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Cuba: Una relación vital, sufrida y descompensada
Cuba: Una relación vital, sufrida y descompensada
Política | 22/04/2012 – 01:55h
Un pequeño retrato de la Cuba Actual
Flags of Cuba in La Habana Español: Banderas de Cuba ondeando en la tribuna antiimperialista de La Habana (Photo credit: Wikipedia)
Abastecerse en Cuba, la isla de la escasez.
Abastecerse en Cuba, la isla de la escasez
Una compleja red estatal de mercados incluye desde rudimentarios puestos en pesos cubanos hasta tiendas en “divisas”, dignas de grandes economías capitalistas. Comercio en negro y militares, las estrellas del sistema

“Un día te enteras de que han llegado cereales y vas al shopping (mercado) y compras cereales. Otras veces hay queso crema. Cuando nos enteramos de que llegó algo nuevo nos avisamos por teléfono. Por qué un día hay, no lo sabemos. Por qué otro desaparece, tampoco”. Leslin Chávez está jubilada y, como le sucede a buena parte de los cubanos, ocupa la mayor parte de su tiempo en abastecerse.
Comprar un pedazo de carne, un litro de leche o algo tan simple como una pasta de dientes exige en Cuba una dedicación extrema, además de manejar códigos y saberes urbanos que garanticen no tan solo obtener el mejor precio, sino, también, encontrar lo que se desea en la intrincada red de shopping, tiendas, mercados agropecuarios, mercados populares en pesos cubanos o liberados en pesos convertibles (CUC, a razón de uno por dólar) con el que el Gobierno intenta garantizar el abastecimiento.
Son comunes en La Habana las largas filas frente a los llamados mercados en línea, los únicos que aceptan la cartilla oficial de racionamiento. Alguna vez base de la economía hogareña, estas pequeñas libretas otorgan hoy una ración casi testimonial. Cada mes, los cubanos reciben a precios mínimos tres kilos de arroz, dos de frijoles, medio litro de aceite, medio de café, harina, una caja de fósforos, leche en polvo, medio kilo de pollo, huevos y algunas pocas cosas más. Los mercados en línea venden en pesos cubanos, a una paridad de 25 a uno con el CUC. Cuando se agota la tarjeta, la mercadería, de una escasez notable, se vende a precios diferenciados: si un muslo de pollo cuesta 2,85 pesos con la cartilla, el mercado lo vende por fuera de ella a 3,85 pesos.
Se puede tener mejor suerte en los mercados liberados, puestos que no venden la canasta estatal y amplían su oferta a jabón de baño, jabón para la ropa, azúcar refinada y cruda, pasta dental, huevos (a 1,50 pesos cubanos cada uno), además de ron, vino y cerveza. Es en ellos que puede conseguirse, por ejemplo, arroz de Brasil a 5 pesos cubanos, contra 1,90 CUC del español. El problema de los liberados es que la oferta es caótica e inconstante, por vender sólo productos nacionales.
Si la necesidad es de frutas y verduras, se debe acudir a los mercados de oferta y demanda (MOD), donde el precio lo fijan los guajiros (campesinos) según la disponibilidad de productos. Claro que trabajan bajo supervisión del Gobierno. Una opción más económica son los mercados agropecuarios estatales (MAE). A diferencia de los de oferta y demanda, éstos dependen de la provisión oficial y apenas tienen productos. En ocasiones se reducen a un pequeño puesto que vende papas. Sólo hay dos MAE en La Habana bien abastecidos, a cargo del Ejército Juvenil del Trabajo, integrado por soldados.
El feudo militar
Un desafío es comprar carne picada, yogur, queso o algún shampoo para el cabello, el cubano no tiene otra opción que acudir a las tiendas de recuperación de divisas (TRD). Los cubanos las llaman shopping, y es allí donde se ingresa en el mundo del CUC, aquél donde todos los precios deben multiplicarse por 25, y para adquirir cuatro litros de leche se necesita el sueldo de un médico. Las TRD están desde hace 9 meses en manos del ministerio de las Fuerzas Armadas y su grupo empresarial GAVIOTA, que abastece a los grandes hoteles y al Grupo de Administración Empresarial (GAESA), un poderoso holding también militar que opera múltiples negocios en moneda extranjera, entre ellos, el mayor operador de turismo y negocios inmobiliarios, depósitos y tiendas de comercio minorista no alimenticias.
