Historias de la Ciencia | La expedición de la Kon-Tiki.
La expedición de la Kon-Tiki
Hace años hice un viaje a Noruega donde supe de la existencia de Thor Heyerdahl, el autor del libro que hoy os presento. El guía dijo que era conocido en todo el mundo, menos en España. Y la verdad es que si lo conozco y he leído este libro es gracias a aquel viaje.
Thor Heyerdahl fue un explorador noruego que estudió Biología y Geografía en la Universidad de Oslo, especializándose en antropología de la Polinesia.
Cuando Jakob Roggeveen descubrió la isla de Pascua en 1722 se sorprendió al ver hombres blancos de entre los que salieron a recibirle a la playa. En la Polinesia, la historia se confundía con la religión. Siguió la pista de sus antepasados hasta Tiki, del que decían era hijo del Sol. Casi sin excepción en todas las islas, los hombres ilustrados podían enumerar el nombre de sus jefes hasta el primer desembarco y para memorizarlos utilizaban un complicado sistema de nudos hechos en cuerdas retorcidas. Todo esto no dejaría de ser una anécdota, salvo que los incas en el Perú lo hacían igual.
Thor Heyerdahl, fue profundizando en la cultura, mitología y lenguajes del Perú y descubrió que en una leyenda se hablaba del Rey-Sol Virakocha y que el nombre original era Kon-Tiki o Illa-Tiki que quería decir Sol-Tiki o Fuego-Tiki, extraordinariamente parecido a la Polinesia. Afirmaba que los monolitos hallados en la isla de Pascua se parecían mucho a los hallazgos encontrados en Sudamérica.
La conclusión que extrajo de todo esto es que, antiguamente, algunos habitantes del Perú se habían instalado en aquellas islas. Pero hay un pequeño problema: ambas zonas están separadas en la actualidad por unos 8.000 km de Océano Pacífico. ¿Era posible que hubiera habido algún tipo de puente o camino que hoy no existiera? Pues no. Los zoólogos dijeron que el estudio de insectos y caracoles encontrados en los Mares del Sur y en el Perú concluía que eran totalmente diferentes. Ambas zonas habían estado separadas durante toda la historia. ¿De dónde podían haber venido entonces los descendientes de esos hombres? ¿Podían venir acaso del Perú?

En aquella época sólo existían balsas. Entonces, ¿era posible atravesar en una balsa el Pacífico hasta llegar a la Polinesia?
Heyerdahl se propuso demostrar que sí. Para ello, tenía que construir una balsa y reclutar una serie de personas que no conocía ni se conocían de nada. Escogió gente de lo más curiosa. Uno de ellos, incluso, dejó su trabajo para embarcarse; otro de ellos sabía todo sobre transmisores, pues había estado enviando mensajes desde Noruega durante la guerra; en fin, todo personajes que hoy llamaríamos “frikis”.
Se instaló en el Hogar de los Marineros Noruegos y aprendió de ellos que el oleaje y la mar gruesa no aumentan ni con la profundidad ni con la distancia a la costa; que en alta mar los barcos tienden a cabecear, pero que los pequeños bailan libremente en las olas sucesivas como las gaviotas. Habló con marineros que habían salvado sus vidas en pequeños botes después de un naufragio.
Construyeron la balsa con madera de un árbol llamado precisamente “balsa”. Es una madera que crece en el Perú y que cuando se seca es más liviana que el corcho. Tomaron doce enormes troncos de balsa y los transportaron hasta el lugar donde debía construirse la balsa. Habló con el entonces presidente del Perú, José Luis Pablo Bustamante y Rivero, y le pidió permiso para construir su balsa dentro de la Estación Naval de su país.
