quedaban quietas mirándonos con sus grandes ojos fosforescentes”; uno de tantos descubrimientos curiosos fue que el Gempylus, un pez abisal, sube hasta la superficie por la noche y, si le parece oportuno, es capaz de saltar fuera del agua. Si quiere saber lo que pasó luego, lea el libro.

A los noventa y siete días llegaron a la isla de Angatau, pero la corriente les impidió tocar tierra. Curiosamente, era el plazo mínimo que había calculado aquel amigo de Heyerdahl sobre una carta náutica…

Cuatro días más tarde, contra todo pronóstico, la “Kon-Tiki” arribó por fin al atolón de Raroia, en el archipiélago de las Tuamotu. Era el 30 de julio de 1947. Después de ciento un días en la “Kon-Tiki”, Heyerdahl registra la agradable sensación de poner los pies en tierra como sigue:

“- El purgatorio estaba un poco húmedo – dijo Bengt -, pero el cielo es más o menos como yo me lo había imaginado.

Confortablemente tendidos en el suelo, sonreímos a las blancas nubes que los vientos alisios llevaban siempre hacia occidente. Ya no seguiríamos más a su merced. Ahora estábamos en una isla firme, inmóvil, en Polinesia. Y mientras yacíamos y nos estirábamos, las rompientes allá fuera seguían con su estruendo como un tren que fuera y viniera, una y otra vez, a lo largo de todo el horizonte. Bengt tenía razón: esto era el paraíso.”

Bengt Danielsson volvió a Raroia en 1949. Puede leer usted la crónica de su estancia en “La isla de la Kon-Tiki”, publicada por la editorial Juventud. No es en absoluto el libro de texto que cabría esperar de un etnólogo.

Para mí, “La expedición de la Kon-Tiki” ha sido siempre una fuente de inspiración. Demuestra que el valor y el espíritu de aventura llevan al éxito en las empresas humanas, por difíciles que parezcan. Y la gran importancia de tener siempre presente que todos vamos en el mismo barco.

Thor Heyerdahl

Por todo lo dicho, y por otras razones, no me ha gustado ni poco ni mucho oír que Thor Heyerdahl ha muerto el 18 de abril de 2002. Tenía 87 años de edad. Ya no podré ir a verlo al Parque de las Pirámides, que está en Güimar, Tenerife. Ni preguntarle dónde estaba la Atlántida. Ni hacerle llegar este artículo. Lo hubiera escrito antes, pero lo que sabía de él es que estaba como una moto, siempre de viaje, haciendo cosas por ahí. Este fin inesperado me ha dado una sorpresa. Y un gran disgusto.

Otros libros de Thor Heyerdahl, publicados en castellano por la editorial Juventud :

- Fatu-Hiva: Retorno a la Naturaleza

- Aku-Aku

- El hombre primitivo y el Océano

- Ra

- La Expedición Tigris

- En busca de los orígenes

Fernando del Alamo – La expedición de la Kon-Tiki…

Las Pirámides de Güimar…

Todos vamos en el mismo barco…