Lo cierto es que en Cuba la gran mayoría de los altos cargos militares son también empresarios, con acceso a negocios de alta rentabilidad vedados al resto de la población. En los TRD, la oferta con respecto a los mercados liberados es infinitamente más amplia, aunque aún dependen del flujo de importaciones. Es así que puede conseguirse pollo argentino, aunque luego sólo vendan carne picada o de cerdo, los artículos de limpieza brillen por su ausencia y sea imposible ampliar la oferta de lácteos frescos más allá del yogur.
En ellos, un kilo de bacalao cuesta 50 CUC (más de tres meses de salario de un maestro de escuela), la langosta se consigue a 23,85 CUC y la carne de res de primera, cuando hay, a 11 CUC. El queso Gouda, importado, cuesta 11 CUC, y el Caribe de fabricación nacional, 3,85. Si la idea es comer chorizo vela español, habrá que desembolsar un salario completo de profesor universitario (16 CUC), o conformarse con uno nacional a 6 CUC. En la isla, el filet de merluza es argentino (8 CUC), y la leche en cartón cuesta 2,59 CUC el litro.
Los valores, con todo, están lejos de mantenerse constantes. Carlos trabaja en un TRD del barrio Vedado y asegura que “los alimentos han subido en promedio un 30% en los últimos tres meses“. Y pone como ejemplo las olivas: las mismas que hoy cuestan 3,45 CUC salían en enero 1,20 CUC.
El sueño capitalista
Pero en Cuba no todo es escasez o productos a cuentagotas. Los llamados Fornos, de la compañía Habaguanex, dependiente de la Oficina del Historiador de la Ciudad, ente encargado de las tareas de reconstrucción de la Habana Vieja, son establecimientos dignos del mundo capitalista. Venden productos de alta calidad, importados y en CUC. Habaguanex, que se jacta de vender mercaderías únicas en el país, controla además 19 hoteles, 39 restaurantes, 56 cafeterías, el parque infantil La Maestranza, la peluquería barbería Ensueño, un gimnasio y más de 200 tiendas.
Habaguanex compite con la Corporación de Exportaciones e Importaciones (CIMEX) por los dólares de los extranjeros y los CUC de la creciente clase media cubana, enriquecida por el mercado del turismo, el alquiler de departamentos o simplemente las remesas de algún pariente exiliado. Depende de los militares y es la mayor corporación comercial de Cuba, con ingresos calculados en 1.000 millones de dólares al año. Administra un banco y una naviera, procesa operaciones con tarjetas de crédito, controla el millonario negocio de las transferencias de remesas, tiene una inmobiliaria y opera la mayor agencia de viajes de Cuba. Además, posee unas 2.500 tiendas minoristas, desde centros comerciales a restaurantes de comida rápida y gasolineras. Concentradas sobre todo en el acomodado barrio de Miramar, ofrecen electrodomésticos y productos electrónicos de última generación y alimentos importados de los Estados Unidos. Un televisor LCD vale allí 900 CUC, y un refrigerador mediano unos 800 CUC. Quien gusta de la cerveza, podrá encontrar hasta 15 marcas diferentes, todas importadas y a precios internacionales. Es el sitio donde el embargo se vuelve una ilusión.
Lo mismo pasa en la cadena de supermercados Palco, perteneciente al Palacio de las Convenciones, y las tiendas Caracol, que bajo el control del grupo GAVIOTA operan en el interior de los hoteles de lujo.
La coexistencia de varios operadores responde a una lógica de competencia entre empresas estatales. Sin embargo, la liquidación en 2009 de la otrora poderosa CUBALSE y su absorción por parte de CIMEX parece indicar que Raúl Castro está decidido a limitar el número de manos que controlan el comercio en CUC, principal fuente de entrada de divisas.
Mercado negro
¿Pueden todos los cubanos abastecerse en estos centros de comercio capitalista? Por supuesto que no. “Dos veces por semana me llama una persona amiga que consigue todo lo que te imaginas del mercado negro. Me dice ‘oye, que me ha entrado leche condensada’. La carne se la compro todita a él. Toda la mercadería la consigue de una empresa del Estado que abastece a restaurantes de lujo. A esos nunca les falta”, explica Leslin.
Lo cierto es que el mercado negro es la gran estrella del sistema de abastecimiento cubano: se nutre en los canales oficiales, vende más barato que las grandes corporaciones estatales y satisface el gusto de una población que ya no desea sólo raciones de arroz y frijoles.