Para su construcción utilizaron materiales de la época. No se utilizó ni un solo clavo o alambre y todo fue atado con cabos de cáñamo. No pusieron baranda y el estilo fue de la época a excepción de unos tablones rompeolas en proa que más tarde se demostraron completamente innecesarios. Los técnicos navales no podían creérselo, incluso un almirante les dijo que no tenían ninguna posibilidad. Le preguntaron si tenía parientes vivos y, para mayor ánimo, le hicieron firmar un papel conforme liberaba a la Marina de toda responsabilidad.

Con gente como ésta, las situaciones cómicas se dan en cualquier momento, y más cuando son sinceros. Al pasar por la oficina de pasaportes uno de los compañeros de Heyerdahl que había recogido los troncos de balsa y los había llevado por el río tuvo una de esas situaciones:
– ¿Cómo se llama?
- Bengt Emmerick Danielsson.
- ¿En qué barco llegó al Perú?
- Verá usted … yo no he venido en barco, sino en canoa.
- Y ¿en qué barco va a salir del Perú?
- Bueno, el caso es … No voy a salir del Perú en barco, sino en balsa.
- ¡Qué me va usted a contar! – gritó el empleado con cólera tirando la hoja de papel de la máquina – ¿Tiene la bondad de contestar correctamente a mis preguntas?
En 1947, Heyerdahl y cinco compañeros zarparon del Callao y se dispusieron a cruzar los 8.000 km de mar que separan América de la Polinesia. Una balsa no se puede gobernar, sino que está a merced del viento, así que tomaron la corriente de Humboldt. A partir de aquí, el libro narra las peripecias sucedidas durante todo el viaje y cómo la experiencia les enseñó cosas que no hubieran podido imaginar. Los que tengan espíritu aventurero o sean apasionados del mar harán sus delicias del relato.
Como siempre, la filosofía sale en estas situaciones:
El mar contiene muchas sorpresas para quien tiene el piso a nivel de superficie y va navegando lenta y silenciosamente. Un cazador que se abra camino a través de la maleza en la floresta, puede regresar y decir que no se ve ninguna pieza. Otro, en cambio, si se sienta a esperar en un tronco, es posible que pronto comience a oír rumores y crujidos de hojas y ramas, y a ver asomarse ojos curiosos. Así es también el mar. Generalmente lo cruzamos con rugientes motores y golpes de pistón, levantando olas de espuma con la proa. Luego regresamos diciendo que no hay nada que ver en el océano.
Y es que el mar es un maestro que puede enseñar muchas cosas. Las provisiones que habían guardado en cajas de cartón recubiertas de una gruesa capa de asfalto resistieron perfectamente, mientras que las modernas latas herméticamente selladas cedieron por infiltración del agua salada. Aunque, en realidad, las provisiones no hubieran hecho falta.
Uno de los problemas en alta mar, a priori, es conseguir comida. El propio mar les dio de comer: los peces voladores se estrellaban contra la balsa y caían en ella. A veces, incluso, llegaban a chocar con ellos (y se enfadaban porque no iban directamente a la sartén). O bien se los comían, o bien los utilizaban como cebo para capturar otros peces más grandes. De hecho, fue raro el día que no encontraron peces voladores u otras especies que quedaron encima de la balsa por un golpe de mar.
El otro problema era conseguir agua. A los dos meses de viaje el agua que habían cargado se les había vuelto rancia. Ese problema quedaba resuelto por la lluvia. En los días muy calurosos, añadían al agua de lluvia entre un 20% y un 40% de agua de mar; pues no es líquido lo que necesita el cuerpo, sino las sales que pierde a través de la transpiración. Se entregaba cada día un litro de agua a cada hombre. Por si no fuera suficiente, los antiguos navegantes ya sabían chupar la linfa del pescado para calmar la sed, cosa que muchos náufragos también habían redescubierto durante la Primera Guerra Mundial.
Tuvieron todo tipo de aventuras, desde el encuentro con un tiburón ballena hasta peces que parecían de aguas profundas. Despertaron a Bengt para enseñarle uno de ellos y dijo: “No; peces como ése no existen”, se giró y se volvió a dormir. Habían sido los primeros en ver un ejemplar vivo de Gempylus serpens (este mismo Bengt se dedicó a leer durante el viaje los 73 libros de sociología que llevó consigo).
Otra cosa que les sucedió es ver pulpitos a bordo. Resulta que chupaban el agua por un tubo situado a lo largo de su cuerpo y luego lo soltaban bruscamente hacia atrás dando saltos enormes y cayendo algunos de ellos en la balsa. Vieron muchos tiburones. Al principio, al avistar uno, todos se alejaban del borde e iban rápidamente a por los arpones poniéndose en guardia. Al final cogerlos por la cola se convirtió en deporte(!). Hasta les acabaron dando sobras y desperdicios de comida.
En una ocasión, un par de ellos se subieron a un bote de caucho (atado con un cabo) y pudieron ver la Kon-Tiki desde la distancia. Se empezaron a reír tanto que as lágrimas les caían por sus barbas. Parecía un granero de Noruega en medio del mar. Por momentos, la Kon-Tiki desaparecía entre el oleaje y de golpe reaparecía en la cresta de la ola. Entonces se dieron cuenta de lo frágiles que eran y les hizo reflexionar sobre la sensación de seguridad que tenían dentro de la caseta: un curioso efecto psicológico.
Algunas veces salíamos también en el botecillo de goma para vernos de noche. Se levantaban por todas partes olas negras como montañas de carbón y una centelleante miríada de estrellas tropicales arrancaba un desmayado reflejo del plancton en el agua. El mundo era simple: estrellas en la oscuridad. Que fuera el año 1947 antes o después de Cristo, pronto careció de significado alguno. Vivíamos y nos sentíamos vivir con vigilante intensidad. Nos dábamos cuenta que para los hombres anteriores a la época de la técnica, la vida también había sido plena e intensa; en realidad, más llena y más rica en muchos aspectos que la vida del hombre moderno. En cierta forma, el tiempo y la evolución habían cesado de existir; todo lo que hoy era real e importante, lo había sido antes y lo seguiría siendo después. Estábamos sumergidos en la absoluta medida común de la historia, oscuridad sin fin e interrumpida bajo un enjambre de estrellas.
Un detalle inesperado del que se dio cuenta es de que existen cocos en la Polinesia: ¿podrían haber ido flotando desde el Perú? La Kon-Tiki les dio la respuesta: los que iban bañados por las olas se habían estropeado; sin embargo, los que iban sin que penetrara el agua, se conservaban perfectamente, así que los cocos no podían viajar solos y flotando a través del mar.
Llevaron un equipo de radioaficionado a bordo. Una noche, la señal fue captada por uno de Los Ángeles que intentaba comunicarse con otro en Suecia. Preguntó qué clase de aparato tenían, quién era y dónde vivía. Es bastante increíble si te dicen que vives en una balsa en medio del Pacífico, ¿verdad? Al final, lograron convencerle dándole detalles. Los pusieron en contacto con el jefe del Servicio Meteorológico de los EEUU, pues de esos sitios no existían informes meteorológicos ni estadísticas. Contactaron también con otro que vivía en las afueras de Oslo, cosa que sorprende si se tiene en cuenta que era un transmisor de 13 MHz que no podía producir más de 6 vatios de potencia. Hasta hablaron con el rey Haakon al que felicitaron desde la balsa por su cumpleaños.
Como los negativos de las fotos que hacían se estaban revelando mal pidieron consejo a sus nuevos amigos. La señal fue captada por uno aficionado a Holliwood, quien telefoneó a un laboratorio y obtuvo la respuesta. Tenían que enfriarlos, cosa harto compleja en medio del Pacífico cerca del Ecuador; pero Herman era ingeniero especializado en refrigeración, así que el problema quedó resuelto.