Cuba, paraíso de los gobernantes.
Cuba, paraíso de los gobernantes.
Las noticias procedentes de Cuba son maravillosas. Todo es paz y bienestar. No hay nada que altere los nervios de los gobernantes. Es un país en el que no existen disconformes. No hay opositores revoltosos, ni Congreso pluripartidista, ni molestos sindicatos. Para sus gobernantes, Cuba es propiamente el paraíso socialista reiteradamente prometido por la izquierda radical bolivariana. Seguramente, toda esa belleza fue la que le hizo manifestar a Fernando Lugo cuando visitó la isla que le encantaría que Paraguay fuera como Cuba. “Es un ejemplo a imitar”, dijo, y debe estar siendo muy sincero. Pero no solo Lugo, ¿qué gobernante latinoamericano no estará envidiando a los hermanos Castro y a su paraíso?
En la isla propiedad de los hermanos Castro y el Partido Comunista Cubano, sin rivales desde hace más de cincuenta años, no hay nada que altere los nervios de los gobernantes. No hay opositores revoltosos votando en contra de iniciativas oficiales, ni ejerciendo contralorías, ni denunciando malos manejos administrativos, fraudes o enriquecimiento ilícito. No hay un Congreso pluripartidista, nadie incordia al Ejecutivo con rechazos de proyectos legislativos, o con leyes desfavorables, con interpelaciones a ministros, juicios políticos u otras estupideces neoliberales como esas.
Es un país en el que no existen disconformes. No hay paros ni huelgas, los funcionarios están permanentemente satisfechos con sus condiciones de trabajo; en las calles no se ven marchas de protesta estudiantiles, “cacerolazos” de amas de casa, de campesinos revoltosos o de profesionales disconformes pidiendo aumento de sueldos. Ni siquiera existen molestos sindicatos como la CUT o el CNT, o de esos que exigen tener derecho a hacerse accionistas de empresas estatales como la Dinac, INC, Acepar o Petropar cubanas.
En la isla, los empleados –todos del Estado– de los aeropuertos, de la usina eléctrica, de la petrolera, de los servicios de salud, no tienen necesidad de sindicato; los campesinos no saben ni necesitan de organizaciones del tipo FNC o MCNOC; los estudiantes, siempre satisfechos con el Gobierno, no protestan por nada. Todo funciona a las mil maravillas. No tienen de qué preocuparse, el Estado marxista se encarga de velar por ellos. Es también el Estado, preocupado, el que establece cuál es la función de cada uno en la sociedad, qué se espera de cada quien, qué debe hacer o estudiar y cuánto debe ganar, porque el Estado es el único que sabe cómo aplicar la fórmula maravillosa del catecismo marxista: “de cada quien según su capacidad y a cada quién según su necesidad”.
Para sus gobernantes, Cuba es propiamente el paraíso socialista tan reiteradamente prometido por la izquierda radical bolivariana.
En Cuba es placentero para el espíritu ver y escuchar los noticieros de los medios de comunicación masiva –todos del Gobierno– porque en ellos las informaciones son siempre agradables, positivas, optimistas. Todo comienza y acaba en el momento y lugar establecidos por el Gobierno.
En la isla nadie recibe más alimentos y productos de uso doméstico de los que les asigna la autoridad, entonces nadie necesita protestar públicamente. Naturalmente, es porque del generoso Estado reciben más que suficiente para el bienestar familiar y la prosperidad futura. Para eso tienen una “libreta” de racionamiento con la que van al “almacén” estatal a retirar los comestibles que les asignaron para el mes.
Es comprensible, entonces, que los cubanos no necesiten rezongar ni organizarse para defender ideas o derechos, pues allí los hermanos Castro hacen funcionar el país como un reloj.
Y si algunos cubanos quieren salir de la isla, el Gobierno les pregunta para qué quieren hacerlo, a dónde piensan viajar, con cuánto dinero, a cuáles familiares dejan en la isla. Si las autoridades están satisfechas, les otorgan el permiso; si no, no se lo conceden, pero siempre lo hacen por su bien, para que no gasten innecesariamente dinero en un viaje del que pueden prescindir.
Seguramente, toda esta belleza fue la que le hizo manifestar a Fernando Lugo cuando visitó la isla que le encantaría que Paraguay fuera como Cuba. “Es un ejemplo a imitar”, dijo, y debe estar siendo muy sincero. Imagínense nuestros amables lectores lo feliz que viviría Lugo en un Paraguay sin sindicatos ni gremios de obreros activos y protestatarios, ¡sin partidos opositores!, sin Feprinco, sin Unión Industrial, sin Asociación Rural, sin protestas estudiantiles y de otros grupos sociales, ¡sin indígenas!; sin obstáculos y molestias provenientes del Congreso, con jueces y magistrados “de la casa”, con elecciones decididas de antemano en el partido único, dentro de la línea política única.
Pero no solo Lugo; ¿qué gobernante latinoamericano no estará envidiando a los hermanos Castro y a su paraíso?
Cuba Verdad: Declaración de Principios: Los que nacimos sin horizonte
Cuba Verdad: Declaración de Principios: Los que nacimos sin horizonte.
El escritor Angel Santiesteban está inmerso en un tormentoso proceso judicial que trata de hacerle pagar sus disidencias políticas con 15 años de cárcel por presuntos delitos de violación, robo e intento de asesinato.
El escritor. de 44 años, una de las más prominentes voces de la literatura cubana actual. El cuento de México. En 1995 ganó el Premio de Cuento de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) por su libro Sueño de un día de verano, un conmovedor acercamiento a la guerra de Angola y que no fue publicado hasta 1998. En el 2001 obtuvo el Premio Alejo Carpentier con el volumen de relatos Los hijos que nadie quiso. En el 2006 su libro de cuentos Dichosos los que lloran se agenció el premio Casa de las Américas.
Santiesteban ha enviado a CaféFuerte este testimonio desgarrador y desesperado sobre su calvario habanero por hacer valer sus derechos sin renunciar a un espacio de libertad dentro de la isla.
Empresario cubano en EE.UU. aboga por inversiones de exiliados en la isla
Por Agencia EFE – hace 3 horas
La Habana, 30 may (EFE).- El empresariado cubano en el exterior tiene “mucho que contribuir a la Cuba del futuro” con sus inversiones pero no aceptarían participar en calidad de “extranjeros”, según declaró el titular de una importante compañía de la Florida a la revista católica de la isla Palabra Nueva.
“Se bien el interés que tienen en poder contribuir con su talento y su tesoro para ayudar a una Cuba que prospere y progrese”, manifestó en la entrevista Carlos Saladrigas, presidente del Grupo de Estudios sobre Cuba, y cofundador de The Vincam Gropup, estimada en 1998 como la mayor compañía hispana de los Estados Unidos.
El empresario cubano-americano dijo que a emigrados cubanos que son titulares de compañías en EE.UU. les preocupa “una Cuba donde el capital vuelva a ser mayoritariamente extranjero” y que creen “en la necesidad de crear un capital cubano, criollo”.
“No quiero que se me malentienda. No soy adverso al capital extranjero. Creo que Cuba tiene que aprender a atraerlo y retenerlo. Pero el capital criollo tiene una tasa de reinversión mucho más alta que el extranjero”, agregó.
Señaló que para el empresariado de la diáspora “sería éticamente inaceptable que se le permita invertir en Cuba en calidad de inversor extranjero, si no se les ofrece la misma oportunidad a los cubanos que residen en Cuba”.
“De hecho sería contraproducente”, apuntó.
A su juicio, “los cubanos de la isla conocen a Cuba, los de la diáspora no, o no tan bien. Por lo tanto, muchos empresarios del exilio desearán invertir en Cuba en sociedad con cubanos de la isla que conocen de una forma más íntima las peculiaridades del mercado y la idiosincrasia de la Cuba contemporánea”.
“Invertiremos en Cuba cuando todos los cubanos tengan el mismo derecho, y cuando los cubanos que residan en Cuba puedan libremente ser nuestros socios en la creación de las empresas que tanto Cuba necesita para revitalizar su economía”.
Preguntado si el empresariado cubano radicado en el exterior estaría dispuesto a aceptar las normas que establezca el Gobierno de la isla en el supuesto caso de que en el futuro le permita invertir en negocios en la isla, Saladrigas dijo que “depende de las reglas”.
En ese supuesto, consideró que las reglas tendrán que ser “las universales para atraer capital” y citó un marco legal “claro y no ambiguo”, un sistema judicial “efectivo y justo” para la resolución de disputas, “certeza y no arbitrariedad”, un riesgo político “moderado”, y un clima laboral “justo y equitativo”.