Después de 101 días de aventura llegaron al Atolón de Raroia, en el Archipiélago de las Tuamotu. Un día, se estiraron los seis en la arena de una playa. Uno de ellos trepó a un cocotero y bebieron de los cocos que cogió. Bengt dijo:
- El purgatorio estaba un poco húmedo pero el cielo es más o menos como yo me lo había imaginado.
Los polinesios que se encontraron fueron de los más hospitalarios y les ofrecieron todo lo que tenían. El jefe quiso ver el barco en que habían llegado y al ver los troncos de la Kon-Tiki exclamó:
- ¡Eso no es un barco, sino una pae pae!
Pae pae es el nombre que en la isla de Pascua significa balsa o plataforma. A modo de recepción oficial, se reunieron y les cantaron … ¡la Marsellesa! Nuestros héroes pudieron salvar a un niño nativo enfermo gracias a que pudieron ponerse en contacto con un médico y explicarle los síntomas y los medicamentos que llevaban (que incluía penicilina). Lo curaron. Los polinesios les dieron a cada uno de ellos nombres de sus dioses del pasado.
Para finalizar, acabo con el párrafo con el que empieza este libro, que ha sido traducido a no menos de 66 idiomas, y que lo resume de un modo magistral:
A veces nos encontramos en situaciones raras, sin saber cómo. Nos metemos en ellas paso a paso y del modo más natural, hasta que de súbito, cuando ya estamos enzarzados, el corazón nos da un vuelco y nos preguntamos cómo diablos pudo ocurrir aquello.
(Notas añadidas posteriormente a la lectura del libro)
No sé si las teorías actuales coinciden con lo que nuestro héroe pensaba, pero demostró técnicamente su posibilidad. Sea como sea, lo que sí está claro es que incrementó el interés por la historia antigua. Hizo otros viajes de los que intentaré documentarme para comentaros en otras historias. En los años 90 se interesó en las pirámides de piedra de las islas Canarias, fijó su residencia en Tenerife y fue uno de los grandes impulsores del Parque etnográfico de las pirámides de Güímar, situado al sur de la isla, que se inauguró en 1998. Thor Heyerdahl murió en 2002 víctima de un cáncer a los 87 años. Un asteroide recibió su apellido.
En cierta ocasión dijo:
Si me hubieran preguntado a los 17 años de edad si viajaría en el mar en una balsa, hubiera negado absolutamente esa posibilidad. A esa edad, sufría de fobia al agua.
Puede que eso mismo pensara su nieto, Olav Heyerdahl, quien el año 2006 y con 28 años volvía a repetir la experiencia de su abuelo. Animado por su padre (Thor Heyerdahl Jr., biólogo marino y oceanógrafo) partió de nuevo el mismo día y también desde el Callao pero exactamente 59 años después. Esta vez el viaje duró 85 días y fue en una Kon-Tiki mejorada que tenía por nombre Tangaroa.

Tres días después de regresar a Noruega fue al Museo Kon-Tiki de Oslo a contemplar la balsa de su abuelo.
Una familia de lo más aventurera, sin duda.

Título: “La expedición de la Kon-Tiki”
Autor: Thor Heyerdahl
Otras opiniones sobre el libro:
http://www.grijalvo.com/articulos/k_heyerdahl_kon_tiki.htm
Un fragmento del libro:
http://www.elnavegante.com.mx/rev05/thor_heyerdahl.html
Más sobre Thor Heyerdahl:
http://www.playasperu.com/articulos/Heyerdahl.htm
http://www.turismoaventura.com/comunidad/contenidos/actualidad/act14.shtml
http://www.nuestromar.org/noticias/mar_calmo052006_del_peru_a_la_polinesia_en_balsa_y_por_un_sueno
http://www.terra.com/noticias/articulo/html/act473017.htm
Entrevista al hijo de Thor Heyerdahl (y padre de Olav)
http://www.enigmasperu.org/articulo.php?id=123