En conclusión, si se dieran esas condiciones, el capital cubano del exterior, al igual que el capital extranjero “fluirá hacia Cuba en grandes cantidades en busca de un rédito competitivo”.
China exporta su modelo comunista. eldiariomontanes.es
China exporta su modelo comunista
El esplendor del Gran Dragón anima a regímenes herméticos como Cuba, Vietnam y Laos a intentar copiar el milagro económico
30.05.11 – 00:03 -ZIGOR ALDAMA | SHANGHAI.
China exporta su modelo comunista
Cuba-USA: diez tiempos de una relación
Cuba-USA: diez tiempos de una relación PDF Imprimir E-mail Relaciones Cuba-EEUULunes, 30 de Mayo de 2011 Gilberto López y Rivas – La Jornada.- El diferendo entre Cuba y Estados Unidos a partir del triunfo revolucionario en la mayor de las Antillas en 1959 es un tema crucial para entender la problemática contemporánea de América Latina. Por ello, es un acierto que Ocean Sur haya publicado recientemente un libro de lectura imprescindible: Cuba-USA: diez tiempos de una relación, escrito por el diplomático, escritor y periodista cubano Ramón Sánchez-Parodi.Parodi participó en 1974 en las conversaciones confidenciales entre Estados Unidos y Cuba con vistas a la posible normalización d
Cuba. ¿Sus Leyes?
Prensa oficial, sedante del cambio

Ya nos acostumbramos a que el diario Granma, destaque en demasía una noticia y otras las omita. Claro que es el órgano de diario del gobernante y único partido comunista, su dueño y por tanto quien decide, qué y cómo se informa. Sin embargo, es difícil aceptar que estos medios sean utilizados para propagar la cultura del miedo y la represión.
Buscando información sobre la recepción de señales satelitales y las antenas, encontré en la Gaceta Oficial de la República, sitio de publicación de las leyes cubanas, una disposición del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros (CECM) y dos del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC) regulando el asunto. Las resoluciones número 98 y 99 del año 1995 y el Decreto No. 269 del año 2000.
Las normas consideran una contravención importar, fabricar vender instalar equipos, antenas accesorios y demás dispositivos receptores de de radiocomunicación espacial entre los que se incluye la señales televisivas, al igual que distribuirlas.
La normativa prevé multas administrativas de 1000 pesos para los ciudadanos y de 10 mil a 20 mil para las entidades. Sin embargo, varios artículos periodísticos de Granma, informaron a la ciudadanía que las multas eran de 10 a 20 mil pesos, sin especificar. Cifras que aplican Inspectores del MIC, a discreción, sea una persona o una empresa.
El más paradigmático de los trabajos de Granma, fue el trabajo titulado “Piratería de señales satelitales” de la periodista Lourdes Pérez Navarro, en agosto de 2006. La reportera expuso la forma en que se desarrollaba, dentro de la isla, el negocio ilegal de distribución de programas televisivos extranjeros, las normas nacionales que se transgredían y sus severos castigos.
Según la periodista los clientes del negocio de distribución de señales televisivas extranjeras reciben “espacios con una avalancha de propaganda comercial que muestra la apariencia del capitalismo, mensajes anticubanos y hasta pornografía”.
Incluso le dio un toque político-ideológico al asunto. “En el caso de Cuba, parte de la programación que se recibe por esa vía, es de contenido desestabilizador, injerencista, subversivo, y convoca, cada vez más, al realización de actividades terroristas”, comentó.
Tres años después, a través de esas señales televisivas enajenaste, los cubanos vieron como Amaury Pérez reconoció que en Cuba “no hay libertad para tener antena” y “…miles de justificaciones para no tener internet”.
Se imaginan a Pérez diciendo en la televisión cubana “Yo tengo una antena” como lo hizo en el programa “Al punto” de la cadena televisiva Univisión, durante su viaje a Miami en el último trimestre del 2009.
El cantautor reconoció haberla traído de México. “…la puse cuando era incluso de las más grandes, no tan chiquita, en esa época nadie tenía idea de lo de la antena, pero yo…la televisión para mí, es muy importante”, comentó. Amaury no dijo si tenía autorización para disfrutar del servicio, lo cierto es que en Cuba se vio gracias a la recepción ilegal de señales.
Pérez Navarro alegó que “la difusión de programas satelitales técnicamente conocido como sistema de distribución multipunto por microonda”, se autorizó como servicio de telecomunicaciones de carácter limitado.
En otras palabras, en Cuba solo puede distribuirlos empresas expresamente autorizada y disfrutarlo, las personas que el MIC de permiso, como usuario. La periodista también omitió que el servicio se codificaba y estaba destinado principalmente al turismo y al cuerpo diplomático.
Pérez Navarro, habitualmente cubre la sección “Cuestiones de Leyes”, en el diario Granma. en el reportaje también informó que la piratería señales “…transgrede regulaciones internacionales convenidas para su uso” y en su realización se comete “una cadena de delitos y contravenciones administrativas que encuentran severas condenas en diferentes legislaciones y normativas jurídicas”
Magistralmente expuso todos los delitos que intervenían en el caso. Comenzó por el contrabando, que prevé sanciones de hasta 3 años de cárcel y multas, entre 15 mil y 50 mil pesos. Según la reportera, turistas y cubanos residentes en el exterior, entraban al país receptores de señales y tarjetas, violando las disposiciones aduanales.
“Se ha detectado que otra manera de poseer antenas, ha sido la sustracción de tales equipos o sus accesorios a las personas autorizadas a contratar el servicio”, afirmó. En este supuesto, advirtió que se cometía el “delito de hurto o robo con fuerza” y otro de receptación, para quien los adquiría en el mercado ilegal.
Mencionó otros delitos: el de “actividades económicas ilícitas”, por prestar el servicio sin licencia, que se agrava cuando se utiliza materiales del mercado negro. El “Especulación o Acaparamiento”, por adquirir mercancía para la reventa y el de “Daños”, cuando se deshabilitan “postes eléctricos y telefónicos o se rompen los viales para pasar los cables”.
También advirtió que administrativamente existían “severas multas y decomiso para los transgresores”. “La difusión de programas satelitales se requiere una licencia otorgada por la agencia de control y supervisión del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones entidad que posee inspectores con plenas facultades para imponer multas y decomisar equipos cuando se detectan infracciones”
En su trabajo Citó textualmente la contravención prevista en el articulado del Decreto-Ley No 157 de 1995, otra de las normas que regulan el asunto, y que consigna que la cuantía de las multas a imponerse… será fijada por el ministro” de la Informática y las Comunicaciones. Sin embargo tergiverso la información cuando dio la cifra de la cuantía de las multas, según lo que establece las resoluciones 98 y 99 de ese Ministerio.
“Se le impondrá una multa de 10 mil a 20 mil pesos en moneda nacional o su equivalente al cambio oficial en moneda convertible a demás del decomiso administrativo como medida accesoria sin derecho a indemnización o pago alguno”, afirmo en su escrito Pérez Navarro.
Informó además que “de acuerdo con el Decreto Ley No. 99, los inspectores están facultados para elevar dicha multa hasta la mitad de la cuantía máxima (10 mil pesos más) por lo que podría llegar a imponerse sanciones pecuniarias de hasta 30 mil pesos”.
En forma de remate expresó: “Para alguno la distribución ilegal de programas de televisión satelital ha devenido en forma de enriquecimiento indebido, a ello se le aplica el decreto ley 149 de 1994 y son desposeído mediante confiscación de los cuantiosos bienes que no se corresponden con los ingresos percibidos y que no puedan justificar.
Pérez Navarro termino su reportaje expresando que “la labor de persuasión de las masas” era fundamental, “para erradicar esta práctica a la vez que apoyen a las autoridades encargadas de hacer cumplir las regulaciones a aquellos que con absoluta irresponsabilidad la violan la ley”
Confieso quede boquiabierta, con el reportaje de Pérez Navarro. Aquel despliegue normativo, no promovía la observancia de la ley, sino la cultura del miedo y la represión en los cubanos. No dedico ni una sola frase para denunciar al MIC y sus inspectores, por violar la legalidad y defraudar la ciudadanía. Sin mencionar que para hacer su trabajo violentan los domicilios de los ciudadanos, un derecho constitucional.
La prensa oficial saben que tienen poder para dictar lo que está bien o mal, qué ver, oír y leer, y a quien obedecer, a través de la difusión de la información. Sin embargo, no se atreve a cuestionar las políticas de exclusión y represión que instrumenta el gobierno, a través de su legalidad socialista, con el pueblo que se comprometió servir. En otras palabras, son el sedante del cambio.
Laritza Diversent
“Tengo la ilusión de que lo que va a pasar en Cuba no ha ocurrido jamás”
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